Álvaro José Aurane
Por Álvaro José Aurane 09 Abril 2021

Un insecto que aletea en las islas Molucas, en Indonesia, puede desatar un huracán sobre el golfo de México. Esta es, en una metáfora reduccionista, la expresión del “Efecto Mariposa”, indisolublemente ligado a la teoría del caos. La formulación climatológica se debe a que el matemático Edward Lorenz tomó el tiempo atmosférico como el ejemplo paradigmático de lo impredecible. La noción consiste en que en sistemas complejos y caóticos como el universo cualquier cambio puede conducir a consecuencias impensadas. Es decir, el no determinismo.

Una mirada sobre Tucumán arroja similitudes con el “Efecto Mariposa”. En los órdenes más diversos.

La lluvia centralista

Se reforma la Constitución Nacional en 1994 y los colectivos dejan de circular desde 2020 en Tucumán. La nueva Carta Magna eliminó el Colegio Electoral, que atemperaba el desequilibrio de una federación donde medio país vive en una provincia. Eso se debía a que Buenos Aires se encuentra subrepresentada en el Congreso y, paralelamente, en el Colegio Electoral a cada provincia le correspondía el doble de sus diputados. Así, los bonaerenses sentaban al 35% de los electores presidenciales. Era un distrito clave, pero no monopólico.

Para decirlo con ejemplos, Raúl Alfonsín era un bonaerense con un vicepresidente cordobés: Víctor Martínez. Y Carlos Menem era un riojano con bonaerenses en la fórmula: Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf. Pero con el establecimiento del voto indirecto, la mitad de los sufragios se aglutinan en la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires. De allí que, en la última década, la presidencia y la vicepresidencia quedaran en manos de dos porteños (Mauricio Macri y Gabriela Michetti); o de un porteño y una bonaerense (Alberto Fernández y Cristina Fernández). Y de allí, obviamente, que el 86% de los subsidios al transporte público de pasajeros se reparta en el AMBA.

Entonces, los empresarios tucumanos del transporte declaran que ni con los subsidios actuales alcanza para pagar los sueldos y el sindicato (la UTA), coherentemente, anuncia que si no abonan los salarios hay huelga.

En Buenos Aires aletea la falta de federalismo y en el interior llueve pobreza.

El diluvio de la extorsión

La otra cara del cospel es que cuando en los sucesivos gobiernos aletea el déficit de políticas de largo plazo, sobre Tucumán diluvian extorsiones.

Que a estas alturas los concesionarios de un servicio público esencial planteen la opción “que pague el Gobierno o que los tucumanos queden de a pie” es doblemente inaudito. En primer lugar, porque desnuda al Estado en su impotencia. Y en su impericia para proyectar un nuevo sistema que reemplace al fracasado esquema actual. Así debe dar gusto montar emprendimientos y al rato pedir que el erario se haga cargo de garantizar la rentabilidad porque de lo contrario se baja la persiana y no hay más prestación. Ni empleo. En segundo término, es inaudito justamente porque a esa extorsión la vivió largamente la provincia con los ingenios azucareros. Y si bien el pueblo ya sabe cómo le fue a la industria, lo que parecen ignorar sus representantes es cómo le fue al pueblo.

La salud tormentosa

Si en el tango “el que no llora no mama”, en esta provincia el que no extorsiona pareciera quedar como un gil.

La capital presenció el miércoles de una de las marchas más trascendentes de los últimos tiempos: el gremio más gravitante de los trabajadores de la salud, el Sitas, marchó con guardapolvos vacíos que llevaban inscriptos los nombres de las decenas de servidores del Siprosa que dieron su vida a cambio de salvar las de los tucumanos infectados con Covid-19. Los hombres y las mujeres de casacas blancas repudian que, mientras el poder político los declara esenciales, les pagan como si fueran accesorios. Fue del 42% la inflación de 2020 y a ellos les ofrecen un 30% de aumento salarial. Aun así, esos mal pagados profesionales de la salud pública no dejan “a pata” a los tucumanos. Entonces, ¿no habrá mejoras para ellos?

De paso, el común de los tucumanos, ¿qué hace? ¿Mirará al costado? ¿Cuál es el diagnóstico para una sociedad que clama para sí políticas de Estado en salud, pero no le importa la carencia de políticas de Estado para la integridad de quienes hacen posible el sistema sanitario? Aplaudir en los vacunatorios, pero dejar en soledad a los trabajadores de la salud frente al reclamo de un salario digno frente a tanto esfuerzo, también es pandemia.

El ciclón de los divertidos

¿Por qué debiera importarles a los gobernantes el largo plazo si tampoco les interesa a los gobernados? La segunda ola de la pandemia azota, ayudada por buena parte de una ciudadanía predispuesta a violar prevenciones y protocolos. La explosión de casos en Tucumán no se debe a que hubo que elegir entre “trabajar y ganar el sustento, pero enfermarse” o “no trabajar y estar sanos, pero no comer”. Son las fiestas clandestinas las que alentaron esta nueva masacre biológica. A ellas les apuntan las autoridades desde Yerba Buena hasta Alberdi.

En la década de 1990, mirando los estragos que producían las adicciones a las drogas, al alcohol, al tabaco, a la comida chatarra y a los productos de la industria del entretenimiento, el sociólogo Neil Postman lanzó una advertencia: “En los EEUU se están divirtiendo hasta morir”.

Dudoso triunfo del “antiimperialismo” es aquel que rechaza sus excesos, pero abraza sus miserias.

El granizo de la interna

Aletea la falta de interés ciudadano por las políticas sanitarias y entonces graniza sobre esta geografía la falta de interés de los políticos por la ciudadanía.

Léase: si a los tucumanos no les importan los tucumanos, ¿por qué sí deben ser importantes para los representantes de esos mismos tucumanos? Luego, no sólo es tristemente lógico sino perversamente legítimo que quienes gobiernan vivan en el ombligo de la interna.

¿Cuál es el hecho excluyente que obsesiona a las “usinas del poder” en el cierre de esta semana? Que el vicegobernador haya suspendido su encuentro con referentes kirchneristas en Buenos Aires.

En el entorno del gobernador Juan Manzur celebran que no haya “foto” como un triunfo, a la vez que como una desautorización al titular de la Legislatura. En el entorno de Osvaldo Jaldo, por el contrario, plantean que sólo se trata de mover el encuentro de esta semana para la siguiente. Mientras unos dicen “es un papelón” y otros contestan “están nerviosos”, surge una pregunta cuya extensión dimensiona la importancia del asunto: ¿y?

Dicho de otro modo, Jaldo no consiguió la foto ¿y entonces ahora el manzurismo consiguió el control de la Legislatura? O lo que es igual: cuando la semana que viene Jaldo sonría para el flash, ¿tendrá nuevamente un bloque que le otorgue quórum propio?

Más aún: Jaldo no consiguió la audiencia ¿y ahora ya no hay más pobreza en Tucumán? Y la semana que viene, cuando el tranqueño ingrese a un despacho kirchnerista, ¿se habrá acabado la inseguridad en la provincia?

Cuanto menos habrá que concederles a uno y a otro contendiente que sus peleas son por poder y que la disputa es interna. En el orden nacional, ni siquiera eso.

El monzón desconstituyente

El presidente, Alberto Fernández, tuvo dos pronunciamientos públicos en estos días en los que debe reposar, aislado, para reponerse de la Covid-19. Una vez para declarar que “la segunda ola ha llegado la Argentina”: mejor hablar de lo obvio, maquillado de alarmismo, que del fracaso escandaloso en la gestión de la pandemia y en la obtención de vacunas. La otra vez para pedir “terminar con las arbitrariedades judiciales que condicionan las democracias de la región”, en alusión al proceso contra el ex presidente de Brasil, Luis Inácio “Lula” Da Silva. O, en realidad, para presionar de manera elíptica a la Justicia argentina que tiene multiprocesada a Cristina Kirchner. Pero el kirchnerismo no toma el nombre de “Ella” en vano, así que habla de presidentes foráneos. O de ex vicepresidentes locales como Amado Boudou, ahora catedrático del “lawfare”, en calidad de “víctima”.

El Poder Judicial, entonces, ha dejado de ser uno de los tres poderes fundantes de la república, sistema de gobierno indispensable para que funcione la democracia, para convertirse en un reducto de arbitrarios enemigos del Gobierno del pueblo.

Aletea el desinterés ciudadano por el constitucionalismo, y su sistema de relaciones y contrapesos entre las instituciones, y en la Argentina hay un monzón deconstituyente. Comienzan a volar las concepciones meramente formales de democracia; el derecho ilegítimo disfrazado de reformas judiciales; y el populismo que propone a su jefa como encarnación viva de la voluntad popular, y que demoniza ya no sólo a los oponentes sino también a los “compañeros” que no están al servicio de conjurar los procesos judiciales contra la ex Presidenta. Así que un opositor crítico es un “golpista” . Y un oficialista que no presiona a la Justicia es un funcionario que no funciona.

El huracán determinista

Pese a las similitudes, hay diferencias inabarcables entre el presente de estas tierras y el “Efecto Mariposa”. La más trascendente: lo que ocurre aquí es absolutamente determinista. Y eso se debe a que no hablamos de la atmósfera, sino de la sociedad. Y no se trata de fenómenos, sino de decisiones. Todas las determinaciones que fueron tomadas, u omitidas, nos han traído a este momento.

Estas australidades no encuadran en la teoría del caos, sino en su práctica. No hay un impredecible “Efecto Mariposa” sino, más bien, un devastador “Efecto Polilla”.

Ahora, aquí, el tiempo aletea y se come el futuro.

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