Literatura: ¿una traducción puede mejorar el texto original?

Reflexiones sobre el oficio de traducir de una lengua a otrade los escritores Inés Garland, Ariel Dilon y Cecilia Pavón.

17 Oct 2020
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ORIGEN DE LOS IDIOMAS. Representación de Pieter Brueghel llamada “El viejo de la Torre de Babel”.

¿Una traducción puede mejorar el original? ¿El traductor corrige? Estas son algunas de las preguntas sobre las que reflexionan los escritores y traductores Inés Garland, Ariel Dilon y Cecilia Pavón. El tema de la traducción será uno de los ejes centrales del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) que comienza hoy con una agenda que ofrecerá varias actividades en torno de las múltiples formas de pensar la migración entre lenguas y también de lenguajes.

Los autores mencionados, en una entrevista con Télam, también plantean los errores o tergiversaciones que en ocasiones se han producido en un texto durante el pasaje de una lengua a otra.

Un ejemplo de error literario aparece nada más ni nada menos que en el meticuloso escritor argentino Jorge Luis Borges, en el cuento “La Biblioteca de Babel”. Allí, el narrador describe el infinito de la biblioteca y dice que “una de las caras libres” del hexágono da a un pasillo, cuando en realidad deberían ser dos caras que den a dos pasillos para que se genere un flujo continuo de sala a sala.

Los distintos traductores mantuvieron el error del autor de “Ficciones”, excepto una edición francesa que se animó a corregir al cuentista argentino: “Chacun des pans libres?” (cada uno de los lados libres).

Otro ejemplo, pero a la inversa, es el final cambiado de “Neighbors” (”Vecinos”) el famoso cuento de Raymond Carver. En la versión original los vecinos cuidadores de una casa se olvidan la llave adentro y cuando tratan de abrir la puerta, está trabada. Sin embargo, en la traducción de Anagrama dice: “Estaba cerrado con llave” lo cual cambia todo el sentido y desconcierta al lector que intenta detectar algún componente fantástico u otra profundidad psicológica como explicación de lo que les sucede a esas personas con la casa del vecino.

Incomodidad

Deshilvanando prolijamente el tejido de la escritura, el traductor puede encontrarse en el texto con algún error (o cometerlo), pero no le ha sucedido a Garland, que señala que tradujo a escritores demasiado buenos como para arrogarse el derecho de corregirlos y trata de mantener hasta combinaciones que considera equivocadas.

“Trato de no ordenar una frase desordenada si me doy cuenta de que en la lengua original se podría haber ordenado. Me gusta la incomodidad de lo que no se diría exactamente así en mi lengua materna. Se descubren maneras de mirar el mundo cuando se mira a través de los ojos de traducir, porque no sólo el escritor tiene la mirada diferente, ya sea afín o disonante, también la lengua tiene una mirada diferente del mundo”, afirma.

“Siempre peor”

Según Dilon, desde el punto de vista del original, el traducido “es ‘siempre peor’, puesto que es otro”. Y cita al teórico Antoine Berman, que contabilizó los modos de “deformación” por los que la traducción “destruye” su fuente: son numerosos y, en buena medida, inevitables.

“Para decirlo en un lenguaje menos catastrófico -marca Dilon- si una traducción fuera juzgada en términos de imitación, tal como la ejercen muchos actores, sería sin duda un producto fallido: un imitador que ni siquiera habla la lengua de su modelo, ¡dónde se ha visto! He allí tal vez el parentesco entre parodia y traducción: en ‘El gran dictador’ Chaplin ‘traduce’ el discurso de odio de Hitler en la glosolalia de su personaje, Adenoid Hinkel. La imitación produce risa; la traducción aspira en cambio a encender una trama de efectos compatible con la que suscita el original?”.

Como la música

Para Pavón, el buen traductor es el que puede conservar de alguna forma “ese aura, o espíritu, o como se llame, lo que vuelve un texto una obra de arte que no son meramente las palabras”. . Para ella, la traducción no es una reescritura y prefiere plantearla con una metáfora de la música: “El original sería la partitura y el traductor interpreta con su ‘instrumento’ lo que ve escrito en el pentagrama”, señala.

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