
CREADOR. El argentino Marcos López innovó en la imagen con el pop latino.

Muere el padre; el cumpleaños trae un cambio de década; la familia se desensambla; la mascota de la casa agoniza y se concreta una mudanza física: el documental “López”, del director Ulises Rosell, interroga con sarcasmo y ternura el sinsentido de la existencia, registrando la intimidad del fotógrafo argentino Marcos López, creador del colorido pop latino, en un momento complejo de su vida, según describe la agencia Télam.
Esta película es el estreno de hoy de la señal Cine.ar TV, que la proyectará a las 22 (con repetición a la misma hora el sábado) y que desde mañana se podrá ver gratis por una semana en la plataforma Cine.ar Play.
López saca fotos desde que tenía 18 años (ahora cuenta 62 años). “Yo me la paso tratando de encontrarle un sentido a mi vida, mientras saco fotos todo el tiempo. Los artistas ayudamos a llenar un espacio de angustia y a través de esta película abrí mi corazón, pero es lo que vengo haciendo con toda mi obra, desde que descubrí la fotografía como forma de expresión. Esta realización es un gesto de generosidad, tanto de Ulises como mío, para compartir emociones muy primarias y profundas con la comunidad. Un gesto silencioso y cotidiano, también, de todo el equipo que nos acompañó, fue un esfuerzo muy grande, algo así como tejer un tapiz, una trama colectiva grupal, para contar una historia”, describe.
Rosell lo sigue durante un año con su cámara. Lo registra en la cocina de su casa de San Telmo, donde el creador de fotos icónicas como “El mártir” pregunta “cuánto es el mínimo que puede cobrar un sicario” o se queja porque el local donde arreglan el teléfono celular es el mismo que vende los cables truchos que rompen al aparato.
El realizador de las películas “Sofacama” y “El descanso” lo sigue a sus sesiones fotográficas. En una pileta pública en Mar del Plata; en interiores retratando al poeta Fernando Noy; en exposiciones en el Malba; en su relación con Aliona y Aarón, los hijos de su largo vínculo con Leda... Y da cuenta de la desintegración de ese cuarteto. También lo filma en la consulta odontológica: el profesional le arregla una muela y le explica que lleva la música en la sangre, López le dice que la artesanía popular es la base de su trabajo: el dentista no sabe que su trabajo se expone en museos como el Reina Sofía de España. Cineasta y fotógrafo viajan a Santa Fe para visitar a la madre del protagonista, Juana Chopi Rodríguez de López, quien increpa a Marqui por desordenado, repasa su obra con ojo de consanguíneo y da cuenta de dos hechos clave: la mañana que se negó a seguir trabajando con su padre y el mellizo de su hijo que murió al nacer.
“La película me acompaña en un momento de muchos cambios familiares y de algún modo funciona como un exorcismo, que saca afuera cuestiones muy íntimas”, reflexiona López, quien al momento de la filmación (realizada en 2018) cumplía 60 años.
“Es algo riesgoso, pero creo que para eso sirve el arte: el espectador se espeja en mi propia vida o en la actuación de mi propia vida y eso genera una empatía, un alivio. El espectador siente que no está solo”, agrega el ganador del Konex de Platino por una de las trayectorias más destacadas dentro de la fotografía contemporánea latinoamericana.
El absurdo y el sarcasmo, sumado a la ternura y al juego que aparecen en el filme, aportan liviandad a la tristeza de las pérdidas y a la ira por lo que cambia y duele o no se entiende. “Son cuestiones existenciales, preocupaciones del director como las relaciones familiares, el vínculo padre-hijos, ausencias”, resume. El espíritu lúdico que defiende en su vida personal y artística se replica en escenas imperdibles como la de los videos de cuando Aaron y Alione eran chiquitos. Hay un vínculo irónico y tierno que potencia el signo en cada uno de los pasajes donde el fotógrafo insiste en expresar su desconcierto ante la determinación de Alione de militar el feminismo incluso “dentro de casa”.
La pandemia lo sacó de ritmo: “vivía subido a un avión, dando cursos, haciendo exposiciones, no paraba de viajar y hacer cosas y fue como chocar con un auto contra un paredón y quedarme un año quieto en mi casa”. “No sé bien para donde ir ahora… si quiero pintar, escribir, hacer un libro con mis fotos de los años 80. Por momentos quiero dedicarme a hacer yoga y aprender a cocinar, meditar, no tener tanta exposición pública pero al otro día hago todo lo contrario”, concluye.







