Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 02 Junio 2021

Las agujas del reloj se mueven mucho más rápido que lo normal. Los números sí importan. El Gobierno provincial quiere llegar al invierno con al menos 600.000 dosis de vacunas contra la Covid-19 puestas a los tucumanos. Según la evaluación epidemiológica, ese sería un número ideal para evitar una tercera ola de contagios y el recrudecimiento de la situación sanitaria en la provincia. Este fin de semana, los de vacunación trabajarán a full. El Ministerio de Salud Pública ha diseñado un esquema para la distribución de 50.000 vacunas en todo el territorio provincial. Así, la meta estaría más cerca, mientras el Gobierno nacional sigue gestionando más dosis en varios puntos del planeta.

La aceleración de los tiempos de gestión también se evidencian, pero el Poder Ejecutivo no ha mostrado empatía con la sociedad que, este fin de semana, esperó con expectativas los anuncios de la Casa de Gobierno respecto de la flexibilización de las medidas de restricción de circulación y de actividades. “No voy a tomar ninguna medida de apertura que implique un desborde en la atención de los hospitales, en la demanda de camas críticas y de respiradores”, dijo ese domingo por la noche el gobernador Juan Manzur, mientras su equipo de trabajo esperaba cerrar la resolución del Comité Operativo de Emergencia (COE) sobre cómo se desarrollarán las actividades entre el lunes que pasó y este viernes. El sábado anterior ya varios miembros del COE le habían anticipado al mandatario sus sugerencias. Manzur consultó a la Casa Rosada y desde Buenos Aires le transmitieron que recuerde que Tucumán es uno de los distritos considerados de alto riesgo epidemiológico. Al filo de ese domingo salió la polémica resolución y, al día siguiente, se escuchó una catarata de críticas contra la administración Manzur.

El gobernador venía de un domingo demasiado movido. Madres y alumnos de establecimientos de Yerba Buena se instalaron frente a la puerta de su residencia privada a reclamarle la presencialidad y no la virtualidad en las escuelas. ¿Pudo haberse evitado otro escenario de quejas a domicilio? A prima facie, la respuesta es afirmativa. Días antes circuló una “invitación” a la marcha contra el Gobierno en la casa del gobernador. ¿Acaso los ministros no pudieron convocar al diálogo y bajar los decibeles de la protesta? Otra: si los padres y madres se identificaron como vecinos de Yerba Buena, ¿no hubiera sido más conveniente que los ministros del Interior y de Educación y el intendente Mariano Campero citaran a una reunión a los principales referentes para escuchar sus planteos y evitar la exposición de niños en una movilización vespertina? ¿Por qué el Gobierno espera hasta último momento para anunciar las medidas sabiendo que hay incertidumbre entre la población que, al día siguiente, tiene que ir a trabajar sin importar si son esenciales o no esenciales? Tal vez las respuestas se encuentren en el estilo de conducción del propio Manzur, no ser tan confrontativo y esperar que el tiempo lo cure todo. Pero eso es ideal en tiempos de normalidad; no de pandemia.

Este fin de semana, además, el macrismo tomó de punto a Manzur. Desde el ex presidente Mauricio Macri, relatando algunas anécdotas en la mesa nocturna de un programa de TV, pasando por los dirigentes locales de Juntos por el Cambio hasta llegar a las propias huestes del Partido Justicialista. La Casa Rosada tomó nota y, en las mismas redes sociales, ha decidido apoyar al gobernador hasta el final, según comentan algunos funcionarios nacionales. El posteo del plan de vacunación de Tucumán estuvo en el centro de la escena de las cuentas del mismo Gobierno nacional y de varios de sus ministros. ¿Es casualidad que esto haya sucedido? En el Gobierno responden con ironía y con seriedad. “Macri debe estar viendo el futuro”, dice un colaborador de Manzur al opinar sobre el pase de facturas por TV del ex jefe de Estado. Ya más serios, en la sede de 25 de Mayo y San Martín ya están manejando algunas encuestas con cuatro escenarios posibles, mirando hacia las elecciones que se avecinan, pero preocupados por los efectos de la puja de poder con el vicegobernador Osvaldo Jaldo. En términos generales, esos sondeos estiman que el oficialismo tiene un piso de 40 puntos, pero que eso puede llegar a subir a 42,5% si es que se toma en cuenta al aparato partidario, pero sin tomar en cuenta el “efecto Jaldo”. Del mismo modo, los otros escenarios están dados por la dispersión que, hasta el momento, sigue teniendo la oposición, que no logra ponerse de acuerdo en una propuesta conjunta, más sí en posicionamientos personales. Manzur, agradecido con este escenario, tiene el terreno fértil para seguir jugando a las “internitas” con Jaldo. El vicegobernador, en tanto, aprovechó el fin de semana para defender a uno de sus dirigentes más cercanos: el intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros, cuya gestión estuvo asediada por investigaciones judiciales por haber flexibilizado las actividades comerciales en pleno confinamiento. Las miradas acusadoras apuntaron hacia la Casa de Gobierno. “Osvaldo está dispuesto a jugarse todo, en una pelea cuerpo a cuerpo con Manzur si es necesario”, afirman en el edificio de Muñecas al 900.

En tiempos de pandemia, hubo muy pocos gestos de acercamiento por parte de la clase política. Ninguno cede frente a tanta angustia social. Todo parece indicar que este 2021 marcará las horas de 2023. Pero todavía hay que transitar un trayecto bastante difícil, en un país que necesita normalidad sanitaria y encarrilar su economía. Esa debería ser la premisa colectiva.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios