OBRA FLAMANTE. El mural creado por Cabaio ya se ve en The Bushwick.

Era diciembre de 2001. La sociedad argentina explotó de 1.000 maneras distintas y una de ellas fue expresándose en las calles tanto con manifestaciones como en formato artístico. Heredera del malestar y sinónimo del descontento, en la Capital Federal apareció el colectivo Vómito Attack, que usó paredes y espacios callejeros como lienzos de sus grafittis coléricos.
Las críticas a la clase política, los cuestionamientos a la sociedad del consumo y el artivismo (acrónimo que combina las palabras activista y artista, para identificar el uso del arte como soporte a planteos y reclamos) fueron apaciguándose en el ánimo de uno de los integrantes de ese grupo. Santiago Spirito se distanció del movimiento en 2007, para iniciar su propio proyecto independiente e individual, bajo el nombre artístico Cabaio. Su técnica sigue siendo el esténcil, con el que combina mensajes, imágenes y formas geométricas, pero su obra mutó en el discurso rumbo a una visión más apolítica. En ese tránsito sumó el collage en sus creaciones, que junto a elementos figurativos y a la caligrafía le permitieron usar distintas capas de significado y de color.
Esto le permitió ganar territorios y ahora es posible verlo en espacios institucionales como el Centro Cultural Recoleta, la Bombonera de Boca Juniors, el Teatro de Buenos Aires, estaciones del subterráneo porteño y numerosos bares y restaurantes. Al mismo tiempo se intercionalizó: San Pablo, Ciudad de México, Valencia y Barcelona, entre otras ciudades, tienen ya su sello y su nuevo destino urbano fue uno de los barrios de mayor crecimiento de Nueva York: The Bushwick, en Brooklyn, convocado por artistas estadounidenses que todos los años realizan un evento que combina el graffiti, el arte callejero, la música y demás expresiones culturales.
“Estoy feliz de representar el arte urbano argentino en una ciudad cosmopolita como Nueva York y compartir el espacio junto a otros artistas internacionales. En The Bushwick busqué representar lo que ciertas ciudades quieren esconder: inmigrantes, desplazados, refugiados. Por eso combiné diferentes rostros que reflejan las comunidades excluidas, con texturas de la ciudad”, explica Cabaio sobre su flamante obra.







