La Argentina estuvo en crisis el 23% de sus 200 años de historia - LA GACETA Tucumán

La Argentina estuvo en crisis el 23% de sus 200 años de historia

28 Feb 2021
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Por Ana María Cerro - Doctora en Economía - Investigadora y Académica de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT.

Los investigadores de las ciencias sociales que se enfrentan por primera vez a la historia económica argentina usualmente se sorprenden por la repetitividad de los episodios económicos. Aquellos que profundizan su estudio quedan absolutamente sorprendidos. Algunos fenómenos económicos, como las crisis, parecen volver una y otra vez, creando una sensación de déjà vu al decir de Borges: “alguna vez nos deja pensativos la sensación de haber vivido ya ese momento”.

Ante ello la pregunta es inevitable, ¿por qué la Argentina es un país tan vulnerable a las crisis? ¿Son los factores internos, las condiciones externas o una combinación de ambas? Las condiciones internas que contribuyen al surgimiento de desequilibrios y que hacen a una economía vulnerable son políticas macroeconómicas no sostenibles con políticas monetarias y fiscales demasiado expansivas; debilidad en la estructura financiera; condiciones financieras globales; no-alineación en el tipo de cambio e inestabilidad política. Las condiciones externas se relacionan con cambios en el mercado de capitales internacionales; subas en la tasa de interés mundial y deterioro en los términos de intercambio.

Utilizando distintos métodos econométricos encontramos que son las inconsistencias domésticas generadas por una política fiscal demasiado expansiva las que están siempre presentes en la raíz de las crisis. Las condiciones externas juegan un rol importante en la explicación de las crisis, ya que desnudan las inconsistencias o vulnerabilidades domésticas preexistentes, finalizando en debacles de gran magnitud.

Argentina es azotada recurrentemente por fenómenos que la empobrecen; que destruyen su capital, y se llevan el sacrificio y la vida de sus habitantes. No faltan las explicaciones populares, a veces con categoría de leyendas, creadas para entender lo desconocido y para mitigar el dolor. Entre las causas más divulgadas y aceptadas que se encuentran para responsabilizar a estos eventos, surgieron la globalización, el libre mercado, el capitalismo, las privatizaciones, el Fondo Monetario Internacional, etcétera (es difícil vencer la fantasía popular). A diferencia de países azotados por los fenómenos naturales, la Argentina ocupa uno de los lugares más favorecidos del planeta. Los flagelos que la castigan no se producen por la ira de la naturaleza, sino por la acción humana. Las crisis económicas han sido protagonistas de la historia argentina prácticamente desde su nacimiento como país y han tenido, en numerosas oportunidades, consecuencias devastadoras.

Las crisis en la Argentina significaron importantes caídas en el producto bruto interno (PBI) que, en algunos casos, superaron el dígito, como en 2020 con una caída del 10%, o en la de 2002 y la lejana de 1890 que registraron, en ambos casos, disminuciones del 15%. En la mayoría de las crisis, los derrumbes de la actividad económica trajeron consecuencias sociales de consideración tales como aumentos en las tasas de desempleo y subempleo; deterioros en la distribución del ingreso, y amplios sectores de la población empujados por debajo de las líneas de pobreza e indigencia. Pero los costos de las crisis no acaban allí. En varias oportunidades las crisis provocaron cambios institucionales y políticos que agregaron más inestabilidad e incertidumbre. Por ejemplo, las cinco grandes crisis que sufrió la Argentina a través de su historia en los años 1890, 1930, 1975, 1989 y 2001 implicaron cambios presidenciales.

Cuando se estudian las crisis, la Argentina es una referencia obligada. No sólo tuvo un mayor número de años de crisis que cualquier otro país, sea desarrollado o emergente en un conjunto de países susceptibles de estudio, sino que también fue protagonista de alguno de los casos de crisis y default más resonantes de la historia contemporánea.

En los 200 años de historia argentina identificamos 25 crisis. De ellas, 6 crisis fueron consideradas profundas de acuerdo a su intensidad; 12 moderadas y 7 turbulencias menores. Las 25 crisis implicaron 46 años de crisis. Esto implica que la Argentina estuvo el 23% de sus 200 años en crisis.

El comportamiento sistemático del Gobierno que aumenta sus erogaciones en las fases expansivas del ciclo económico a un nivel que no es sostenible en condiciones económicas adversas y, básicamente, la debilidad que impide efectuar los ajustes fiscales correspondientes empuja a las administraciones a recurrir a apropiaciones de fondos privados cuando no tiene otra forma de financiamiento. Las modalidades de apropiación pueden ser domésticas, como la inflación, que destruye otras instituciones, como, por ejemplo, el dinero, o el sistema bancario, mediante la apropiación de fondos allí depositados (comprometiendo seriamente la situación de las entidades), o apropiaciones internacionales, como la cesación de pagos de la deuda externa.

Ahora bien, si el equilibrio fiscal es políticamente imposible o muy costoso. Fueron las crisis el mecanismo elegido por los gobernantes para que el mercado realice el ajuste. ¿Por qué las instituciones no restringieron el accionar de los gobernantes? ¿Hubo fallas sistemáticas en estas que impidieron o hicieron muy costoso el ajuste en la economía argentina?

Reconocidos economistas, entre ellos Acemoglu, encuentran que aquellos países que siguieron políticas macroeconómicas distorsivas, que incluyen alta inflación, grandes déficits fiscales y tipos de cambios desalineados, son países con instituciones débiles que no restringen a los políticos y a las élites políticas, con incumplimiento de los derechos de propiedad para los inversores, corrupción generalizada y alto grado de inestabilidad política. Ello es un indicio de que las políticas macroeconómicas distorsivas son un síntoma de problemas institucionales de fondo más que las causas mismas de la volatilidad. De esa forma, instituciones débiles causan volatilidad a través de un número de canales tanto microeconómicos como macroeconómicos.

La historia de las crisis nos indica que, ante desequilibrios de gran magnitud, como altos déficits fiscales, la crisis es inevitable. La pregunta obligada es si la Argentina, actualmente con un déficit primario de 6.5% del PBI, sin posibilidades de financiamiento externo, siendo la única fuente de financiamiento el mercado interno ya sea con emisión monetaria (con la consecuente inflación) y con aumento de impuestos domésticos (lo que atenta contra la inversión y, por ende, el crecimiento), con una caída de su producto del 10% y una lenta recuperación de su economía, podrá realizar los cambios necesarios que permitan romper el círculo en el que nos encontramos o si nuevamente la crisis será el mecanismo “elegido” para realizar el ajuste.

Para concluir, nada más actual que las palabras de un tucumano ilustre, Juan Bautista Alberdi. La crisis actual es la misma de 1870, la de 1865, la de 1860, de la 1852, de la 1840, etcétera. El país ha vivido en esas crisis desde que dejó de ser colonia de España. Podría decirse que no es económica, sino política y social. Reside en la falta de cohesión y de unidad orgánica del cuerpo o agregado social que se denomina Nación Argentina, y no es sino un plan, un desiderátum de nación. La diversidad y lucha de sus instituciones de crédito; la anarquía de sus monedas; la emulación enfermiza que preside a sus gastos dispendiosos en obras concebidas para ganar sufragios y poder, vienen del estado de descomposición y desarreglo en que se mantienen las instituciones, los poderes y los intereses del país.

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