Para un peronista, nada peor que otro peronista - LA GACETA Tucumán

Para un peronista, nada peor que otro peronista

16 May 2021 Por Juan Manuel Asis
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Si para un peronista no puede ni debe haber nada mejor que otro peronista, según reza la sexta verdad del PJ, entonces Manzur y Jaldo, en algún momento -si lo son-, deberían retomar el diálogo para tranquilidad de los compañeros tucumanos, y de paso para hacerle caso al general. Sin embargo, la estrategia de fondo de cada sector interno -al impulso de los más fanatizados de ambos lados- es negarle rasgos peronistas al otro, o por lo menos a algunos de los principales colaboradores de los líderes; así difícilmente podrán germinar acuerdos entre el manzurismo y el jaldismo para avanzar en acciones conjuntas institucionales, políticas o electorales. Veamos ejemplos. Desde una vereda acusan al adversario de no someterse al “abc” del peronismo: que quien gobierna conduce al espacio y preside el PJ; que es lo mismo que negarle la condición de peronista por desconocer la básica premisa partidaria. O también exponerlo como un traidor que, por lo tanto, no merece permanecer en el espacio. Desde la otra apuntan a los que en 2015 jugaron con Cambiemos en contra del PJ -no estuvieron en la plaza Yrigoyen sino tirando piedras contra la Casa de Gobierno, dicen- y que ahora resulan ser aliados del gobernador. Los traidores del pasado.

Lealtad y traición, dos conceptos que signan al peronismo y que definen a sus integrantes según las miradas internas; pero, leales a quién o traidores a quién. En la forma que han elegido dirimir el liderazgo -no reconocerle “peronismo” al otro- se halla el principal motivo del ahondamiento de la grieta interna. Sin embargo, los contrincantes se definen peronistas de alma. Y no precisamente porque lo sean, sino porque saben que el candidato a gobernador que surja del PJ tiene grandes chances de imponerse en los comicios, atendiendo a los datos históricos desde el 83 a la fecha. Manzur debe elegir al suyo -los manzuristas se miran, se codean y se miden trajes- mientras que el jaldismo ya ha nominado al propio.

Para sacar de la lucha al otro han elegido el camino de tratar de desperonizar al rival, de despojarlo de los rasgos justicialistas frente a los simpatizantes y militantes. En ese marco vale preguntar: ¿cómo ejercen el peronismo el gobernador y el vice en su disputa por liderar el espacio oficialista, cómo lo ponen en práctica? Manzur lo hace recostándose en la dirigencia institucionalizada y Jaldo acudiendo a los acoplados. Más aún: el titular del Ejecutivo renegando de la conducción bicéfala y el presidente de la Legislatura arguyendo que el turno que viene le pertenece.

Los institucionales, por decirlo de alguna manera, son los intendentes, los comisionados rurales y los dirigentes partidarios que ocupan cargos públicos; los acoplados serían los legisladores y los concejales, aquellos que se postulan por diferentes partidos políticos y que se sostienen en base a su trabajo territorial. Son los que le suman adhesiones a los ejecutivos, los que llegan a ocupar una banca, los que arañan los cargos o los que aportan algunos votos cuantos votos a la fórmula principal. Es una forma elemental de analizar la situación, pero es la que explica el modo de actuar de un lado y del otro. Manzur copa el consejo del PJ con los institucionalizados, reúne a legisladores afines y a jefes municipales y comunales -dependientes de los recursos del Estado- para mostrar que es el conductor natural del peronismo en la provincia. Además cuenta con el inestimable respaldo de funcionarios del Gobierno nacional que no dudan en desfilar por Tucumán para reafirmar que es el líder de estos lares.

Tremenda muestra de aval político haría dudar a cualquiera de aventurarse a pelear por un lugarcito expectante en el justicialismo. Menos, encima, cuando Wado de Pedro afirma que Cristina se reunió con el gobernador y que lo respaldó en sus propósitos. Con Albertistas y la propia jefa política del oficialismo nacional detrás del gobernador ya es demasiado como para atreverse a desafiar al manzurismo.

Ahora bien, ¿Manzur necesita que autoridades nacionales de primera línea tengan que venir a decir que él es el que manda en Tucumán, cuando es el gobernador y es quien preside el PJ, que son casualmente los principales atributos que exige el verticalismo peronista para que nadie dude de quién conduce? No le hace falta, pero curiosamente sucede. Tranquilamente se podría preguntar si el amotinado Jaldo preocupa tanto como para que figuras de relieve nacional tengan que bajar a recordarle quién es el que manda, o debe mandar por aquí. ¿Fortaleza de quién, debilidad de quién?

El Presidente le debe un gran favor político al mandatario tucumano por la labor que este realizó para que se convirtiera en jefe de Estado; y podría venir por estos pagos a saldar la deuda y levantarle el brazo a Manzur, como lo han hecho miembros de su gabinete. Que Alberto Fernández acuda presto a un llamado del gobernador no es inimaginable, menos que entrone a Manzur como el único conductor del peronismo tucumano. Ahora bien, lo que sí es inimaginable es que el Presidente venga a obligar a los ahora enemistados a sentarse a fumar la pipa de la paz, porque igualaría en estatus político a ambos, y ambos no se sienten precisamente iguales.

Un gesto así no favorecería las pretensiones del gobernador, que quiere ver arrodillado al tranqueño, aunque tal posibilidad no le disgustaría al vicegobernador. En el entorno de este se dijo esta semana que cada vez que viene un funcionario, alguien se cruza para nuestras filas. Si Alberto realmente condujera al PJ los obligaría a dialogar, o por lo menos no se inmiscuiría en la interna favoreciendo a un sector, según lo que aconseja el manual de conducción partidario. Debo ser el padre de todos; decía el jefe del movimiento para no bajar al barro del internismo, pero principalmente para cobijarlos a todos y evitar fugas. Que se peleen adentro. O se multipliquen. Sin embargo, los integrantes del gabinete nacional han dejado un mensaje político claro de apoyo al gobernador; como para que lo entiendan Jaldo y los jaldistas: deben subordinarse.

Hasta ahora no es precisamente lo que vienen haciendo desde la Legislatura; mostraron que desde ese reducto dan pelea, como se dijo, sumando acoplados. Que no son otros más que los funcionarios famaillenses, o los concejales de esa ciudad, o ediles taficeños y de otros municipios; o los legisladores jaldistas. Todos han salido por acoples de las fórmulas ejecutivas y, por lo tanto, son dirigentes que han puesto la cara ante los vecinos.

Diferencia de metodología de acción política que al vicegobernador le sirvió para dar golpes de efecto, o para exponer que el jaldismo existe como una corriente de opinión interna dispuesta a dar pelea por quedarse con el peronismo en algún momento. Momento que no parece que se dé en las PASO; el tranqueño aguarda que no dejen afuera de la lista oficialista a algunos de los suyos, algo que no parece que el manzurismo vaya a soportar. Para la Casa de Gobierno, el vicegobernador es un opositor más, no es un compañero. Y con el nivel de discordia es improbable que el gobernador acepte -por ejemplo- que la esposa del jaldista Darío Monteros, Gladys Medina, vaya por la reelección.

Menos ahora que tiene el respaldo nacional de todo el albertismo y de Cristina, según reveló el ministro del Interior. Y porque su compañero de binomio, además, arrastró al ministro de Educación a una interpelación indeseada en el marco de la puja interpoderes. Ningún oficialismo quiere que sus ministros vayan a una interpelación, dijo un manzurista en la sesión del jueves para dejar en claro que se cruzó una línea prohibida. Aunque sea verdad la afirmación, flaco favor le hizo a la transparencia y a la propia honestidad de la gestión gubernamental.

Retomando, darle un lugar al jaldismo en la boleta sería reconocer lo que ahora se le niega: que es oficialista y peronista, o que su espacio es lo suficientemente representativo como para otorgarle un lugar en la nómina. ¿Es factible que pueda ocurrir finalmente? De ambos lados afirman que no hay retorno, que la enemistad es manifiesta y que es imposible un acercamiento. Sin embargo, entre políticos, y especialmente entre peronistas, ninguna alternativa es descabellada. Nada se puede descartar.

¿Cómo podría suceder tal cosa? Principalmente, reconociéndose como peronistas, pero como dos expresiones internas del PJ que en un par de años podrían enfrentarse en una elección partidaria para dirimir liderazgos; y que en este año electoral deberían aliarse, tapándose las narices, para juntar votos para Alberto y para Cristina. Por ahora eso es improbable, porque cada uno quiere mellar al otro, para que, precisamente, esa eventual contienda a futuro no se produzca.

Años atrás, el peronismo tucumano supo de épicos enfrentamientos entre dos corrientes poderosas; los que peinan canas recordarán a los renovadores naranjas con Miguel Nazur a la cabeza disputando contra José Domato, el referente de Fernando Riera -en los ochenta-; o la reñida elección entre Ricardo Díaz y Renzo Cirnigliaro en 1988 -“el caminante” se quedó con el consejo provincial y el ex ministro de Economía de “Don Fernando” con el congreso-; o la de 1996 donde Olijela Rivas se impuso al mirandismo por escaso margen. O la contienda de dos años después, en la que Julio Miranda ganó la presidencia del PJ al olijelista Julio Díaz Lozano. Miranda luego llegó a la gobernación en 1999, en la recordada elección donde había admitido su derrota y su adversario de FR, Ricardo Bussi, por el contrario, se fue a dormir pensando que había ganado. O como la de Fernando Juri contra Beatriz Rojkés en 2007.

¿Se puede pensar que manzurismo y jaldismo puedan repetir en el futuro aquellas tremendas batallas internas en el PJ? Tendrían que dejar de desperonizarse mutuamente y aceptarse como líneas internas, algo que aún no barajan como alternativa. Por ahora, esa disputa en las urnas pinta imposible porque, como se dijo, no se admiten como compañeros; menos en igualdad de condiciones para enfrentarse. Cosas de peronistas que han invertido la sexta verdad del partido por ambiciones personales.

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