MUÑECOS DE CARTÓN. Las artesanías de Emanuel Concha le permiten conectarse con sus seres queridos.
Hubo que reinventarse. El aislamiento dispuesto por el coronavirus alteró muchas formas de comunicarse y los espacios físicos de vinculación. Eran desafíos difíciles de superar para mantener en alto un objetivo vital: que los y las jóvenes de la provincia puedan expresar lo que les pasa.
La salida es un ejemplo posible de la articulación dentro del Estado. El Elenco de Variedades del Ente Cultural (a través de Sebastián Bulacio y Gonzalo Véliz) y la Direccion de Juventud del Ministerio de Desarrollo Social idearon y pusieron en práctica “Minuto Joven”, una experiencia donde en apenas 60 segundos se cuentan cuatro historias reales, vividas y relatadas por sus protagonistas. Los videos se pueden ver desde las páginas de Facebook de las direcciones de Juventud y de Teatro, y circulan por WhatsApp. El resultado positivo abrió las puertas a una segunda etapa, que se llamará Proyecto Yunta, a desarrollarse desde principios de 2021 por el Ente.
- ¿Cómo surgió la propuesta?
- (Sebastián Bulacio - SB) Con Gonzalo teníamos la inquietud y la urgencia por decir algo, pero no de la manera que siempre lo hacemos, desde el teatro a través de un personaje o desde el payaso que es nuestro lenguaje cotidiano; o lo era hasta el 16 de marzo, cuando nos dijeron no pueden venir más a trabajar, vayan a sus casas.
- (Gonzalo Véliz - GV) Pensamos que era necesario no salir a escena: esta vez debíamos actuar tras bambalinas, escribiendo, produciendo, generando reuniones virtuales y capacitaciones, para que los protagonistas fueran los, las y les jóvenes. En camino a esa búsqueda comenzamos a armar esteproyecto junto a Paula Olazo; y luego se sumó Milay Correa y todos los y las técnicos/as que intervienen en toda la provincia desde la Dirección de Juventud, preocupados porque el aislamiento no resienta el contacto con esta población.
- ¿Cómo encararon el trabajo con las limitaciones de la pandemia?
- (GV) La propuesta en sí es un producto de la pandemia; es decir, está pensada, guionada y producida en este contexto histórico y social que nos toca vivir, con el formato de historias de bolsillo: algo corto, liviano, que se pueda compartir por las diferentes redes sociales y plataformas virtuales; de ahí su duración. La pandemia no actuó como limitante, sino todo lo contrario: sirvió para abrir las puertas a la creatividad y generar estrategias para poder llevar a cabo estas pequeñas pero grandes historias.
- ¿Qué identifica a las historias que se cuentan?
- (SB) Un emergente que se reitera en todas las experiencias es la necesidad de contar, de compartir y de exorcizar este momento. Existen dichos populares, viejos estereotipos que expresan millones de prejuicios: “la juventud está perdida”, “son vagos que no hacen nada”, “no sirven para nada”... En unos cuantos segundos, con historias locales, esos mitos caen hasta quedar hechos polvo. Es una población muy activa y con ansias de protagonismo; lo que faltan son espacios para que puedan desarrollarse, capacitarse y potenciar sus capacidades. Este es un pequeño esfuerzo conjunto entre dos direcciones pequeñas del Estado provincial, para mostrar a esta franja en su totalidad, compleja, pujante y enérgica.
- ¿Se ficcionan las historias o se las registra en formato documental?
- (SB) La cocina de elaboración de cada una de las propuestas es un entramado complejo, ya que si bien comparten todas una misma estética, un formato, se partió desde diferentes lugares y eso no viene impuesto. Se generó la idea y el posterior guión mediante reuniones virtuales con quien desea contar algo, en un proceso de ida y vuelta donde luego se aborda el relato con los puntos principales (llamados boyas), que creemos esenciales para cada historia. Por último se pasó la etapa de producción donde, con muchos recaudos, se filmó. Por decisión de los y las protagonistas abordamos la narración audiovisual en un formato similar al documental, que viene de la mano de la noción de contar-contándose. Las tramas nos narran desde diferentes lugares y formatos las actividades de una parte de la juventud: Mica es una joven que abrió en al barrio ExAeropuerto un merendero que alimenta a unas 80 personas por día; Flor es mamá soltera, con dos hijos y levanta su casa a la vez que va comentando como se va reconstruyendo ella misma; Emanuel hace muñecos de cartón en La Bombilla y Carlos es un maratonista que se prepara para correr competencias (foto superior).
- Afirman que “historias sobran”, ¿por qué no se las conoce?
- (GV) Todos somos portadores de historias, somos narradores en potencia, a veces nos falta simplemente arbitrar espacios y estrategias en las que se puedan materializar estas ideas desde las artes, la escritura, los deportes... Lamentablemente seguimos teniendo una noción de cultura centralista, donde el más cercano a las urbes tiene mayores posibilidades de acceso. Por experiencia propia, en estos años lo venimos observando y reclamando: es necesario poner en funcionamiento espacios de participación que sean verdaderos, inclusivos y que trasciendan las gestiones gubernamentales.
- Su trabajo territorial artístico viene desde hace tiempo, ¿cambió algo en los últimos años?
- (GV) Hace ya casi ocho años que estamos trabajando en todo el territorio provincial; felizmente actuamos en distintos escenarios, grandes, medianos, chicos, sin escenario, desde el Teatro San Martin, hasta bajo la sombra de una mora en pleno verano, y ante los espectadores más diversos, como lo hacían las grandes compañías de radioteatro. Siempre pensamos y reafirmamos que somos unos privilegiados, por trabajar con algo que de verdad nos gusta, apasiona y hace bien.
- Como clowns trabajan la risa, ¿sirve de algo en este contexto?
- (SB) El actor, el payaso, el clown en estas situaciones, tiene un desafío muy grande; no solo hacer reír, sino que a través de esa risa el público pueda pensar, reflexionar y posicionarse. La risa es una herramienta, no un fin a alcanzar, sino todo lo que hacemos no tiene sentido. No podemos competir contra la televisión, internet, los juegos, las plataformas que son las grandes generadoras de entretenimiento pasatista. Desde hace años los y las chicos/as desplazaron la tele por las pantallas de los celulares, desde donde con solo unos pases mágicos de pulgares pueden acceder a un mundo que en nuestra infancia era inimaginable. Hoy pasan horas frente al teléfono consumiendo con solo desplazar el pulgar lo que se les parece y les llama la atención.








