Después de meses sin visitarlos, los deudos se pusieron al día con sus muertos en el cementerio - LA GACETA Tucumán

Después de meses sin visitarlos, los deudos se pusieron al día con sus muertos en el cementerio

El cementerio del Norte mostró un movimiento que no se veía desde hacía meses por su cierre durante la cuarentena. El día en que los vivos abrazan a los muertos y les rinden homenaje.

03 Nov 2020 Por Julio Marengo

“Yo siempre digo que la mía es una fe tramposa. Es que si la fe supuestamente es aquello en lo que creemos aunque no podamos verlo, a mí me ha tocado muchas veces ver manifestaciones de la otra vida. La vida y la muerte son parte de lo mismo, y el tiempo que pasamos acá es apenas un instante”.

Enrique Cuezzo lleva algunas horas sentado en el mausoleo que él mismo diseñó en el Cementerio del Norte. No se trata de un ritual que sólo haga una vez al año, como en este caso el Día de los Fieles Difuntos, sino que se repite cada vez que puede. “Creo más en la otra vida que en esta”, le explica a LA GACETA, mientras sostiene un denario en su mano.

VISITA. Alicia Tejerina con su hija, Roxana Pérez, y con su nieto, Matías Pérez, colocando flores a sus difuntos.

El monumento de Cuezzo se emplaza en la calle principal de la necrópolis y es, seguramente, el que más se destaca. El frente está revestido por vitrales de colores estridentes, vívidos, realizados en vitrofusión a medida. “Es que vinculamos la muerte con lo lúgubre, lo oscuro, y no tiene por qué serlo. Es parte de la vida. Este mausoleo donde están mis antepasados y donde estaré yo cuando muera, es un homenaje a la vida, no a la muerte”, defiende.

“En la tierra nunca”, fue la única consigna de su madre cuando Cuezzo le propuso diseñar el mausoleo más iluminado de todo el cementerio. “Compramos el espacio, que estaba abandonado. Debajo quedaron los restos de la familia que era dueña originalmente. Me ofrecieron sacarlos, pero yo no quise: no se trata de ser dueño de nada, si al final de cuentas todo esto es de prestado”, sentencia.

PROTOCOLO. En el ingreso del Cementerio del Norte controlan la temperatura y colocan alcohol en gel.

Entre los cajones de adultos y de niños, con los restos de los antepasados de Cuezzo, hay portarretratos y adornos, entre los que se destacan dos objetos con las letras griegas alfa y omega. “Alfa, en minúscula, por el principio. Omega, la última letra del abecedario griego, el final, en mayúsculas”, describe.

Esperado regreso

Afuera y adentro del cementerio se vivía la fecha como una fiesta popular. Y Érica Aquino era una de las que extrañaba, con el alma, con el cuerpo y con el bolsillo el movimiento de deudos que van a recordar a sus difuntos. “Necesitábamos que el cementerio abriera. Para muchos de nosotros esta es la principal fuente de ingresos y con lo que sostenemos nuestra familia”, contó la mujer, que lleva adelante uno de los 15 puestos de flores que siguen en pie en el acceso a la necrópolis municipal.

EN EL PUESTO. Celeste, la florista más joven del Cementerio del Norte.

En el inicio de la primavera y en otras fechas especiales Érica salió a los semáforos a vender ramos de flores, pero nunca es lo mismo. Y en esa situación estaban todos los floristas, que ofrecían enérgicamente sus productos a todos los que pasaban. Celeste Luna, de 29 años y la más joven de las vendedoras, tampoco veía las horas de volver, a pesar de que hace pocos días falleció su hermana. “Se contagió de covid, que le aceleró otras enfermedades que ya tenía”, cuenta sin lamento. Es que aquí, adentro y afuera del cementerio, la relación con la muerte es otra.

“Hacía meses que no podíamos venir a alumbrar a nuestros difuntos. Venimos siempre a encenderles unas velas, una costumbre que sostiene mi mamá y que yo heredé. Es la luz que los ilumina y que los ayuda a llegar a Dios”, cuenta Jorge Saúl Frías, de 31 años, mientras se persignaba al pie de una lápida en la noria del cementerio, recordando a sus abuelos y otros familiares.

LUZ. Enrique Cuezzo en la puerta del mausoleo hecho con vidrios de color.

Alicia Tejerina hizo un recorrido de cementerios durante todo el día de ayer, acompañada por su esposo, su hija y su nieto. “Vivimos con mucho dolor por no poder visitar a nuestros difuntos. Pasaron todos los eventos importantes, como sus cumpleaños, durante la cuarentena, y no pudimos venir a dejarles unas flores”, lamentó.

Entre las calles grises del cementerio, se destacaba una vereda con juguetes de nena, muñecas y peluches. Natalia Herrera era la encargada de limpiarlos minuciosamente, uno por uno. “En 2011 falleció mi sobrina, de cuatro añitos, por una operación que salió mal. Compramos el mausoleo y pusimos adentro todos los juguetes que tenía en su cuarto. Era loca de los juguetes, tenía todos”, recuerda la tía. “Mirá bebé, vamos a salir en el diario”, dice tras un breve diálogo con este diario.

ALUMBRAR. Jorge Frías, de 31 años, llevó flores y velas para sus abuelos.

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