Cristo reina por la Vida

22 Nov 2020

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda”.

La solemnidad que celebramos “es como una síntesis de todo el misterio salvífico” (Juan Pablo II, Homilía). Con ella se cierra el año litúrgico, después de haber celebrado todos los misterios de la vida del Señor, y se presenta a nuestra consideración a Cristo glorioso, Rey de toda la creación y de nuestras almas. Cristo vino a establecer su reinado, no con la fuerza de un conquistador, sino con la bondad y mansedumbre del pastor. Con esta solicitud el Señor buscó a los hombres dispersos y alejados de Dios por el pecado. Y como estaban heridos y enfermos, los curó y vendó sus heridas. Tanto los amó que dio la vida por ellos. El Reino instaurado por Jesucristo viene a revelar el amor de Dios, y actúa como fermento y signo de salvación para construir un mundo más justo, más fraterno, más solidario, inspirado en los valores evangélicos de la esperanza y futura bienaventuranza.

Un valor esencial es la Vida humana. Ella constituye un don dado por el Señor y que es puesto en nuestras manos para ser administrado en el desarrollo de su bien y santidad. La Vida es Don y Tarea. Ella viene originariamente de la procreación de los padres que con infusión que Dios le dá con su hálito espiritual de vida. Posee una dignidad intrínseca en su realidad onto-biológica porque es de naturaleza personal. Es tan alta la grandeza de su valor que el Hijo de Dios quiso participar de ella y encarnándose en el seno de Santa María vivió todos los estadíos de su proceso biológico: del embrión a feto, de niño por nacer a nacer como niño. Todo esto refleja la belleza de la Vida donde Cristo también debe reinar.

El reinado de Jesucristo tiene algo que decir frente al proyecto de legalización del aborto. La vida no puede ser mancillada bajo pretexto de derechos y libertades individuales. Todos sabemos por la ciencia que hay vida desde la fusión misma de los gametos germinales; negarlo manifiesta no solo ignorancia sino premeditación de ir contra la dignidad misma de la vida. El reinado de Jesús nos impele a proteger la vida y a buscar que sus derechos sean reconocidos y respetados.

En esta nueva celebración de Cristo Rey renovemos el compromiso de trabajar por el reino de la Vida. Estamos llamados a dignificar la vida en todas la etapas de su arco existencial, desde su concepción hasta su muerte natural. El Señor nos llama a ser Misioneros de la vida y a constituirnos en Líderes de la vida en el momento presente de la historia argentina.

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