Una semana ejemplar

En menos de 24 horas, el salteño Ameri dejó de ser diputado. En El Vaticano, un papable fue obligado a renunciar por un escándalo con fondos del Estado. En Monteros expulsaron al edil que celebró su cumpleaños en cuarentena.

27 Sep 2020 Por Federico Diego van Mameren
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Esta semana será una semana histórica. No habrá otra igual. En el lenguaje propio del barrio dirían que se alinearon todos los planetas. Sea una cuestión mágica o una lluvia de responsabilidades que envolvió al mundo, es indiscutible que la huella de esta semana 39 de 2020 es muy distinta a las conocidas en los últimos tiempos.

Sabor a nada

El salteño Juan Ameri se dedicó a besar los pechos de su pareja en la tarde del jueves y en menos de 24 horas ya no era más diputado nacional. La historia dirá que fue castigado por hacer públicamente cosas que se hacen en privado. Pero también es bueno saber que a este político norteño no le importaba mucho cumplir su rol de representante del pueblo. Era de esos “robots” que preguntan ¿qué hay que hacer? O ¿Qué hay que votar? Y listo. No le importaba ni a quién representaba, sólo la cáscara o la remuneración de diputado. Al igual que muchos de los hombres y de las mujeres públicos de Tucumán, Ameri era un hombre seriamente afectado por el virus de la parentela. Tanto es así que, Celeste Burgos no sólo es pareja de Ameri sino también una de las personas que lo asesoraba en la Cámara de Diputados con un sueldo de 140.000 pesos.

El tiempo es veloz

El escándalo duró poco. Ya es historia. La responsabilidad del presidente de la Cámara Baja ayudó a que esto se convirtiera rápidamente en anécdota. Massa como titular de Diputados, hizo todo correctamente. Primero, tomó conciencia del lugar que ocupaba. Segundo, revisó el reglamento de la institución que preside y representa. Tercero, tomó la decisión que correspondía aplicando la ley.

En este mundo donde la amistad y las cortadas tienen más peso que el camino recto y que las reglas, Massa tuvo algunos minutos de debilidad. Se preocupó de avisar a los miembros del bloque político al que pertenecía Ameri (el oficialista Frente de Todos) y de advertirle al Presidente de la Nación de lo que había pasado. No hacía falta. Salvo estos detalles que le aliviaron la culpa y problemas ulteriores, Massa actuó y Ameri anda llorando sus penas porque se truncó su carrera política. Pudo haber hecho lo que todos hacen: tirar de la cuerda, esconderse bajo la tutela de algún poderoso... Pero también el salteño tuvo un segundo de dignidad y renunció.

Tumbas de la gloria

La renuncia es una institución o un gesto en extinción. Es ese momento único en el que se unen los deberes públicos con la conciencia privada e individual de quien dice hasta aquí llegué. Es uno de los actos más sinceros y dignos del ser humano. Es muy difícil encontrar ejemplos de este tipo.

Uno de esos casos fue el de Joseph Aloisius Ratzinger. El 28 de febrero de 2013, Benedicto XVI decidió dejar de ser Papa, responsabilidad que tenía de por vida, porque se sentía incapaz de cumplir con las obligaciones que su cargo exigía. E hizo historia.

Confesiones de invierno

Este jueves también un ejemplo se dio en El Vaticano. El cardenal Giovanni Becciu era uno de los candidatos a ser papa. Era un mimado del Francisco, hasta el punto de que tenía un cargo de gran poder en la Iglesia: era el número tres de El Vaticano. Esta semana dejó de serlo. El Papa lo obligó a dimitir como prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y a renunciar a los beneficios que le tocaban como cardenal. Seguirá teniendo este título, pero no podrá ingresar a la Capilla Sixtina en caso de que hubiera un nuevo cónclave para elegir Pontífice. Y pensar que él era uno de los papables...

Becciu no era tucumano, sino italiano, pero también se vio afectado gravemente por el virus de la parentela. Había entregado unos 100.000 euros de la Iglesia a una cooperativa de su hermano.

Becciu negó todo y hasta defendió al Papa, por quien sigue dispuesto a dar la vida, según afirmó. Bergoglio más de una vez ha repetido que hay que combatir “el cáncer de la corrupción que, con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad empobrece a todos”.

Sin tuco

Casi al mismo tiempo que Becciu veía esfumarse su llegada a la cima cardenalicia, Hernán Aldonate presenciaba cómo se esfumaba su banca de concejal de Monteros. El ahora ex edil fue echado por sus ex compañeros del Concejo Deliberante después de que se conociera que “Tuco”, como le dicen todos en aquella ciudad, había violado la cuarentena el día de su cumpleaños. Los concejales de Monteros no tuvieron la celeridad de la Cámara de Diputados ni mucho menos, pero fueron más expeditivos que cualquier miembro de la política provincial que, cuando se enteraron que el gobernador Juan Manzur; el vice Osvaldo Jaldo; el vocal de la Corte, Daniel Leiva, y algunos intendentes se habían reunido y almorzado en mayo en Banda del Río Salí, dando un mal ejemplo acerca de cómo debían comportarse durante la cuarentena impuesta a la ciudadanía.

Nada es para siempre

Un caso muy curioso es del Monteros porque en Tucumán las actitudes de los hombres públicos suele ser dejar pasar hasta que el olvido y el tiempo, que son parientes cercanos, se ocupen de que todo quede en la nada.

Esa es la apuesta que pareciera hacer el vocal Leiva sobre la denuncia que le hizo el camarista Enrique Pedicone, quien hizo escuchar un audio en el que el honor y la dignidad del hombre de la Corte no quedan bien parados. En la intimidad, Leiva sostiene que si pide licencia mostraría debilidad e insiste con que él no tiene nada que ver con esos audios. Es raro porque ninguna persona cercana a Leiva puede suponer que no sea él quien afirma que se debe actuar de determinada manera en una causa que tramitaba Pedicone.

El caso lleva casi un mes y tanto la Justicia como la política se han ocupado de confundir más las cosas y de no tomar el toro por las astas. Hasta los pares de Leiva esquivan hablar o tomar posición. Argumentan que en algún momento podría llegar formalmente la causa hasta sus despachos, como si la ética fuera un valor menor. Mientras la Cámara de Diputados de la Nación, El Vaticano y el Concejo Deliberante de Monteros han dado un paso firme, en Tucumán, muchas instituciones ven cómo se quedan quietos. Y el piso comienza a hundirse como si fuera de blanda arcilla.

Tanto el gobernador como el vice, cuando eligieron a Leiva como vocal de la Corte, lo hicieron como quien nombra a un hijo (otra vez el virus de la parentela, aunque en este caso es una cepa de estilo putativo). Leiva había actuado siempre con fidelidad y especialmente en momentos difíciles para ambos gobernantes, como ocurrió cuando se puso en duda la legitimidad de los comicios en que fueron electos en 2015: Leiva tuvo una férrea y solidaria actitud en favor del binomio.

Massa no hizo caso al color político de Ameri. El Papa tuvo que resignar su afecto hacia Becciu. Y los ediles monterizos se olvidaron de que “Tuco” es “un buen tipo” y de que tiene un apellido más monterizo que el de la propia ciudad. Manzur y Jaldo, en cambio, se aferran a este hijo putativo, sin ver el riesgo tanto para ellos como para Leiva es que con cada minuto que pasa sufre un desprestigio mayor, algo que no les pasa ni a Ameri, ni Becciu ni a Aldonate, cuyas cuitas ya sacaron pasaje al olvido.

Héroes contemporáneos

La muerte tiene esa capacidad de paralizarnos por un momento y nos invita a pensar. Nos ayuda a reflexionar, a entender a quien nos dejó y al mismo tiempo, y paradójicamente, a comprender que en la falta de fuerzas se encuentran fuerzas para seguir, para resistir o para tomar envión. Eso ocurrió con la muerte del médico tucumano Jesús Amenábar, cuya entrega y cuya lucha diaria por su vocación abrieron su camino.

Esta semana pasó algo parecido en los Estados Unidos. Allí, donde los ídolos son los grandes músicos, los actores y aquellos hombres públicos que mueren antes de lo que corresponde, un fallecimiento los paralizó, justamente, para reflexionar. Había fallecido el 18 del corriente, pero este viernes la sepultaron en el cementerio de Arlington. Tuvo el homenaje que hasta ahora sólo los hombres habían tenido. Fue la primera mujer. Pero, además, no había dedicado su vida a tocar artísticamente las emociones que tanto nos sacuden: había consagrado su vida a la libertad y a la Justicia y, en el final de su vida, había defendido esos valores desde su despacho de jueza de la Nación. Ruth Bader Ginsburg fue vivada y despedida por sus ciudadanos. Algo absolutamente inusual, como esta semana.

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