Pareceres: Prohibición de armas nucleares

04 Enero 2021

Carlos Duguech

Analista político

El 22 de este mes entrará en vigor, plenamente, el Tratado Internacional de Prohibición de Armas Nucleares. Ya lo ratificaron 84 países. Argentina parece todavía estar ligada a compromisos Macri-Trump de los tiempos de negociaciones con el FMI que tanto facilitó el presidente de EEUU que ya se está yendo de la Casa Blanca por haber perdido la posibilidad de ser reelecto.

Con un nuevo gobierno en Argentina desde diciembre de 2019 era de suponer que ya no nos ligaba como país a las ayudas de Donald Trump en gestiones ante el FMI. El 3 de junio último envié carta al presidente Fernández sobre el Tratado. Entre otros conceptos decía: “Este impensado tiempo de pandemia que es más ‘mundial’ que cualquiera de las dos guerras mundiales que tantos ríos de sangre generó además de destrucciones sin par en la historia de la Humanidad –me asaltan deseos de escribir en minúsculas- es un tiempo convocante como ninguno para acciones como ninguna antes”

“Sólo imaginar que hubiésemos tenido (todos los países ahora involucrados en la pandemia, casi 200) información fehaciente de que se podía concretar semejante situación de salud y de muerte sin otra defensa preventiva que encerrarnos, hace pensar muy serie y atinadamente en lo que podría ocurrir con una ‘pandemia’ nuclear”.

Y agregaba:

“Tenemos disponible un Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, el primer acuerdo multilateral sobre semejante asunto que se abrió a la firma el 29 de septiembre de 2017 en la ONU, su sede en Nueva York. Lo inquietante -aunque se puedan dar razones de todo tipo - Argentina no lo firmó. Hoy, sí tiene tanta relevancia esa postura porque transcurrimos en medio de la pandemia que trastornó todos los comportamientos sociales. Una situación mundial que obligó a loa países a tender un manto de suspensión temporaria de las libertades. Esas que en nuestro caso vienen garantizadas en la Constitución y en los tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional a partir de la reforma de 1994 y por las sucesivas incorporaciones a las normativas nacionales de nuevos tratados.

No recibí respuesta alguna ni acusé de recibo. (Tengo la certificación del Correo Argentino de haber sido recibida en Balcarce 50, CABA, “Casa Rosada”.

Si Argentina no firma y ratifica el tratado le está haciendo el juego a los dueños poderosos de arsenales nucleares (EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Corea del Norte, Israel, India y Pakistán).

A la vez Argentina muestra a un ciudadano de su país, ex embajador en Austria, Rafael Grossi, como Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica OIEA (ligada a la ONU). Una paradoja.

El tratado puede que todavía no incida demasiado en las decisiones de los países con arsenales tan siniestros pero las enseñanzas y dolores de la pandemia viral generarán una conciencia cada vez más certera de lo que puede ser una “pandemia nuclear”. Para la que estamos infinitamente menos preparados que para la que venimos sufriendo con el virus chino. El único producto de la China milenaria que no necesitó de gestores de negocios, empresas exportadoras e importadores y ni siquiera medios de despacho y pago de fletes. Y “todo el mundo” se pobló, como las góndolas de los supermercados, de productos chinos aunque muchos con marcas occidentales.

Argentina está en deuda al no haber firmado ni ratificado el Tratado. En deuda con Alberdi, ese pensador que suscribió un libro que debería ser texto habitual en el sistema educacional: “El crimen de la guerra”.

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