Los siete desastres que promete el cambio climático - LA GACETA Tucumán

Los siete desastres que promete el cambio climático

Naciones Unidas alerta a menudo sobre cuáles serán los efectos del calentamiento global a lo largo del siglo si no disminuyen la contaminación y las emisiones de efecto invernadero.

25 Oct 2020 Por Hernán Miranda
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Desde 1947, cuando Ward Moore publicó la distopía ecológica “Más verde de lo que creéis”, quizá la primera de su tipo, las advertencias literarias sobre una catástrofe ambiental se han multiplicado sin parar y han llegado incluso al cine infantil. Basta recordar, por ejemplo, la película de Disney   “Wall-E”, que narra la historia de un pequeño robot que se dedica a recolectar basura en la desértica Tierra del año 2800. Pero la devastación del medio ambiente no parece encontrarse tan lejos ni requiere ya demasiada imaginación, según las admoniciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Sucede que el calentamiento global llegó antes de lo previsto y con más intensidad de la esperada. En su último informe, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) urge a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar su impacto no sólo sobre los ecosistemas, sino también, y por tanto, sobre los medios y formas de existencia del hombre. De lo contrario, los seres humanos deberán sobrevivir en alguna de estas distopías para nada ficticias, o tal vez en todas a un solo tiempo.

1- Alimentos más caros y menos nutritivos

La seguridad alimentaria será cada vez más afectada por el cambio climático futuro a través de la disminución del rendimiento agrícola, el aumento de precios, la reducción de la calidad de los nutrientes y las interrupciones en la cadena de suministros, de acuerdo con el IPCC. “Veremos diferentes consecuencias en distintos países, pero habrá un impacto más drástico en los de bajos recursos de África, Asia, América Latina y el Caribe”, predice Priyadarshi Shukla, coautora de un informe intergubernamental.

También la Organización Meteorológica Mundial (OMM) entiende que la variabilidad del clima y los fenómenos metereológicos extremos serán algunos de los principales factores de la permanencia del hambre en el mundo, una violación a los derechos humanos que hoy sufren más de 800 millones de personas. “Una de las principales consecuencias del cambio climático es que la configuración de las precipitaciones se torna más irregular. Eso pone en peligro el rendimiento de las cosechas, por lo que en el futuro los países vulnerables afrontarán un gran desafío para garantizar el acceso a la comida”, avisa el secretario general de la OMM, Petteri Taalas.

2- Más desiertos en todos los continentes

En torno a 500 millones de personas ya viven en áreas que experimentan fenómenos de desertificación, según el IPCC. Las áreas secas no sólo son más vulnerables a los eventos extremos, como las sequías y las tormentas de polvo, sino que también carecen de productividad agrícola y tienen menor capacidad para absorber carbono. Esto último influye en el calentamiento global, que a su vez, en un círculo vicioso, contribuye a una mayor desertificación.

Kiyoto Tanabe, científico del Panel, augura que en el futuro, cuando haya lluvias más intensas, la erosión del suelo arribará también a las tierras que aún son cultivables: “la gestión sostenible de la tierra puede ayudar a reducir los efectos perjudiciales en la erosión del suelo, pero hay límites para lo que se puede hacer y, por lo tanto, hay que esperar que en muchos casos la degradación sea irreversible”.

3- Montañas sin hielo y océanos sin vida

Un mundo con avalanchas sepultando pueblos y ciudades de montaña y con océanos cada vez más ácidos, calientes y sin vida: ese es el futuro que describe el IPCC a causa de los cambios que han experimentado las aguas y los mantos de hielo. Sucede, por una parte, que los mares absorben más del 90% del dióxido de carbono (C02) producido por la actividad humana y entonces pierden oxígeno vital para los ecosistemas que los habitan. De hecho, en las últimas décadas muchas especies marinas tuvieron que emigrar para sobrevivir.

Además, los expertos prevén que los glaciares de los Andes, Europa, África Oriental e Indonesia pierdan más del 80% de su tamaño actual hacia el año 2100. “Esto traerá deslizamientos de tierra, avalanchas, desprendimientos de rocas e inundaciones. Y no sólo perjudicará a los habitantes de esas regiones de alta montaña, sino también a comunidades situadas aguas abajo”, pronostica Panmao Zhai, investigador del Panel.

4- Islas y costas sumergidas bajo el mar

A medida que los glaciares y los mantos de hielo de las regiones polares y de montaña se derritan, el nivel del mar subirá y las aguas de los océanos se expandirán. Aun cuando los gases de efecto invernadero se redujeran radicalmente y el calentamiento global se limitara a menos de dos grandes centígrados sobre la temperatura preindustrial, para el año 2100 el aumento del nivel actual del mar alcanzaría entre 60 centímetros y más de un metro, en base a cálculos del IPCC.

Esto agravará los riesgos a los que de por sí están expuestos los Estados insulares y las ciudades costeras de baja altitud. De hecho, las mareas altas y los ciclones devastadores, fenómenos que en muchos lugares ocurrían cada 100 años, se convertirán en eventos anuales a mediados de este siglo. “La exposición a inundaciones cada vez mayores hará que algunas naciones insulares enteras dejen de ser habitables”, presagia la especialista del IPCC Valérie Masson-Delmotte.

5- Olas de calor e incendios récord

El último lustro tuvo la temperatura global promedio más alta registrada en la historia, según la OMM. Si las emisiones de efecto invernadero continuaran aumentando como hasta ahora, en 2050 las temperaturas promedio del verano serían hasta 4,5 grados centígrados más altas que las actuales. “Las intensas y extensas olas de calor de hoy en día llevan la firma del cambio climático provocado por el hombre. Y hay que esperar que sean más frecuentes y más intensas”, alerta la portavoz de la institución, Claire Nullis.

Las olas de calor matan a miles de personas cada año y a menudo desencadenan efectos secundarios como fallas en las redes eléctricas e incendios forestales. De hecho, el año pasado estos últimos aparecieron incluso en el Ártico, Groenlandia y Alaska, zonas donde no había precedentes de grandes fuegos. La OMM teme además que los incendios generalizados en el Amazonas y las selvas tropicales de África, que variaban considerablemente entre una temporada y otra, comiencen a repetirse todos los años. A corto plazo implicarían una amenaza letal para las comunidades, las plantas y los animales de esos lugares, y a largo plazo contribuirían al calentamiento global: los incendios emiten C02 y, a causa de la pérdida de bosques, conducen a una menor absorción del que existe en la atmósfera.

6- Contaminación con sustancias tóxicas

Pero bajo la sombra -fascinante, aterradora- de las amenazas existenciales del cambio climático y el colapso de la biodiversidad, se encuentra escondida la mayor fuente de muerte prematura en el mundo: la exposición a sustancias tóxicas. Para el relator especial de la ONU sobre Sustancias y Desechos Peligrosos, Baskut Tuncak, acontece una silenciosa pandemia de enfermedades y discapacidades causadas por tóxicos que violan invisiblemente los derechos al aire, el agua, la comida, la vivienda y el trabajo seguros de miles de millones de personas.

“Existe el peligro de que los derechos humanos sean una promesa falsa y nunca se realicen a causa de este cóctel de contaminación”, vaticina Tuncak. Plásticos desechados, pesticidas peligrosos, contaminación atmosférica, químicos cuya inocuidad no está verificada y metales pesados en los alimentos y el agua, entre otros, son los ingredientes de ese cóctel. “Mientras tanto -protesta el relator-, los Estados continúan encerrados en debates de años o décadas sobre lo que debe ser considerado limpio o saludable”.

7- Sobreurbanización y superpoblación

Según la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (Ipbes), patrocinada por la ONU, las áreas urbanas se han duplicado a nivel mundial tan sólo desde 1992. Además, la Ipbes estima que la longitud de las rutas pavimentadas aumentará en 25 millones de kilómetros hasta 2050. “Estas expansiones de carreteras, ciudades e infraestructura civil no será inocua, sino que conllevará altos costos ambientales y sociales, como deforestaciones, extinciones, hacinamientos y desplazamientos”, previene Robert Watson, presidente de la Plataforma.

La sobreurbanización no ocurriría sin su correlato: la superpoblación. La ONU espera que la población mundial aumente de las 7.700 millones de personas actuales a 11.000 millones hacia 2100. La titular de la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres (Undrr), Mami Mizutori, considera que la presente pandemia de coronavirus ha dejado en evidencia que el crecimiento demográfico y la urbanización descontrolados son factores de riesgo para la salud de la población. “Me resulta desconcertante -transmite- que las naciones sigan sembrando conscientemente las semillas de nuestra propia destrucción. Hay pruebas abrumadoras de que estamos convirtiendo nuestro único hogar en un infierno inhabitable para millones de personas”.

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