Lo que dejó el show de Abel Pintos

Lo que dejó el show de Abel Pintos

Abel Pintos en el Mercedes Sosa. Abel Pintos en el Mercedes Sosa. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
17 Marzo 2021

Cuidados sanitarios.- Evitar el covid-19 implica concurrir con anticipación a los teatros. Nada de mucha espera, sino shows que comienzan bastante puntuales (para la costumbre tucumana), con salas abiertas con más de media hora de anticipación y control de temperatura y alcohol en las manos al entrar. Si bien pueden existir burbujas de fans que se sientan juntos, hay distancia de butacas entre los distintos grupos. Y nada de pararse, saltar o bailar, ni siquiera en el lugar.

La pasión.- Cuando el recital de Abel Pintos toma la recta final, su gente no puede parar de aplaudirlo. Algunos empiezan a romper las reglas y se paran; luego son más y más los apasionados que saben que está mal, pero no se reprimen. Eso sí: cada uno en su lugar. La ovación es tan grande que hace vibrar las butacas. Saluda con sus manos y se despide. Abruptamente, terminó el concierto, sin su vuelta al escenario (lo había anticipado de entrada, cuando aclaró que no haría la típica primera despedida y luego un bis más para no perder tiempo, como acostumbró a sus seguidores en otros tiempos).

El tema que no cantó.- A pesar de haber sido de alrededor de dos horas de show, quedó sabor a poco a un público que ansiaba estar allí y vivir lo que se vivió. Algunos fans se retiraron pero otros se sentaron esperanzando que, quizás, “el pájaro cantor” volviese para entonar su más grande éxito, “La llave”, pero no fue así. Al correr los minutos y ver que la sala se despejaba, se fueron. Por los altavoces se pidió que esperasen las instrucciones del personal del teatro, pero la mayoría se agolpó en las puertas y en los baños ni bien se cerró el telón.

El tema que no cantó.- Si bien no fueron mayoría, a la salida se vio a personas con los barbijos mal colocados e incluso algunos que se lo quitaban para hacerse una foto. Esa inconciencia cortó el ambiente de cuidados que se había generado y respetado durante todo el espectáculo. Así como el concierto terminó de manera inesperada, la nueva normalidad nos dio un cachetazo. El choque fue duro: pasar de un clima que hacía mucho no se vivía, con la alegría de disfrutar del ídolo en vivo, a la realidad más pura y dura del temor latente al contagio.

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