Vení, hablemos un ratito de Maradona - LA GACETA Tucumán

Vení, hablemos un ratito de Maradona

El ídolo no admite grises y así queda reflejado en cualquier charla de amigos. Aunque las diferencias no son tan profundas como parece.

27 Dic 2020 Por Carlos Werner
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La pelota no se mancha, y además disfruta cuando un genio como Diego juega con ella. Su muerte, el 25 de noviembre, estremeció al mundo.

(Diálogo imaginario entre amigos, con la figura ya eterna de Diego Armando Maradona como excusa. Una expresión sobre hechos reales y subjetividades, a la luz de un adiós prematuro y una vida descomunal)

- ¿Qué pensás si te pregunto sobre Maradona?

- Que fue un grandísimo jugador de fútbol. Tal vez el mejor. Pero lo digo yo hoy, que lo vi jugar, aunque en su momento lo mismo dijeron mi viejo o mi abuelo de Di Stéfano, de Pelé, de Cruyff, y ahora lo dice mi hijo de Messi. Los gustos están atados a lo generacional.

- ¿Eso creés? ¿Que lo de Diego representaba un gusto? ¿Que lo de él se termina sólo en algo “generacional”, de alguien que se dedicó a patear bien una pelota y hacer jugadas interesantes? ¿Nada más?

- Bueno, tal vez me quedé un poco corto. Admito que en su momento también inspiró a la gente, le llevó alegría, le dio un motivo para creer. Más en un país como la Argentina, que siempre está al borde del abismo. Eso es algo que siempre veo que logra nuestro deporte, sobre todo el fútbol, cuando alguien, o un equipo, consigue algo destacado. Lo de generacional tiene un poco ese sentido. Mi abuelo me contaba que Fangio, cuando ganaba sus títulos de Fórmula 1, movilizaba a la gente. Todos querían ser como él. “¿Quién te creés? ¿Fangio?”, le decía mi abuela cuando él estaba en ganador. Y sí como Firpo, con Vilas, con Monzón… Es como cuando vos escuchabas el “¡dale, Maradona!”, cuando gambeteabas en la cancha del barrio. Veo que hoy los chicos se ven en Messi, o un basquetbolista en Ginóbili, o un tenista en Del Potro…

- Puede ser, supongo que está bien la relación que hacés, pero ¿no creés que Maradona trascendió al deporte, hizo algo que otros no, que abrió un camino?

- En algunos sentidos sí. Les pasa en muchos países a quienes suben a un pedestal “popular”. Aquí pasa con el deporte, quizás con el espectáculo, por ahí aparece algún héroe de la independencia, algún político, un científico. Vi que a Maradona, desde las artes, la cultura, le hicieron un lugar, lo pintaron, le cantaron, se sintieron atraídos por su personalidad y sus logros. Hay gente que lo estudió, que lo analizó. Sin dudas es un ídolo popular. Pero…

- ¿Pero qué?

- No sé. Siento que el hombre fue rifando sus logros haciendo lo que quiso y como quiso. Que eso lo fue destruyendo. Se naturalizaron en él los excesos. Y quienes lo rodearon lo dejaron, o no pudieron hacer demasiado. No lo juzgo, cada uno es dueño de su vida. Pero el tema es que empezó a dañarse a sí mismo y a su gente. Mirá lo que es el lío que dejó en su familia…

- Está, pero se trata de actos privados…

- Pero de un hombre público. Hay una frontera ahí que muchos no entendemos. Quizás Maradona, sin sus conquistas, su personalidad, esa parte de sus relaciones a las que muchos calificaron de malas, sin la exposición a veces feroz a la que se vio sometido, podría haber tenido otra vida. No sé, tal vez más larga. O menos accidentada.

- Pero son decisiones personales, como el tema de las drogas que lo fueron consumiendo…

- Tal cual. Ahí aparece el tema de las malas relaciones. No dudo que hubo gente que lo cuidó, que lo quiso sacar de ese mundo. Pero también es cierto que todos sabían que Maradona hacía sus propias leyes y las ejecutaba, que era difícil de llevar, que sus límites no eran tales.

- ¿Lo ves como un ángel y un demonio?

- Puede ser, si lo llevamos para el lado de la religión. Un poco fue como cualquier ser humano, que tiene su lado rico, pero también sus miserias. Sólo que tal vez el común de la gente controla eso, lo pone en equilibrio. Pero Maradona no era una persona común.

- ¿Cuánto creés que incidió en sus decisiones el hecho de ver que la gente le rendía culto? No sé, ejemplos: la iglesia maradoniana, el ser considerado un semidios en Nápoles, su magnetismo en cada lugar que visitaba, los homenajes, hasta el perdón por cosas increíbles e ilegales que hizo, como el gol con la mano a los ingleses…

- Pienso que eso es algo que uno no busca, sino que se va formando al influjo de lo que hace, proyecta, comparte. Y sí, puede que Diego se haya creído indestructible. Se salvó varias veces de morir por los problemas que le provocaban sus adicciones y siempre encontraba la forma de recuperarse. Y de reconstruirse. Recuerdo un reportaje que le hicieron a un ex jugador que también incursionó en las drogas, que se mostró sorprendido por ver cómo Maradona consumía y no sufría efectos, al menos inmediatos.

- Eso de que él se paraba frente a un micrófono o una cámara y no dejaba títere con cabeza, ¿cómo lo ves? ¡Ni los poderosos se salvaban!

- Bueno, son elecciones también de cómo plantarse ante los demás. Mi vieja me decía que es mejor encontrarte con alguien que te diga las cosas de frente y no alguien que se guarde su opinión y después la diga a tu espalda. Diego hablaba, a veces con razón, otras no. Pero hasta en eso era “bien” argentino. Nuestras contradicciones son conocidas…

- ¿Y qué hay del deporte? ¿Lo ves a Maradona como intocable?

- Sin dudas. Lo veo como un talento, un genio, un elegido. Todos dicen que él y 10 más ganaron el Mundial en México. El segundo gol a los ingleses le dio inmunidad eterna. Hasta en el país de sus rivales lo reverenciaron. Lo que hizo en Japón en el 79 siendo un pibe fue tremendo. El título con Boca del 81, ¡ese gol que le hizo a River gambeteando a medio equipo! Haber llevado al Napoli, de la zona más pobre de Italia, a lo más alto, fue otro hito. Jugar un Mundial con un pie destruido y ayudar a llevar a la final a la Argentina en Italia fue épico. ¡Quién puede olvidar el estiletazo que sacó para habilitar a Caniggia en el gol a los brasileños! Uff, hay un montón de cosas…

- También están las cosas malas de él desde el deporte…

- Y sí. Lo del Mundial de Estados Unidos cuando dio positivo por doping nos mató a todos, nos dejó una angustia terrible. Como también pasó cuando tuvo líos con la policía, la Justicia, los periodistas, la FIFA. Verlo en problemas nos afectaba, porque lo sentíamos un poco parte de la familia.

- Una cosa que me llamó siempre la atención es que no trasladó sus éxitos como jugador a su rol de DT…

- Pero no hay una fórmula exacta en eso. ¿Cuántos técnicos exitosos fueron jugadores del montón? Casos como los de Beckenbauer o de Mario Lobo Zagallo no se dan siempre.

- ¿Pensás que Diego se convirtió en un ícono del fútbol y de los negocios?

- Definitivamente.

- Yo cierro los ojos y veo una industria Maradona desde siempre. Ese video en blanco y negro cuando era un niño, recontraeditado en esa parte en la que habla de sus sueños, de jugar un Mundial y ganarlo, es un poco el origen de lo que digo. Todo lo que él hacía generaba una reacción y una acción. Bah, un negocio. Y de él se colgaron más malos que buenos. Ahora, ya muerto, esa industria sigue. Están los derechos por sus nombres y apodos, los emprendimientos vigentes en forma de libros, películas o lo que sea. Hasta la herencia que dejó es un negocio. Veo que todo esto recién está comenzando…

- Lo de la herencia es todo un tema, esa va a ser una pelea para largo. Quién sabe si hay alguien que conozca a la perfección qué cosas dejó Maradona. Encima está el tema de los hijos que tuvo, que hace más difuso el asunto. Como que a cada rato le sale uno nuevo. Y, a futuro, está el manejo y control de la imagen…

- ¿Y cómo ves lo de la otra herencia que dejó? Digo, el legado desde su historia de vida, los valores deportivos, su amor por la camiseta celeste y blanca, sea el deporte que sea…

- Esa es quizás una de las cosas de las que todos debemos aprender. No digo pensar en términos deportivos, porque no todos podemos llegar a representar al país en el mundo. Digo en aquello de entender que, pese a todos los problemas que enfrentamos día a día, desde tiempos inmemoriales, hay una bandera que defender. Que todos somos argentinos, que no tiene sentido dividirnos, ni pensar sólo en dejar este suelo porque no nos ofrece una salida. Veo que Diego se puso por nosotros la camiseta. El día que puteó a los italianos porque silbaban el Himno fue épico.

- Yo veo también que hay una fuerza que seguirá transmitiendo a mucha gente en el deporte. Sobre todo, a los chicos en aquello de creer en sí mismos, en perseguir sus sueños, en concretarlos, con gambetas, saques, remates, entrenamiento, sacrificio, dedicación. Pero también veo que Diego transmitirá esa energía a quienes busquen crecer con un lápiz y un cuaderno, o con una computadora. Esa es un poco la esencia de referentes como él: entender que lo que logran no se remite sólo al ámbito en que lo hacen.

- Y sí, visto así, Diego dejó cosas valiosas, que se irán valorando más con el paso del tiempo. Siento que por cosas así, él nunca se va a ir de nosotros…

- Y no lo hará jamás. Creeme.

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