Siete tips para no procrastinar y cumplir con los objetivos anuales que te propongas hoy - LA GACETA Tucumán

Siete tips para no procrastinar y cumplir con los objetivos anuales que te propongas hoy

La coach Natalia Sleiman cuenta qué hay que hacer para mantener la energía y sostener los proyectos durante todo el 2021.

01 Ene 2021 Por Hernán Miranda
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En marzo pasado, cuando el Gobierno decretó el aislamiento obligatorio, muchas personas sintieron que se les caía la estantería, que tenían que repensar los planes que habían hecho menos de tres meses antes. Más de nueve después, en el primer día de 2021, la incertidumbre continúa: nadie sabe a ciencia cierta cuándo terminará la pandemia de coronavirus y retornará la vieja normalidad. Por eso quizá resulte importante, en este principio de año, contar más que nunca con los imprevistos y adoptar la actitud más flexible posible.

Estas son dos recomendaciones que Natalia Sleiman, directora de Naser - Coaching & Constelaciones Familiares, les propone a los tucumanos que quieren perseverar en sus objetivos. En diálogo con LA GACETA, ella enumera y desarrolla los tips que aparecen a continuación y transmite un último (o primer) consejo: “a la hora de elegir los objetivos, tenemos que adherirnos a lo que podemos llamar principio de realidad. Hay que reconocer qué cosas pueden ser hechas, pero también hay que ver cuáles de nuestras creencias nos limitan y transformarlas en creencias posibilitantes. Así primero vamos a lograr pequeños proyectos y luego vamos a descubrir que somos capaces de megaproyectos”.

Definir un para qué.

Lo primero es encontrar un propósito, o sea, un qué hacer acompañado de un para qué hacerlo. “Muchas personas se quedan con el qué pero se olvidan del para qué, que es lo que asocia el objetivo con el compromiso -advierte la coach-. Lo nombro primero porque es lo más profundo y más importante: solo cuando el objetivo, el qué, está al servicio del propósito, del para qué, la persona se compromete”.

Poner el corazón en la tarea.

En consecuencia, el segundo paso es el compromiso. Sleiman considera que hay dos formas de actuar: por obediencia o por compromiso. En el primer caso, la tarea se convierte en un peso y, si no es una obligación, termina en la deserción; en el segundo, en cambio, la persona hace las cosas por amor y busca todos los medios para concretarlas. “Comprometerse es poner el corazón en la tarea. Cuando nos comprometemos, no decimos: ‘me falta tiempo’ o ‘no cuento con los materiales’, sino que encontramos una gran fuerza que nos impulsa más allá de lo que está disponible y nos lleva a excavar para buscar en los más profundo de nuestro ser”, expresa con entusiasmo.

No buscar la perfección.

Muchas veces las personas se atoran porque postergan sus acciones para un supuesto momento perfecto o porque pretenden ser demasiado prolijas. Entonces, la propuesta es usar las herramientas que hay ahora a disposición y comenzar ya mismo: “la búsqueda de la perfección es enemiga de lo práctico y está demasiado asociada al control. No nos permite afrontar la incertidumbre y nos lleva a la frustración. Cuando el lunes no hicimos dieta, a veces decimos: ‘empiezo el otro lunes’. Bueno, no hay que esperar hasta ningún lunes sino empezar hoy sin pretender controlarlo absolutamente todo”.

Afrontar las conversaciones.

En el trabajo y la familia, suele ocurrir que las acciones y las relaciones se atascan porque los miembros del grupo evitan las charlas difíciles. La coach observa que a veces los proyectos no avanzan porque una persona está esperando un permiso pero no se anima a mantener la conversación que le permitiría ir hacia adelante. “Hay que manifestar las diferencias y no tenerles miedo a las conversaciones -aconseja-. Esto es fundamental porque muchas veces asociamos el desacuerdo con el quiebre y, por ejemplo, tememos que una relación se rompa. Pero no es así: una relación no pierde sentido porque la pareja tenga diferencias y es posible acordar en la diferencia”.

Aprender a cambiar de planes.

Puede ocurrir que los seres humanos se aferren a un plan elaborado para un objetivo particular incluso si ese objetivo desaparece. Por eso hay que animarse a hacer nuevos planes. “Podríamos titular este tip como: ‘Desapego al resultado, amor al proceso’. Consiste en aprender lo que el camino nos va mostrando. Si el objetivo cambia, pero el propósito es el mismo, no hay que tener miedo de cambiar de planes. Muchas personas me contaron que iniciaron el año pasado con entusiasmo pero se estancaron por la cuarentena. Creo que si el propósito era, por ejemplo, enseñar, no había que dejar de dar el curso sino aprender a hacerlo de manera online. Actitudes como esta, que son fundamentales cuando nada es seguro, me han servido a mí misma para rediseñar mi trabajo y acompañar a mis equipos”, testimonia Sleiman.

Olvidarse del premio.

Hay gente que confunde el logro de un objetivo con la necesidad de obtener una caricia y, por lo tanto, se frustra si esta no aparece. Para evitar esa sensación de fracaso resulta preciso dejar a un lado el trofeo y enfocarse en uno mismo: “cuando hacemos algo con compromiso, la recompensa es la autosuperación y no el reconocimiento ajeno. Es lindo que nos feliciten por la calle, pero el propósito debe tener que ver con sentirnos satisfechos con nosotros mismos. Si ponemos amor en la tarea, ella nos parecerá genuina y útil y nos desapegará del trofeo, que pasará a ser una adición al regalo principal”.

Fraccionar los grandes objetivos.

Por último, para evitar que a fin de año lleguen la desesperación y los remordimientos por no haber logrado los objetivos, siempre servirá planificar pequeños pasos para alcanzarlos. “Es ir por partes, fraccionar el gran objetivo en pequeños objetivos fácilmente cumplibles -define Sleiman-. Si tenés que rendir seis materias, calculá cuántas horas diarias de estudio necesitás para rendir la primera. Si necesitás bajar 10 kilos, proponete bajar el primero en este tiempo y con esta dieta y este ejercicio. Así vas a descubrir, casi sin darte cuenta, que vas cumpliendo los objetivos de largo plazo”.

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