Caso “Betty” Argañaraz: una búsqueda de 15 años que no se detiene - LA GACETA Tucumán

Caso “Betty” Argañaraz: una búsqueda de 15 años que no se detiene

09 Feb 2021 Por Gustavo Rodríguez

El 31 de julio de 2006, a las 9, sonó el teléfono de la casa de Liliana Argañaraz. Era la directora del colegio Padre Roque Correa. La llamaba para preguntarle si sabía algo de su hermana “Betty” porque no se había presentado a trabajar en el colegio donde se preparaba para asumir como máxima autoridad. “En ese mismo momento pensé que algo había pasado. Ella no faltaba sin avisar y, si se enfermaba o hacía algo fuera de lo común, lo comentaba a algunos de sus allegados”, explicó “Lili”, la mujer que la buscó desde un primer momento y que aún lo sigue haciendo. Nunca le importó que Nélida Fernández (hoy Marcos después de haberse cambiado su identidad) y Susana Acosta hayan sido condenadas. “Nunca dejaré de buscarla por una sola razón: quiero rezarle en su tumba”, desafió en una tarde calurosa de enero.

Liliana aún se conmueve al comentar el inicio de la búsqueda. Recordó que se presentó en la comisaría de El Manantial y ahí encontró una dura respuesta: había que esperar 24 horas para salir a buscarla. No se quedó con eso y de manera inmediata se dirigió a la ex Brigada de Investigaciones. Los agentes, que aún estaban golpeados por la desaparición y el crimen de Paulina Lebbos, no dudaron ni un instante. Se comunicaron telefónicamente con la fiscalía de turno para transmitir la novedad.

LA VÍCTIMA. Ángela Beatriz Argañaraz fue asesinada el 31 de julio de 2006. Sus familiares aún siguen reclamando para que aparezca su cuerpo.

“Recibimos el caso, se dieron algunas instrucciones y por la tarde de ese día el secretario Ernesto Baaclini se instaló en la comisaría del Manantial para escuchar las declaraciones de varios testigos”, recordó la fiscala Adriana Giannoni. “No se siguió ningún protocolo ni nada por el estilo. Actuamos por obligación”, agregó.

El 1 de agosto de ese año, en el despacho de la investigadora, se había establecido el recorrido que había realizado Ángela Beatriz Argañaraz el día que fue vista por última vez por su ex pareja, Julio Navarro. A dos cuadras de su domicilio, tomó un interno de la línea 103 y se bajó en avenida Alem y Lavalle. De allí tomó un remise Fiat Uno Blanco con una estrella para, supuestamente, dirigirse al establecimiento educativo ubicado en Barrio Norte. Esos eran los datos con que contaban los investigadores para comenzar la búsqueda. No encontraron nada en el trayecto que hizo desde su casa hasta la zona del ex Abasto en ómnibus y después el que hizo en el auto de alquiler.

La primera búsqueda se realizó en el colegio. Todavía no se mencionaba la pista que involucraba a las ex novicias. Los investigadores se presentaron y, para evitar problemas por la falta de colaboración, fueron con una orden de allanamiento. Recorrieron las instalaciones y los túneles que hay en la sede del colegio. Pero los rastrillajes cambiarían a partir del 5 de agosto, el día mismo que las ex novicias fueron aprehendidas. “A lo largo de la investigación tuvimos que ir en contra de los prejuicios del clero y de los educadores, que en realidad, son dos pilares muy importantes de nuestra sociedad”, agregó Giannoni.

Rumbo al Cadillal

El sábado 5 de agosto, con las sospechosas tras las rejas, El Cadillal tuvo un inusual movimiento para ese mes. Decenas de policías, funcionarios judiciales, abogados, peritos y curiosos se instalaron en la casa de fin de semana que Fernández y Acosta tenían en la entrada de la villa. Sospecharon que podrían haber ocultado allí el cuerpo porque ellas mismas admitieron que el día que desapareció “Betty” estuvieron ahí. No encontraron nada, pero al sumar más indicios, decidieron ampliar la búsqueda de la zona.

El rastrillaje fue caótico. A la tarea que realizaban los policías, se sumaron los familiares de la docente que la buscaban con la esperanza de que estuviera con vida y familiares de la comunidad del colegio Padre Roque Correa, donde la desaparecida había estado por asumir como directora. Hubo otro detalle: uno de los hermanos de “Betty” había trabajado en la remisería Cinco Estrellas. Su dueño, Rubén “La Chancha” Ale, al enterarse del caso, aportó móviles y personas para que colaboraran. Durante varios días y hasta semanas, se “peinaron” los agrestes montes de la zona sin resultados.

EL EPICENTRO. La casa de El Cadillal de las condenadas fue el punto de partida de la búsqueda de la docente asesinada, cuyo cuerpo nunca fue hallado.

A los pocos días, el ministerio del Interior de la Nación, por orden de su titular Aníbal Fernández, (el mismo funcionario que envió a un grupo de investigadores que intentaron plantear una pista falsa que favorecería al ex gobernador José Alperovich) anunciaba que recompensaría con $100.000 (más de U$S 9.000 de hoy) a la persona que ayudara a encontrar a la docente desaparecida. Era tan delicado el caso que todos hablaban de paradero y no del hallazgo del cuerpo.

A partir de ese momento, los teléfonos de la Policía, de la fiscalía y de la redacción de LA GACETA no paraban de sonar. Eran personas que relataban que creían que el cuerpo podía estar en un determinado lugar o que habían visto el Ford Orion de las acusadas en tal sitio o a José Luis Fernández (que terminó siendo absuelto por la Justicia) arrojando un bulto.

Los rastrillajes oficiales se realizaron entonces en distintos sectores de la capital, Yerba Buena, El Cadillal, El Manantial, Río Nío, Leales, Concepción, Juan Bautista Alberdi y Acheral, entre otros muchos más. También se siguieron pistas en Catamarca y Santiago del Estero. Ninguna de las tareas tuvo éxito.

¿Tan fácil es ocultar o hacer desaparecer un cuerpo en Tucumán? “La provincia tiene una geografía muy variada. Hay montañas, cerros, montes, selvas, lagos y ríos, entre otros. Esas son características que terminan ayudando a la persona que quiere ocultar o deshacerse de algo o de alguien”, explicó la comisaria Juana Estequiño, segunda jefa de la División Homicidios. “Ocurrió en el caso Espinoza: si uno de los detenidos no hablaba, hubiera sido prácticamente imposible encontrar su cuerpo. Si bien lo arrojaron en un precipicio de Catamarca, aquí hay muchos lugares como ese”, agregó.

Las sospechas

El ex secretario de la fiscalía VIII Ernesto Baaclini opina que “a ‘Betty’ la arrojaron en algún lugar en El Cadillal. Lo digo porque se sumaron varios indicios. Ellas conocían a la perfección el lugar porque tenían una casa de descanso y caminaban mucho. Lugareños las vieron en esos días y además, cargaron dos veces la cantidad necesaria de combustible para ir y volver de esa villa turística. Siempre pensé que fueron hasta una de las orillas del lago, y la arrojaron al agua con algún peso para que se hundiera”, opinó.

La ya jubilada fiscala Giannoni no fue tan categórica, pero aportó otro dato para reafirmar esa hipótesis. “Videntes de todo el mundo se comunicaron con nosotros para darnos su impresión sobre dónde podía estar ‘Betty’. A pesar de que tenían nacionalidades diferentes coincidían en sus dichos: a la víctima la habían arrojado en el agua en un lugar donde había mucha vegetación”, señaló en una nota con LA GACETA.

UNA REFERENCIA. Los pescadores le dijeron a Luis Castillo que una mujer vestida de blanco se les presenta y señala al centro de El Cadillal.

Si se trata de creer o reventar, sólo hace falta repasar la entrevista que le hizo nuestro diario a Juan Castillo, un jubilado que, por cuestiones personales, se dedicó a buscar el cuerpo de la docente en distintos sectores de la provincia. Lo hizo sin que nadie se lo hubiera pedido. Lo hacía para superar la repentina muerte de su mujer que también había sido docente.

“Los lugareños y algunos remiseros me contaron que varios pescadores que van a la zona que está por el sector del embudo dicen que se les aparece la mujer vestida de blanco que les señala el centro del dique. Todos dicen que es una señal de la maestra. Por eso me compré un largavista, para observar si en el espejo de agua flota algo”, se puede leer en la nota publicada el 27 de julio de 2008 en LA GACETA.

Los buzos de la Policía Lacustre fueron los responsables de buscar a la víctima en las aguas de El Cadillal. Pero la tarea fue casi imposible. El rastrillaje se hizo a tacto, puesto que a los seis metros la visibilidad es totalmente nula. Además, el límite de resistencia humana por la temperatura del agua es de 15 metros, cuando en el espejo cuenta con lugares de entre 20 y 63 metros de profundidad.

“Es muy difícil una búsqueda de estas características. Tiempo atrás desaparecieron dos lugareños y tuvieron que venir dos buzos de Mar del Plata que están entrenados especialmente y tienen equipos especiales para realizar este trabajo”, explicó el actual jefe de la división Mario Herrera.

El presente

La sentencia en contra de las acusadas cerró la causa, pero la de la búsqueda de “Betty” sigue abierta. “Oficialmente nadie me dijo que con el cambio del código procesal penal se haya cerrado o haya quedado en el regimen conclusional. Lo único cierto es que no tengo noticias si se la está buscando o no”, explicó Liliana Argañaraz, hermana de la docente.

Giannoni se apuró en aclarar que el expediente de la búsqueda sigue activo. Informó además que, por una diligencia que realizó ante el Ministerio Público Fiscal, todos los hallazgos de restos óseos que se concretan en la provincia deberían ser comparados con el perfil genético de la docente que está en poder de la Justicia.

Recordó además que el año pasado, antes de que se jubilara, realizaron una actuación. “Una persona se presentó y aportó datos de que los restos podrían estar ubicados en Leales. Se buscó en el lugar y hasta se pidió colaboración del equipo de antropólogos de la Justicia Federal. Lamentablemente, no tuvimos buenos resultados”, explicó.

La recompensa de la Nación no sólo sigue vigente, sino que ahora de $500.000 (unos U$S3.250, es decir casi tres veces de lo que se ofrecía en 2006) con la esperanza de que esa suma de dinero movilice a alguien para que “Lili” Argañaraz pueda cumplir con su anhelo: poder llorar a su hermana en una tumba.

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