EL FACTOR CONFIANZA. Persichini indicó que hay que seguir de cerca a la inflación y al tipo de cambio.
Dos comparaciones globales muestran lo que ha sido 2020 para la economía argentina, más allá de la pandemia de la Covid-19. La primera tiene que ver con las variaciones del mercado. La segunda, con el comportamiento de las monedas, del tipo de cambio, a lo largo de un año traumático para el mundo. En ambos, Nery Persichini, economista, Magíster en Finanzas especializado en Mercado de Capitales y jefe de Estrategia de GMA Capital, observa que el S&P Merval (la Bolsa Porteña) ha experimentado la peor caída global y anual, del 34,7%, tomando como referencia el valor del dólar Contado con Liquidación y, usando la misma vara o tipo de cambio, la variación acumulada del peso argentino ha sido del 88%, o 40% si se toma el tipo de cambio oficial, muy lejos del Real brasileño (24%) y de la Lira turca (24,2% al 29 de diciembre pasado. “Primer deseo financiero para 2021: que Argentina no tenga nuevamente el peor mercado ni la peor moneda”, escribió el especialista en mercados en su cuenta en Twitter. En un diálogo telefónico con LA GACETA, Persichini describe lo que puede acontecer, desde el punto de vista de las finanzas, durante este nuevo año que, además, es electoral y que apareja un riesgo de expansión del gasto público en tiempos donde los organismos internacionales reclaman medidas para encarrilar el rumbo económico nacional.
-¿Qué le pasó al mercado argentino en un año que golpeó a todo el sistema global, por efecto de la pandemia del coronavirus, para caer en la tabla mundial?
-Durante 2020, la Argentina tuvo particularidades respecto del desenvolvimiento de los mercados del resto del mundo. El país venía de todo un proceso difícil: no tenía acceso al mercado voluntario internacional de crédito. Además, todo el esfuerzo fiscal para paliar los efectos de la pandemia del coronavirus llevó al Gobierno del presidente Alberto Fernández a apelar a la emisión monetaria para el fondeo. En un estado de situación financiera, que ya era complejo, se inyectaron más pesos a la calle y esto ha generado una apreciación extraordinaria en el dólar conocido como Contado con Liquidación y eso ha llevado a una devaluación mayor de la moneda nacional. Tomando de referencia una tabla de países considerados emergentes, y que el mercado global mira permanentemente como puntos comparativos (no los casos extremos como Venezuela), la Argentina desnudó aquel estado de situación frágil, que lo pagó el mercado, y el deterioro económico natural que ocasionó la pandemia, desde que se declaró oficialmente en marzo de 2020.
-¿Cómo se puede subir de escalones en este ranking y cuáles son los caminos que debería seguir el país para mejorar su imagen ante los mercados internacionales?
-La gran oportunidad que se le presenta a la Argentina en este 2021 es volver al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sellar un Extended Fund Facility (EFF por su sigla en inglés que significa un nuevo programa de largo plazo por una deuda asumida y que no se puede abonar en el período acordado oportunamente). Un mayor plazo implicaría, dentro de los términos normales, más capacidad de repago del país mientras lleva adelante alguna reforma estructurar que le permita a la actividad económica crecer de manera sostenida. Ya en febrero del año pasado, antes de la pandemia, la actividad venía cayendo y acumulaba 10 años de estancamiento, más allá de algunos rebotes cíclicos. Entonces, el desafío es volver a crecer en serio y no sólo esperar rebotes económicos, que no necesariamente tienen la misma intensidad de la caída previa. Me parece que el FMI, con algunos matices, puede colaborar tanto para una oxigenación del horizonte financiero para los próximos tres años (reprogramando el pago de los U$S 44.000 millones que se adeudan) como también que el Fondo se convierta en un articulador de la macro que, en 2020, no pudo mostrar un plan fiscal y monetario consistente. Insisto, quizás con ese acuerdo el efecto para reencauzar la economía puede ser percibido, pero en el mientras tanto la política tiene que acompañar a este fenómeno económico adoptando medidas que posibiliten la reconstitución de los niveles de confianza en el país.
-¿Por qué tantos signos de interrogación abiertos en el mercado voluntario cuando se menciona a la Argentina?
-Más allá de la coyuntura que puede transitar un país en particular y la superficialidad de sus acciones, la Argentina no ha tenido reglas de juego claras. Por esa razón, un inversor o los capitales no pueden establecer desde ahora a un año vista, cuáles son las condiciones que les puede llegar a ofrecer el país para preservar el valor de sus fondos, para poder tener la capacidad de convertir los pesos por dólares o tener mayor previsibilidad en materia impositiva y también laboral. Por esas y otras razones más, la Argentina está anémica en materia de inversiones.
-El sector público nacional intentará reactivar la economía de 2021 a través de un ambicioso plan de obras y trabajos públicos...
-El gasto público es procíclico en los años electores. Eso es un fenómeno histórico. Si no se determina fehacientemente cuál ha sido o será la incidencia del gasto Covid para explicar el déficit fiscal, será difícil que pueda desarrollarse un ambicioso programa de obras públicas que, naturalmente, se derraman en las provincias y es lo que requieren para apuntalar sus economías. En los países que planifican sus economías, el motor para el crecimiento suele ser el sector privado, mientras que el Estado se encarga de la asignación de recursos y de su eficiencia. Sin un acuerdo con el FMI, el Banco Central tendrá que volcar más pesos a la calle, lo que puede causar una aceleración inflacionaria y una brecha cambiaria más alta.
-¿Qué le pasó al dólar en el último tramo de 2020?
-Es un fenómeno que hay que analizar a lo largo de los dos últimos meses del año pasado. Hubo cierta estabilidad cambiaria, que permitió que la brecha para el caso del Contado con Liquidación bajara del 130% al 70%. Algunas estrategias financieras del Gobierno han contribuido para que esto sea posible, como el hecho de salir al mercado ofreciendo convertir el financiamiento con bonos Dólar Linked o los instrumentos financieros que se ajustar por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). Eso dio indicios de que se podía moderar el gasto público con medidas heterodoxas que le puso un techo al dólar financiero. Y luego jugó la estacionalidad de la demanda de pesos que en diciembre suele ser más alta que el resto del año. Por eso la dolarización pareciera que no dio sorpresas en la recta final de 2020. Ese beneficio provisorio, no obstante, podría revertirse. Asimismo, hay condiciones internacionales que podrían favorecer al Gobierno con la soja en el mejor valor en seis años, y con una tasa de interés internacional en cero que, a su vez, debería cristalizarse en un shock de confianza para que el riesgo país de la Argentina baje de la zona de los 1.300 puntos básicos. Esa es otra de las claves que habrá que tomar en cuenta como meta para la regularización de la situación argentina en el contexto global, que el riesgo país baje a niveles relativamente razonables para cambiarle el humor a la economía.








