
COMPILACIÓN
Papé Satan Alepe
Umberto Eco
(La nave de Teseo - Genova)
Cuando su nieto le preguntó porque dejaba una importante editorial para fundar una mucho más pequeña que nadie conocía e invirtiendo mucho dinero (dos millones de euros), el abuelo le respondió: “Porque es necesario”. El abuelo era nadie menos que Umberto Eco.
Algunos meses antes de su muerte Eco había tomado la decisión de abandonar la importante editorial Rizzoli que estaba por incorporarse a la editorial Mondadori, de Silvio Berlusconi.
Esta concentración comercial enorme, para Eco, significaba que resultaría más difícil, para los escritores desconocidos, publicar. El credo más importante sería el lucro y no el amor por la literatura y el descubrimiento de nuevos talentos.
Así nació La Nave de Teseo, nueva editorial en la que confluyeron muchos escritores de distinta procedencia. El 27 de febrero de este año publicó el último libro de Eco: Papé satan aleppe, crónica de una sociedad lìquida que, en menos de veinte días vendió 75.000 copias.
Eco amaba “Hellzapoppin”, película del 1941 que es un conjunto de situaciones aparentemente imposibles que devienen lo contrario gracias al hecho banal -y al mismo tiempo, genial- de que alguien cambia los rollos del film. Esto produce que, en un determinado momento de esta película musical,… ¡Llegan indígenas protagonistas de un western!
En El Péndulo de Foucault Eco cita “Hellzapoppin” y en su última publicación hay una alusión, no sé si involuntaria, a esta película.
El insondable verso dantesco, “Papé satan aleppe” anuncia, en efecto, la crónica de una sociedad líquida según la célebre definición de Bauman. ¿Y qué hay de más “líquido”, insustancial, que un film en el cual suceden cosas sin sentido lógico entre una escena y otra?
Los textos del último libro de Eco provienen de una columna que el autor ha escrito durante 15 años en el semanal L’Espresso llamada “La cajita de Minerva”. Tal título hace referencia a una confección de fósforos italianos que poseía dos superficies blancas aptas para tomar apresurados apuntes. Se trata de 15 años de artículos que configuran una suerte de fenomenología del presente. Eco solía tomar como referencia hechos policiales, discusiones o tendencias del momento. El autor entraba en el tema, lo explicaba, razonaba sobre ello, pero siempre con el estilo coloquial de la conversación con un amigo. Luego insertaba una observación particular que solía develar un lado inesperado de la cuestión. Por ejemplo: entra en internet y descubre que los sitios dedicados a la religión son muy numerosos con millones de contactos pero los que priman sobre todos los sitios son los pornográficos. ¿Qué hace Eco?: Mira y concentra la atención sobre la boca de las protagonistas de estos films porno y descubre que… ¡No tienen dinero para ir a un buen dentista a fin de reparar sus dentaduras, como sí lo harían las estrellas de Hollywood, pagadas por sus productores!
Deduce que el “mundo porno” pertenece a un sector muy artesanal que suele ilusionar a jóvenes necesitadas pero que, en su gran mayoría, no las enriquece. Entonces cambia la escena y ahora Eco nos habla de publicidad y de los productores que hacen publicidad a sus productos. El tema es siempre: “¿Ser o parecer?”
Eco es un fenomenólogo del presente pero que no deja jamás de ser un gran erudito, un filósofo, un coleccionista incansable de libros antiguos y, con alegría, un profesor que no perdía nunca la ironía.
Muchos recuerdan que, luego de cenar y de eruditas disquisiciones y bromas compartidas, decía: “Ah!... y además está ese pequeño problemita de la muerte.”
Cristiana Zanetto
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