Rugby: una “burbuja” sin pandemia - LA GACETA Tucumán

Rugby: una “burbuja” sin pandemia

19 May 2021

A diferencia de la pintoresca Stellenbosch (donde se hospedaron en 2010), lo único bueno que tenía Potchefstroom para ofrecer era el Instituto de Alto Rendimiento de la Universidad del Noroeste, un complejo deportivo de primerísimo nivel que había alojado a España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica, un año antes. “Ellos habían sido campeones del mundo, así que parece que había una buena energía en ese lugar”, apunta Benjamín Macome.

Las instalaciones eran espectaculares, pero fuera de ellas no había mucho para hacer ni era muy conveniente salir. “Era un lugar peligroso, por eso si salíamos teníamos que andar con guardias que nos acompañaran”, cuenta el entrenador Daniel Hourcade.

“Había un centrito de dos o tres cuadras, con un par de restaurantes. Por ahí salíamos a comer como para despejarnos un poco, pero el resto del tiempo lo pasábamos adentro. Nos entrenábamos, comíamos, dormíamos, todo dentro del complejo. Era como una burbuja, que por momento se hacía pesada”, describe Julio Farías.

Precisamente, Hourcade encuentra un paralelismo bastante marcado entre esa experiencia y las “burbujas” sanitarias que contuvieron a los planteles durante la Superliga Americana que finalizó este sábado. “Es complicado. Con entrenamientos, gimnasio y alguna charla de análisis de video, tenés a lo sumo tres o cuatro horas por día. ¿Qué hacés el resto del tiempo? Había que darse maña para tener algo que hacer”, advierte.

Entre las actividades para matar el tiempo, estaba la “Cocina Pampa”. “Los martes a la noche pedíamos prestada la cocina del complejo y algunos jugadores cocinaban en diferentes grupos. Era un lindo momento”, relata Macome. Los jueves a la noche eran las funciones del “Cine Pampa”, con entrada y todo. “Todos tenían sus computadoras y podían ver lo que quisieran, pero la idea era compartir y pasarla bien”, explica Hourcade.

Ping pong, Playstation y truco entre cafés eran otras formas de gastar las horas. Aunque hubo una más extrema, que relata Roberto Tejerizo: “a Nahuel Tetaz Chaparro le gustaban mucho los autos, así que a la noche, cuando ya no había nadie en la calle, con ‘Santi’ Guzmán y el utilero lo acompañábamos a alquilar autos y nos poníamos a acelerar y hacer coleadas. Es que en un momento ya no sabíamos qué hacer, pero creo que eso terminó siendo fundamental para unirnos a todos. Yo casi no jugué, pero los que nos quedábamos afuera, en los partidos estábamos al costado de la cancha apoyando como hinchas a los gritos”.

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