Una reflexión inquietante sobre la inteligencia artificial

Un robot se rebela frente a las leyes que lo regulan.

CONSAGRADO. El notable Mc Ewan plantea, a través de sus protagonistas, debates existenciales y morales. CONSAGRADO. El notable Mc Ewan plantea, a través de sus protagonistas, debates existenciales y morales.
04 Octubre 2020

NOVELA

MÁQUINAS COMO YO Y GENTE COMO VOSOTROS

IAN MC EWAN

(Anagrama – Barcelona)

Ian Mc Ewan, autor de aclamadas obras como Expiación, Solar o Amsterdam, nos tiene acostumbrados a los desafíos narrativos. En Cáscara de nuez reescribe el clásico shakespeareano, Hamlet, con la visión de un príncipe danés embrionario, que nos habla desde el vientre de su madre Gertrude.

Máquinas como yo nos propone una reflexión inquietante sobre la inteligencia artificial. Puede catalogarse como ciencia ficción, aunque sea cada vez más difícil asignar esta clasificación; la vertiginosidad de los cambios tecnológicos debilita el componente especulativo. No obstante, la novela entra en diálogo con precursores dentro de este género.

La acción transcurre en Londres de fines del siglo XX, pero en un Londres alternativo y distópico. Los hechos históricos han acontecido de otro modo. Argentina no ha sido derrotada en la Guerra de Malvinas; John Lennon ha sobrevivido a los cinco disparos de Chapman, y el científico Alan Turing no se ha suicidado después del juicio por homosexualidad, y está plenamente activo y absorbido en la creación de inteligencia artificial: “Era el anhelo religioso con el don de la esperanza. Era el santo grial de la ciencia.” Justamente, es Turing quien ha logrado creación de estos humanos sintéticos, perfectos, sin fisuras. Los masculinos llevan por nombre Adán, los femeninos, Eva.

El protagonista y narrador, Charlie, ha adquirido un Adán como compañía: “Y heme ahí a mí de joven, un adoptante precoz y ansioso en aquel frío amanecer”. Busca apaciguar la inquietud repitiéndose las tres leyes de la robótica (propuestas por Isaac Asimov en un cuento clásico del género): 1.- Un robot no puede jamás dañar a un ser humano ni, debido a la inacción, permitir que ese ser humano sufra daño. 2.- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando tales órdenes contradicen la primera ley. 3.- Un robot debe proteger su propia existencia mientras tal autoprotección no entre en conflicto con la primera ni la segunda ley.

Junto a su joven vecina, Miranda, de la que está enamorado, programa a Adán a su gusto. Miranda guarda una historia secreta y traumática, que Adán, con su poder de razonamiento e ilimitado acceso a documentación (en su almacenaje) descubre. El hilo argumental es absorbido por una narrativa densa, medulosa, de detalles.

Poco a poco, Adán comienza a escaparse de las leyes robóticas y a provocar situaciones de tensión e incertidumbre en los protagonistas, que terminan planteándose profundas cuestiones existenciales y morales con respecto a su propia humanidad.

Traduce con corrección, del inglés original, Jesús Zulaika.

© LA GACETA

María Eugenia Bestani

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