¿Crack o estafador? Simulaba lesiones y pasó 20 años casi sin jugar partidos oficiales - LA GACETA Tucumán

¿Crack o estafador? Simulaba lesiones y pasó 20 años casi sin jugar partidos oficiales

El brasileño Carlos Henrique Raposo integró una decena de equipos gracias a sus artimañas para promocionarse.

13 May 2021
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Carlos Henrique Raposo. FOTO TOMADA DE IPROFESIONAL.COM

En los años 80, sin internet ni base de estadísticas que puedan respaldar una carrera deportiva, el brasileño Carlos Henrique Raposo aprovechó al máximo las ventajas de la época para convertirse en futbolista profesional. Lo curioso es que, en casi dos décadas, pasó por una decena de clubes sin siquiera registrar un partido oficial. 

Nacido en 1963, jamás fue un amante del juego, pero sí del dinero fácil y, sobre todo, de la noche. Fue ahí en donde conoció a Mauricio De Oliveira Anastácio, que en ese momento jugaba en Botafogo, de Río de Janeiro. Se hicieron amigos y, entre los dos, armaron un plan perfecto: convertir a Raposo en profesional, pero del engaño.

Arrancó su carrera en 1986, a los 23 años, sin haber tocado nunca una pelota. Pero en su CV inventó una historia junto al Independiente campeón de América y de la Intercontinental, en 1984. Claro, en el "Rojo", el marcador de punta izquierdo era Carlos Enrique, sin "H", algo difícil de chequear en una época en la que los diarios demoraban días en publicar noticias.

Hace unos años, Raposo confesó a los medios brasileños su estrategia infalible. "Iba a los entrenamientos y a los pocos minutos de ejercicios me tocaba el muslo o la pantorrilla y pedía ir a la enfermería. Durante 20 días estaba lesionado. En esa época no existía la resonancia magnética", explicó el apodado "Kaiser".

Gracias a sus contactos, casi todos estrellas del fútbol brasileño a los que conoció con una caipirinha en la mano y no con una pelota debajo de la suela, Raposo abrochó contratos con Botafogo, Flamengo, Fluminense, América FC y Bangu, sólo en Brasil. En Estados Unidos se llevó los dólares de El Paso Patriots, mientras que en México fichó para Puebla FC y en Francia para Ajaccio. 

Para muchos, Raposo es un estafador del fútbol mientras que para otros, varios con pasado en San Martín y en Atlético, sencillamente es un pionero; un crack. Un talentoso (de la noche) incomprendido en los terrenos de juego y reconvertido en un Dios pagano de un ejército de jugadores que, luego de ver la luz al final del túnel, comenzaron a emular sus pasos: firma y enfermería, la combinación perfecta para cumplir el sueño de ser un profesional.

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