Rugby: nostalgias con sabor a gin tonic

Julio Williams repasa algunos momentos de su pasado rugbístico, en una charla matizada con un gin tonic.

05 Oct 2020

Sin desmerecer el presente, y mucho menos el futuro, a Julio Williams le gusta sumergirse en los recuerdos con frecuencia. En ese cofre tiene muchas historias y fotos que vale la pena desempolvar y compartir, aunque las horas nunca sean suficientes para abarcar más que unas cuantas. Pero si se va a ejercitar la nostalgia, qué mejor manera de hacerlo que observando un hermoso atardecer yerbabuenense en la galería de su casa con una copa de gin tonic en la mano. Más aún si el gin lleva su firma: Williams & Williams London Dry Gin. “Lo empecé a elaborar durante la cuarentena, a partir de una receta detallada en una carta que encontré entre las cosas de mi padre”, cuenta Julio, ya no sólo en papel de entrevistado sino también de anfitrión y bartender.

En un banco de madera, aparecen superpuestas varias de las camisetas que guarda como tesoros. Principalmente, la de Tucumán Rugby, la primera que vistió, aunque no la única. “Yo empecé en el club en el año 70. Pero cuando mis viejos se separaron, me fui a vivir al centro un par de años, y en ese tiempo jugué en Universitario, que todavía estaba en el Departamento de Educación Física. Después volví a Tucumán Rugby por insistencia de mis amigos, pero me quedaron muchas amistades también en ‘Uni’. Por eso, aunque tengo un solo club, son varias las camisetas que quiero”, explica Julio, que también vistió la del San Isidro Club mientras vivió en Buenos Aires. “Tengo amigos en todos lados. Siempre digo que el rugby es un medio y no un fin. Es un medio para hacer amigos en todos los clubes. Hace 25 años que volví de Italia y no hay semana que no reciba un llamado de algún amigo de allá. A muchos les enseñé a tomar fernet con coca”, recuerda.

La camiseta de CUS Perugia asoma como representante de su paso por el rugby italiano, a principios de los 90, por obra y gracia de su hermano Federico. “El se fue primero y desde allá me llamó para invitarme a ir. Yo ya tenía 31 años, me sentía grande ya para dar ese paso, pero él me dijo que ya había hablado para que me sumaran al Perugia. El detalle es que los tipos necesitaban un pateador, y él les había dicho que yo sabía. Lo quería matar, le dije que estaba loco, que cómo les iba a decir eso si yo no había pateado en mi vida. Pero bueno, necesitaban uno, así que me fui a Lawn Tennis a pedirle al ‘Negro’ Tejerizo que me enseñe. Pasábamos horas pateando a los palos, porque a los pocos días ya tenía que estar allá. Y mirá lo que son las cosas: terminé siendo pateador y goleador del equipo”.

De todos modos, eso de que no había pateado nunca no era del todo cierto. Una década antes, vistiendo la “naranja”, se había animado a probar con el pie en la última jugada de un partido contra Mendoza, por el torneo Centro de la República. “Faltaba un minuto y perdíamos por dos puntos. El fullback de ellos patea desde su ingoal intentando sacarla al line, pero la deja adentro y ahí la agarro yo, que estaba ubicado de wing abierto. A pesar de que estaba esquinado, sobre las 10 yardas, lo único que se me ocurrió fue tirar un drop. Me perfilé y saqué el bombazo, pero salió como si fuera un globo pinchado. El ‘Gallo’ Cabrera grita Noooooo, pero cuando ve que la pelota entra con lo justo, empieza a gritar Síííííí, y se termina el partido. Ganamos con mi drop y me llevaron en andas”, recuerda.

TESOROS. Julio suele publicar en su grupo de Facebook “Tucumán Rugby Club en el recuerdo” muchas fotos históricas que conserva de sus épocas como fotógrafo deportivo. Además, guarda muchas de las camisetas que usó o intercambió en sus más de tres décadas como jugador.

Pero reconoce que aquel acierto lo engolosinó. Porque una semana más tarde, en un partido en Rosario, volvió a intentarlo. “Tras un line, la pelota me llega a mí, que estaba por el ciego. Y desde ahí le pegué de drop otra vez, pero el tiro me salió bajito y casi le arranqué la cabeza a los forwards. Desde entonces, algunos amigos, como ‘Perico’ (Pedro) Merlo, me gastan con ‘los drops de Julio Williams’ ja ja”, acepta.

Los tiempos han cambiado mucho, y si bien disfruta de ver el rugby profesional, entiende que el rugby argentino debe volver a las bases. “El proyecto de (Agustín) Pichot me encantaba, pero creo que nuestro país no está en condiciones económicas de afrontarlo. Por otro lado, Argentina tiene una base única de clubes, que nos dio grandes frutos y que no debemos desaprovechar. Hay que volcar los recursos hacia ahí, hacia los clubes. Y tratar de recuperar el Campeonato Argentino. Cuando dispusieron que se jugara en noviembre, dejó de ser atractivo, porque los jugadores llegaban fusilados. Si lo hubieran hecho con ventanas durante los torneos locales, hubiera sido distinto. Y si no se puede hacer un Argentino, sería bueno que al menos se pueda armar un Centro de la República. Insisto, en esta situación, el rugby argentino debe volver a sus fuentes”.

Sueño cumplido

Julio pudo darse el gusto de jugar en Tucumán Rugby junto a sus tres hermanos varones: Marcelo, Federico y Ezequiel. “Yo largué después del Regional 94, pero quería jugar con el menor, al que le llevo 20 años. Así que cuando Ezequiel subió a Primera, en 2002, volví con más de 40 años. Me entrené, jugué en intermedia y logré jugar un partido en Primera con él”, recuerda.

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