“Un pedacito de nosotros se fue con él” - LA GACETA Tucumán

“Un pedacito de nosotros se fue con él”

El sociólogo Ricardo Rouvier sostiene que Maradona representó lo bueno y lo malo de la argentinidad; la habilidad y la picardía juntas.

27 Nov 2020 Por Marcelo Aguaysol
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“Quiero ser el ídolo de los niños pobres de Nápoles porque ellos son como yo de chiquito en Villa Fiorito”. Diego Armando Maradona pronunció esta frase en 1984, cuando llegó al sur italiano. En ese mensaje puso al desnudo que su argentinidad no tenía barreras ni se resistía a las fronteras. Su pasaporte al éxito llevaba ese sello, la síntesis de lo que representa un argentino para el mundo. “Diego Maradona ha sido un gambeteador en la vida, como lo ha sido en la cancha, desparramando rivales para alcanzar el triunfo”, dice a LA GACETA Ricardo Rouvier, sociólogo e investigador de Opinión Pública.

Maradona eludió la pobreza; se subió a la fama y se convirtió en un mito global. “Estamos frente a un ídolo mundial, con referencias y características muy marcadas acerca de lo que es la argentinidad y eso, tal vez, ha sido su gran capital, lo argentino”, indica el experto en un contacto telefónico con nuestro diario.

La muerte ha sido difícil de asimilar en todo el mundo. Maradona atravesó diversas complicaciones de su salud, pero también gambeteaba a las enfermedades. “Todos pensamos que su muerte podría ocurrir, porque a pesar de que uno la espera, no deja de ser sorpresiva”, señala.

¿Y qué es la argentinidad?, se le consulta. “Lo bueno y lo malo; lo positivo y lo negativo de una personalidad; la inteligencia y la picardía; las virtudes y los defectos; la dualidad propia de nuestros habitantes al compromiso y a la transgresión; la emocionalidad que nos invade a cada momento y lo pasional”, contesta Rouvier. “En su forma de ser se habla acerca de lo que somos cada uno de nosotros. Un pedacito de nosotros se fue con él; por eso la idolatría ante un ícono que representa lo que somos para el mundo”, puntualiza.

Maradona ha sido y seguirá siendo la síntesis del argentino, de la diversión y de lo sarcástico; de la emocionalidad y del sentimiento. “Diego vivió como un jugador que se fue transformando en el mito que trascendió en un deporte que es popular en la mayoría de los países”, señala.

Su muerte ha tocado profundamente el corazón del mundo, señala el especialista, que se justifica en la emocionalidad observada desde el momento que trascendió la noticia de su deceso.

“Insisto, una parte nuestra se va con él e indudablemente será más que un recuerdo extraordinario, porque permanecerá en la memoria de los argentinos y hasta me atrevo a decir que el fanatismo puede montarle un santuario para venerarlo, más allá de la iglesia maradoniana”, vaticina.

Rouvier afirma que a Maradona se le ha perdonado todo; se le ha justificado todo, más que a cualquiera, aún cuando no les hizo bien a sus seres queridos ni a las personas más cercanas en su entorno. “Ha sido la síntesis de la lucha por los desprotegidos, con un compromiso mayor hacia los sectores más postergados, no sólo en la Argentina, sino también en Nápoles, cuando alzó al sur de Italia frente al poder real de ese país”.

Simbología

“Maradona es la personificación de la rebelión porque, a su manera particular de ser, le respondió al poder”, considera Rouvier, que no ve los mismos atributos, en el mundo futbolístico, por ejemplo, en Lionel Messi. “El jugador de Barcelona puede llegar a ser el sucesor solamente en el plano de ese deporte, porque no tiene nada que ver con el mito maradoniano, porque no expresa aquella rebeldía como tampoco la argentinidad que representa Maradona. Messi es un extraordinario jugador en el campo deportivo”, refuerza.

La muerte de Maradona ha llegado, incluso, a romper aquello de la grieta social, pero no pudo dejar de desnudar algunas debilidades propias del Estado argentino, como la falta de respuestas cuando hay desbordes que ponen en riesgo la seguridad. Los incidentes de ayer han sido una clara muestra de esa situación.

“Es la muestra de las dificultades que existen cuando se necesita cierto control de situación por parte del Estado. Ojo, no sólo ha pasado ahora, sino que ha trascendido las gestiones -analiza Rouvier-. Es como que nos acostumbramos a ver los desbordes en las tribunas de un estadio, con los barrabravas, nada más que ahora fue alrededor de la Casa Rosada”.

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