Cómo reacciono ante los que no llevan barbijo

Algunos consejos para tratar con nuestros amigos o desconocidos, sin perder los estribos. Experiencias y el rol de la "buena comunicación".

Cómo reacciono ante los que no llevan barbijo
Por Guadalupe Norte 01 Junio 2021

Cansados, temperamentales y con una tolerancia del tamaño de un grano de sal... así es el perfil de cualquier tucumano que permanezca (pese a la pandemia) medianamente cuerdo. El cansancio que sentimos luego de tantas medidas restrictivas afectó nuestra asertividad y se nota. Sobre todo cuando vemos que alguien incumple los protocolos.

“Para evitar polémicas o hechos confrontativos mucha gente suele hacer la vista gorda, pero actuar de esta forma es contraproducente. Primero, porque si existe una responsabilidad personal y social que nos habilita a intervenir. Y después porque estas experiencias funcionan en nuestra mente a modo de espejo asociativo. Es decir, alimentan los pensamientos del 'no pasa nada', 'si él puede, yo también'”, comenta la psicóloga Guillermina Saleme.

En este ciclo terminamos por justificar nuestros propios descuidos con referencias ajenas. Además -al quedarnos callados- vamos acumulando enfado hasta volvernos reactores nucleares. Y, con el detalle más insignificante, explotamos.

Para la coach ontológica Gabriela Latina esta hipersensibilidad es propia de la pandemia y pone sobre la alfombra tres emociones: la tristeza, el miedo y el enojo. “El miedo aparece cuando enfrento una amenaza (en este caso el virus) y me invita a aumentar mis recursos para protegerme. Por eso, cuando siento que alguien transgrede los protocolos sanitarios me enojo. Este estado invita a reclamar y es positivo solo cuando apunta al reclamo efectivo”, afirma.

La clave es deshacernos de las quejas ciegas y las generalizaciones. En su lugar hay que apuntar a los argumentos objetivos sobre por qué es malo no sanitizar nuestras manos ni desinfectar los lugares comunes.

“En una situación que compromete el cuidado de mi salud está bien expresar mi enojo ante la transgresión, pero hay que comunicarnos de una manera amable y no mezclar el hecho puntual con otros enfados que ya traigo. Se puede mostrar la transgresión y sus consecuencias sin ir al ataque personal”, agrega la directora del Instituto de neuro coaching consciente.

Bares y comercios

Cuando las cafeterías y los restaurantes aún estaban habilitados seguro hallaste alguna vez mesas muy próximas o clientes antiburbujas.

“En negocios privados lo mejor es recurrir a figuras de autoridad (sea un encargado general, empleado de seguridad, recepcionista o mozo) para que regulen el orden y las medidas de cuidado. Esto le otorga un mayor grado de importancia al mensaje porque el pedido se transmite desde lo institucional y los espacios se reservan el derecho de admisión y permanencia”, sugiere Saleme.

De fallar, Latina recomienda ejercer nuestra la libertad individual y retirarnos nosotros.

“Hace unos días fui a una confitería. Dentro éramos cuatro personas y a los pocos minutos se sumó a la fila un señor mayor sin barbijo. Todos lo miramos con incomodidad y él grito: 'que macana, me olvidé el cubreboca en el auto. Por suerte somos pocos'. Delante suyo un adolescente le contestó 'por suerte su vehículo queda igual de cerca para ir a buscarlo y volver'”, recuerda la estudiante Fernanda Lagos.

Ante el feedback, el cliente criticó la falta de respeto de las nuevas generaciones. “En muchos casos lo que frena la eficacia de los protocolos es  la falta de culpa y el ego. Por ejemplo, pensemos en cuando protestamos por la cantidad de gente que circula en el microcentro. Decimos que los otros son unos irresponsables con cero autorreflexión, dado que también nosotros estábamos ahí revisando ofertas de ropa o accesorios para celular”, contrasta la joven.

Redes sociales

Desde que inició la pandemia las redes sociales han sido un catalizador de fake news o escraches.

“Bastante gente ha cortado lazos afectivos luego de ver en Instagram stories de sus allegados en eventos clandestinos. Al pensar en famosos, influencers o perfiles antivacunas, la misma situación lleva a que muchos cibernautas pidan censurar contenidos o bloquear usuarios. Sumarse a esa movida prohibitiva es condensar nuestras emociones negativas en el lugar equivocado”, indica Saleme.

El motivo es que nos victimizamos y proyectamos la imagen del autosacrificio en comparación a las experiencias que exhiben los famosos o estrellas con el dinero suficiente para pasar la cuarentena en un penthouse.

Para complementar la idea, la psicóloga sostiene que un comentario agresivo no suma a las campañas de sensibilización. “Con la cantidad de cuentas que existen la solución rápida es tan solo filtrar contactos y desvincular los posteos que vayan contra nuestros ideales a través de los hashtags”, propone.

En vehículos

La disputa por los taxis en condiciones es un tema histórico. Con el agregado del coronavirus, las críticas ahora se enfocan en el uso de divisores.

La anécdota de Luz María Chocobar es una de las tantas escenas que quedan retratadas cada semana. “Recuerdo que junto a tres amigas nos subimos a un taxi para ir a un asado familiar. El auto que paramos no tenía protector y el chofer se la pasó sonando su nariz. Él pidió perdón porque tenía alergia por su barbijo, pero una compañera lo increpó ante la falta de recaudos”, rememora la maestra jardinera.

En respuesta el chofer rió. “Él contestó que el riesgo también era alto porque subimos apretujadas en el mismo auto, justo durante un pico de contagios y con el propósito de festejar una recibida. En efecto, ambas partes teníamos razón”, reflexiona.

“Se supone que los taxis deben llevar necesariamente separadores sanitarios. Las disposiciones sanitarias y los derechos del consumidor nos avalan a exigirlos igual que antes ocurría con el estado general del auto”, aclara la operadora de radio taxi Solana Ruiz Nuovo.

Al notar la ausencia de estos dispositivos de PVC cristal, la recomendación es simple: sólo bajarse y tomar el siguiente vehículo. “Al tratarse de citas previstas de antemano es preferible contratar un servicio de transporte particular. En los viajes programados la frecuencia de clientes es menor y hay un diferencial importante en la limpieza de una unidad”, acota Ruiz Nuovo.

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