
En la última semana se pudieron apreciar distintas instancias del problema gravísimo que ha causado la pandemia en la educación tucumana, que se está resintiendo a niveles preocupantes en este segundo año de emergencia sanitaria. El martes anterior, padres de alumnos de escuelas de gestión privada reclamaron que la falta de educación presencial plena está afectando de modo notorio no sólo el aprendizaje sino la vida familiar. Hubo un grupo que incluso utilizó la inaceptable estrategia de reclamar con pancartas y con sus hijos en el domicilio del ministro de Educación. Otro grupo aclaró que no comparte esa forma de protestar, pero asumió la necesidad de que se vuelva a las clases con cien por ciento de presencialidad. Una inquietud similar expresaron los padres de estudiantes de las escuelas experimentales de la Universidad Nacional de Tucumán, quienes fueron recibidos por las autoridades, las cuales les dieron la promesa de que se estudiará el modo de hallar un plan de regreso a la presencialidad después de las vacaciones de medio año.
La pandemia generada por el coronavirus ha agravado los inconvenientes que tenía el sistema educativo, que se encuentra en una dura transición hacia los requerimientos y desafíos del nuevo siglo. Edificios escolares inadecuados, muchos con problemas de edilicios e imposibilitados de albergar en buenas condiciones sanitarias a los alumnos y docentes; programas de estudio que necesitan adecuación; educadores que requieren capacitación; problemas salariales y una Junta de Clasificación bajo cuestionamiento. Varios de estos problemas se pusieron en el tapete con la invitación al ministro de Educación a exponer ante la Cámara Legislativa hace dos meses, y todavía se espera un análisis de las respuestas y del material que el funcionario dejó para estudio de los legisladores.
Esos problemas, que venían de arrastre, se incrementaron con la pandemia. El confinamiento obligado y la suspensión de las clases puso contra las cuerdas a una sociedad que no tenía los suficientes ni los adecuados recursos tecnológicos para la educación virtual, y tampoco la mínima conectividad. Miles de estudiantes, sobre todo de la periferia y del interior, quedaron a la buena de Dios. Para ellos se han llevado a cabo programas de emergencia cuyo resultado por ahora no ha sido estudiado. En este sentido, las críticas del experto Alieto Guadagni en nuestra última edición de “Panorama Tucumano” han dado motivo para la reflexión sobre la forma en que se desarrolla el sistema educativo y sobre sus contenidos.
Al mismo tiempo, las consecuencias que este cambio obligado ha tenido en educadores y educandos han sido muy duras. Los primeros no han tenido pautas claras ni elementos adecuados para dar educación virtual. Los estudiantes, por su parte, han recibido conocimientos dictados de un modo diferente, cuya efectividad no ha sido medida. El reconocimiento del ministro de Educación nacional de que un millón de estudiantes “se ha caído” del sistema muestra los efectos de desgranamiento que ha tenido la pandemia.
La salida que se ha dado de presencialidad bimodal, por burbujas, alternada con clases virtuales, no ha tenido buenos resultados y en esta cuestión se centra el reclamo de los padres de alumnos, que han visto alterada su vida familiar, mezclada hasta niveles extremos con la actividad escolar de los alumnos en sus casas, además de que en los primeros niveles los chicos han perdido la necesaria socialización y no han tenido una devolución docente mínima.
No es cuestionable, por cierto, el temor de los docentes al contagio, puesto que aún no han sido vacunados en su totalidad y mucho menos con las dos dosis, además de que son muchos los establecimientos que no tienen la infraestructura adecuada. Precisamente en este aspecto debería estar centrada la preocupación de las autoridades, a fin de poder ofrecer un programa de regreso a la presencialidad con un esquema que garantice el cumplimiento de los protocolos sanitarios. Es muy atendible el argumento de los padres de que la Sociedad de Pediatría ha señalado que el riesgo de contagio en las escuelas es ínfimo.
Por otra parte, el compromiso que las autoridades de la UNT han dado a los padres de las escuelas experimentales ha sido, en este sentido, auspicioso. Deberían aprovecharse las vacaciones de julio para estudiar una forma de que el sistema completo pueda iniciar el regreso hacia la presencialidad plena.







