Para niños: mundos de madera y fantasía - LA GACETA Tucumán

Para niños: mundos de madera y fantasía

En diversos tamaños, las casitas infantiles para jardines o de muñecas sorprenden a los más pequeños con sus diseños. Tres emprendimientos tucumanos para fomentar la creatividad y pasar una buena tarde con nuestros hijos.

22 Ene 2021 Por Guadalupe Norte
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FOTOS. Desde los trabajos de Cecilia Pujadas (con sus casitas rosas y florales para muñecas) a las construcciones para niños de Silvia Ramírez y Jorge Andrés Chibilisco la madera ofrece ser un vínculo para la diversión y la creatividad.

Había una vez un niño con un poder muy especial: cada día, era capaz de vivir mil aventuras a la vez. Historias fantásticas pasaban por su mente, en compañía de peluches o cumpliendo misiones secretas. Todo esto lo hacía con apenas dar unos pasos, al salir al jardín y meterse en su guarida: una pequeña casa de abeto para jugar.

Las vacaciones de verano nos marcan un impasse del ajetreo y la posibilidad de destinar (con las medidas de bioseguridad adecuadas) mayor tiempo a las actividades al aire libre. Entre las propuestas hay un antiguo nicho que está en auge: la fabricación de casitas de madera infantiles.

Silvia Ramírez afirma y reafirma que lo que más disfruta de su oficio es la nobleza y las posibilidades creativas que aporta este material.

OFICIO. Silvia Ramírez termina de armar una de sus casitas para niños.

“Arranqué a fabricar casas luego de tener un accidente de moto y quedarme sin empleo. En aquel momento me puse de novia con alguien que trabajaba con madera y empecé a ayudarlo en su taller. La relación no funcionó, pero continuamos con lo laboral”, comenta Silvia.

Con la pandemia, un nuevo desafío la llevó a montar el taller en su hogar y a continuar sola. Así lo demuestra la habitación cargada de pesadas Black & Decker, potes amarillos de cola vinilica, cintas métricas, un tablón con varias herramientas (regalo de su hijo) y paneles desarmados.

“Para hacer un pedido, al ser muy detallista me tardo dos semanas y media o tres. Cuando los chicos te ven llegar con las cosas van y vienen por detrás tuyo y los traviesos se involucran también en el armado”, agrega.

Su último pequeño cliente fue Ivo, un fanático de Cars. “Me acuerdo de su carita al verla, puso su manito en la boca y se quedó sin aire. Son cosas que te quedan grabadas y no te las olvidás. Los peques son felices al ver las casitas listas”, asegura Silvia enternecida.

Para y en familia

Con espíritu emprendedor, Jorge Andrés Chibilisco es otro de los artesanos que se dedica a metaforizar el cuento de los “Tres cerditos” y crear refugios lúdicos.

“Al buscar -junto a mi novia, Celeste- inspiración en distintas plataformas de diseño, a ambos nos gustó la idea de fabricar algo que desenchufara a los niños de las tablets o de los celulares. En cambio, queríamos que ellos se conecten con la naturaleza, jueguen afuera e interactúen con otros”, explica.

En su caso, el oficio es compartido en familia y en cada pedido colaboran su padre, madre, hermanas, primos y cuñados. “Hay mucha gente que apuesta por las casitas. La demanda es grande e incluso -el año pasado- la pandemia hizo que aumentara la producción”, señala.

Sea en un pequeño patio del microcentro o en un inmueble con el paisaje de los Valles, la diversión está asegurada al ver los toboganes, escaladores, pasamanos y hamacas que conviven en las lustrosas estructuras.

Por dentro, la postal es más acogedora y aparecen cocinas, camas, cortinas con volados o alacenas para intentar ordenar las figuritas de acción, pelotas y juguetes a mansalva.

Entre las fotos se ven peluches de Pepa Pig, bebotes y caniches que tocan la puerta para pedir una merienda.

“No hay un límite de edad para disfrutar de las casitas porque -al entregarlas- vemos como los abuelos, tíos o padres también reviven su niñez. Una frase que nos repiten bastante es 'siempre soñé tener un lugar así para jugar'”, acota Andrés.

Este creador llevó esta arquitectura de fantasía a Tafí del Valle, a San Pablo, a Lules, a Concepción, a San Pedro de Colalao y a la Banda del Río Salí entre otros sitios.

Castillos con alma

Con mansiones de estilo gótico de varios pisos y galerías techadas, las creaciones de Cecilia Pujadas nos hacen sentir como si nuestras Barbies hubiesen negociado su alquiler con una inmobiliaria de Beverly Hills.

ROSA. Cecilia Pujadas y algunos de los mini muebles que fabrica.

La artista concretó este sueño rosa de fabricar casitas para muñecas hace tres años. “El proyecto se inició porque vi una casa preciosa para mi sobrina (quien cumplía cinco), pero me era imposible pagarla. Como tenía algunos conocimientos básicos sobre mix media, decidí comprar una y pintarla por mi cuenta. Después la subí a las redes sociales (sin ninguna intención de venderlas) y me acosté a dormir. Al despertar tenía más de 200 comentarios con consultas sobre el precio”, rememora la creadora de Nuna (@nunaarteydecoracion).

Lo que más le gusta a Cecilia es pintar con el corazón y con sus emociones, es decir, con el alma.

Según la escala de su residente, las casitas van desde los 85 centímetros hasta 1,40 metro de altura y tienen una colección de muebles de autor. En algunas hay balcones con barandas caladas en forma de corazón, muebles con mariposas en stencil y cuartos con tocadores diminutos que miran desde la azotea.

“Mi papá se ocupa de pintar las partes de la casa para que -luego- yo haga la parte artística y decore los muebles. Las casas son únicas ya que esos diseños los hago en el momento”, agrega Cecilia.

Se suman también las salas de estar con bibliotecas y lámparas de pie, los balcones con mini columpios o caballitos y baños florales que tienen hasta una tira de cerámicos en tonos pasteles haciendo juego.

Cada modelo de esta diminuta marca de bienes raíces tiene su propio nombre (como Sami, Morena, Sol y Lolita), con la peculiaridad de estar inspirados en mascotas familiares.

“Pese a la tecnología las casitas de muñecas continúan siendo juguetes soñados. Tienen varios puntos fuertes, como su durabilidad y la posibilidad de desarrollar la creatividad en los más pequeños. Además es un juguete abarcativo en cuanto al rango de edades porque va desde los tres hasta los 12 años”, argumenta Cecilia.

“Me encanta lo que hago, no sólo por el arte que transmite tantas cosas hermosas y por como este te salva de situaciones difíciles, sino porque la ilusión que transmiten los niños es muy importante”, reflexiona. Y en esta época, eso no deja de ser un logro en sí mismo.

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