Cada vez más tucumanos eligen convivir con animales silvestres

Las zonas piedemontanas de la provincia tienen más habitantes. Estos nuevos moradores se encontrarán con animales poco conocidos y deberán vivir con ellos. Cuáles son y qué cuidados hay que tomar.

27 Marzo 2021

Cada vez más gente elige abandonar la ciudad y su bullicio para mudarse al pie del cerro y tener más contacto con la tranquilidad y la naturaleza. Esta mudanza, sin embargo, les trajo a esas personas nuevos vecinos inesperados: pequeños animales de la zona piedemontana con los que antes no tenían conexión alguna. Y este desconocimiento en ocasiones puede generar ciertas dudas acerca de cómo relacionarse con estos acompañantes, por eso LA GACETA consultó a unos expertos que explicaron qué animales podrían encontrarse en la zona baja del cerro y cómo reaccionar a ellos.

Juan Pablo Juliá, director de la Reserva de Horco Molle, explicó que lo más común sería encontrarse con comadrejas y a veces con zorros. “También con muchas aves, hasta el piedemonte llegan loros, pavas del monte, caranchos y especies de palomas que no están en la ciudad, lechuzas vizcacheras y comunes, y hasta corzuelas”, dijo.

Otro de los animales que uno puede encontrar con cierta regularidad en esta zona es con serpientes, principalmente con falsas yarará y, en ocasiones, con verdaderas yarará. “Las diferencias son detalles en la cabeza, en la cola, incluso en la pupila del ojo. La falsa yarará no es venenosa y se alimenta principalmente de sapos, y la verdadera yarará sí es venenosa y le gusta más las ratas y los ratones”, dijo.

Por último, en el cerro hay una pareja de monos que lleva 20 años viviendo en la zona de Horco Molle y a veces son vistos por personas que informan a la Reserva. Juliá informó que estos monos fueron llevados a la Reserva hace 20 años, pero no fueron aceptados. Entonces, los liberaron en el cerro. Aunque es posible verlos alguna vez, el experto destacó que Tucumán no es zona de monos, así que sería casi imposible encontrarse con otros. “Los monos viven mucho, como 25 o 30 años, así que seguramente se trata de la misma pareja”.

Intrusión del humano

El ser humano, cada vez más metido en zonas que le son ajenas históricamente, provoca cambios en la estructura de un ecosistema y, por lo general, los animales silvestres se terminan yendo del lugar, explicó Juliá. “Sobre todo los más grandes, que tienen más conflictos con los humanos”, dijo.

“Sin duda el ser humano afecta no sólo por su propia presencia, sino también por la aparición de basurales que atraen animales afines a los humanos que no viven en áreas naturales, como ratas y ratones. También atraen a otras aves como palomas o gorriones que compiten con las especies autóctonas. Además, transmiten plagas y enfermedades a las especies del lugar y muchas veces esas especies autóctonas no resisten esas presencias y se van”, expresó Juliá. Y agregó que la presencia de perros y gatos, asociados directamente con humanos, también representa un problema para los animales que antes era “dueños” de la zona. “De acuerdo con un estudio, en Estados Unidos hay 86 millones de gatos domésticos que se comen unos 6.000 millones de mamíferos, aves y reptiles pequeños de ese país, así que son uno de los grandes depredadores”, sostuvo, y recomendó castrar a las mascotas para evitar que cacen.

Convivencia

En este sentido, Juliá aseguró que sí es posible la convivencia con estos pequeños vecinos y que es importante tomar algunos recaudos.

“A veces ven una cría cuando salen a pasear y piensan ‘pobre, la alcemos porque está abandonada’, pero no hay que hacerlo. Lo más probable es que la madre ande por ahí y la cría no la haya podido seguir, pero está cerca y cuando los humanos se van la madre vuelve”, indicó.

Juliá destaca que cuando se observa un animal no hay que levantarlo, salvo que esté herido o grave, y más si se trata de pichones o crías.

Otro de los cuidados a tener en cuenta es con las serpientes, el único animal que podría representar algún peligro: “la yarará no es la única, pero es la más común y la responsable del 99% de las mordeduras. Su modida produce inflamación y el veneno genera necrosis, es decir que se descomponen los tejidos; también se siente mucho dolor y fiebre. Lo que no hay que hacer es el famoso torniquete ni querer chupar el veneno, es contraproducente. La persona mordida no se tiene que agitar, se tiene que mover lo menos posible y hay que trasladarla lo más rápido posible a un centro médico”. En San Miguel de Tucumán, los hospitales capaces de atender estas heridas son el Centro de Salud, el hospital Padilla y el hospital de Niños.

Cuidar las aves

Los animales con los que resulta más fácil esta convivencia es con las aves, que con sus colores y cantos pueden ser algo atractivo en los jardines tucumanos.

Para Diego Ortiz, experto en aves de la Reserva de Horco Molle, lo que debe hacer el humano es no intervenir de manera directa con estos pájaros. “Cuando encontramos un nido no hay que asustarlo ni sacarlo. Si queremos podar un árbol hay que esperar que los pichones nazcan y abandonen el nido para recién hacerlo. Si vemos un pichón fuera del nido hay que dejarlo porque los padres lo siguen alimentando. Y cuidarlos de perros y gatos que son depredadores de esos pichones”, explicó.

Además, no sólo se debe “no molestar” a estos animales, también se los puede ayudar de diferentes formas: “primero hay que plantar árboles frutales, son una fuente importante de alimentos para muchas aves. En el caso de los tucanes, por ejemplo, en el invierno bajan a la zona pedemontana a buscar paltas, higos, etcétera. En el verano poner bebederos de agua por el intenso calor está buenísimo. Incluso podemos hacer comederos y poner alpiste, mijo, frutas colgadas con piolines o enganchadas con palos”.

Para finalizar, Ortiz afirmó que las personas no sólo se van a encontrar con animales lindos y agradables como las aves. También pueden ver sapos, pero remarcó la importancia de no hacerles daño. “Son muy importantes ya que se alimentan de insectos. Las comadrejas también, porque se alimentan de ratas, cucarachas, escorpiones y son de hábitos nocturnos, es raro verlas”, finalizó.

(Producción periodística: Homero Terán Nougués)

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios