Carlos Duguech: las palabras, esos pájaros del alma y la poesía

El poeta, locutor y periodista, oriundo de Tafí Viejo, fundó “Cartón de poesía”, junto a Carola Briones y Manuel Serrano Pérez en 1969. La radio, Borges y la política internacional.

23 Sep 2020 Por Roberto Espinosa
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POETA Y PERIODISTA. Carlos Duguech rememora su trayectoria por los versos, por la radio y por los diarios.

La sirena ferroviaria merodea en los bostezos de la madrugada. Un bastón ciego quizás descorre ahora las cortinas del tiempo. El formón paterno acaricia la piel del cedro de la memoria. Una ternura libanesa de madre le lee los sueños. El sombrero de don Delfín Chavarría custodia La Toma. Los bollos de don Cruz cosquillean la panza de la mañana. El traqueteo del tren de palo enciende un silencio de tarcos. En la avenida Alem se desperezan pensamientos, también poemas. “Tengo dos vidas: la que vivo y la que sueño. La que vivo, al menos, me permite la esperanza. La que sueño me prodiga la energía que utilizo, día a día, en esta vida que vivo”, dice Carlos Duguech, retoño de Tafí Viejo y de un carpintero ferroviario que anda pisándole los talones a los 87 años.

- ¿Hasta qué edad viviste en Tafí? ¿Cómo era el ambiente cultural en tu juventud? ¿Cuándo te abrazó la poesía?

- Hasta los 20. Intenso el ambiente cultural: la Biblioteca Pasquini y Juvenilia, hitos importantes. Ya venía conviviendo con la poesía desde los nueve años, cuando escribí mi primer poema por los “Varones de la Independencia” seguido de los esperables poemas románticos de la adolescencia y juventud.

- Los estudios universitarios se extraviaron en el camino…

- Tal vez porque mucho le dediqué a la Federación Universitaria del Norte, de la que fui secretario general. Cursé Ingeniería Mecánica hasta tercer año y en Letras, el primer año. Allí conocí a Manuel Gonzalo Casas y a Raúl Galán, ambos docentes en el inicio. A Casas, caminando por los pasillos del Colegio Nacional (sede de las clases del primer año de la Facultad de Filosofía y Letras), le enseñé el poema “Lamentaciones” y me dijo: “viene bien para la Revista Norte”, que dirigía junto a García Soriano y Herrera Figueroa con la secretaría de David Lagmanovich. Fue su último número. Sobrevino el gobierno militar de 1955.

- ¿Qué te atraía de la radio? En Nacional tuviste algunos programas referidos a la literatura.

- Ya en la secundaria en Tafí Viejo en un circuito de parlantes internos, diariamente me amigaba con el micrófono. Era el año del sesquicentenario de la muerte de San Martín. Temas patrióticos y de historia. Cursando el último año decidí ser locutor. Me probaron en LV12: “tenés buena voz muchacho, pero te falta saber vender”. Claro, los locutores de entonces enfatizaban la publicidad de tal o cual casa o producto. Mi sorpresa fue, cuando al poco tiempo, me llamaron a Tafí Viejo: “necesitamos que vengas este domingo a las 7 para un reemplazo”. Y fui. Y abrí la transmisión. Y por un breve tiempo hice reemplazos. Fue entonces que conocí a la joven Gladys Osorio (Mercedes Sosa, que cantaba en un programa folclórico). En LV12 hice un programa periodístico con Carlos Del Corro; lo suspendí luego de unas 10 emisiones, al comprobar la censura del director de entonces, señor Bruzzi, que cortaba desde el control partes de una mesa redonda con universitarios. En Radio Nacional me inicié como locutor por concurso (1966) y gracias a la disposición del director de programación, Francisco Juliá, diseñé varios programas, entre ellos “Narradores de Tucumán” y “Poemario del Norte Argentino”. Estuve unos años y por mis ocupaciones debí dejar la locución regular.

- ¿Cómo se gestó “Cartón de poesía”? ¿Fue difícil sostener su continuidad?

- Precisamente por el programa de radio conocí a Carola Briones. Con Manuel Serrano Pérez, amigo desde hacía muchísimo tiempo (estuve en su casamiento con Mercedes Nadra, de una familia ligada estrechamente a la mía desde principios del siglo XX), encaramos la idea de una editorial luego de aquel lanzamiento del libro “Veinte poetas cantan a Tucumán”, que se presentó a pleno día en la plaza Independencia, durante una protesta por el cierre de 11 ingenios. Con la venta solventábamos leche en polvo para entregar a las familias de los despedidos. Simbólico, por cierto, en cuanto al aporte que podía significar en esos momentos. Con Ediciones Tarco encaramos varias publicaciones de autores de la región. Nos inquietaba la idea de publicar en forma periódica poesía. Para que no fuera una publicación en papel tipo plaquetas literarias. Nos entusiasmamos con la idea de imprimir en cartón, tal como había publicado mi “Tríptico de la guerra”, en nuestra editorial. Así nació “Cartón de poesía”, en 1969. Decidimos que fuera por suscripción y conseguimos un acuerdo con el correo para tarifa preferencial. Una buena parte de los 80 números la solventamos nosotros. El número uno se presentó en la Peña El Cardón que por entonces funcionaba en un subsuelo de calle San Martín frente a la plaza Independencia. Y un cartero con uniforme y bolsón de cuero se encargó de repartirlo entre los presentes.

- ¿Cómo te involucrás en el periodismo político, especialmente internacional? ¿Qué satisfacciones te dio el ciclo “Paz en el mundo”?

- Desde joven me interesé por las cuestiones que habían desembocado en esa tremenda guerra que particularmente vivió la Europa, ese “espejo” en el que habitualmente nos veíamos reflejados. Con mi integración a la ONG “Llamamiento de los cien para seguir viviendo” (por el desarme nuclear), como coordinador, profundicé mi interés por las cuestiones de política internacional. Y retorné a Radio Nacional (1986) con un programa cuyo nombre, “Paz en el mundo” lo sugirió mi amigo y director Juan Carlos Golobisky. Luego de un tiempo, nuevos aires no propicios marcaron mi alejamiento y el programa lo reinicié en Radio Universidad que nació el 15 de mayo de 1989. Pasó a ser el programa más antiguo de la emisora. Desde hace casi dos décadas incursiono en medios gráficos con análisis de política internacional. Estoy preparando un libro sobre política internacional.

- Te has caracterizado por una inusitada vocación cívica, denunciando e incomodando al poder de turno, a través de presentaciones ante la Justicia o la Legislatura. ¿Por qué ese compromiso con la sociedad no es frecuente en los tucumanos que “dejan hacer, dejan pasar”?

- Un ciudadano tiene derechos y deberes. En cada presentación ante el poder que hago por escrito me presento “en mi carácter de ciudadano que procura cumplir con el deber de ejercer sus derechos”. De eso se trata. Que sepamos todos que ejercer un derecho es un deber de quienes se dan cuenta de ello para incentivar eso en los demás.

- El soneto tiene un lugar privilegiado en tu obra. Pese a que hay quienes lo consideran “demodé”, ¿por qué seguís cultivando esa forma?

- Desde casi un año que estoy escribiendo en versos libres, transitoriamente. Pero la artesanía del soneto me permite el gozo de que sus 14 endecasílabos armonizan con la voluntad de expresarme en cada uno de ellos. Y no estoy dispuesto al abandono de esa oportunidad del gozo del que hablo. Y procuro transmitir.

- ¿Qué te seduce de la figura y la obra de Borges, hasta el punto que le dedicaste un libro? ¿El programa radial que hiciste con Mercedes Chenaut fue una muy buena experiencia?

- Siempre admiré en Borges su extraordinaria habilidad y persistencia en todo tiempo para la ironía. Y cómo resolvió en sus creaciones el deterioro grave de su visión y de qué manera transmutó su ceguera de impedimento a territorio de creación. Redescubro a Borges con Mercedes Chenaut. Le propuse hacer un programa especial. Ya venía participando de “Paz en el mundo” con la sección “Literatura y paz” (desde 2015). Así nació “Borges por radio”. Fue tanto el impacto que generó que un maestro de las letras ocupara un espacio en Radio Universidad, que dos veces fue galardonado el programa con el Martín Fierro Federal (2017 y 2019). De esa experiencia rescato para mí haberme entusiasmado con Borges, una experiencia de valor. El mayor mérito del programa es, sin dudas, de Mercedes (“la Borgeanita”, como la llamo).

- ¿Se puede hablar de una poesía tucumana? ¿Cuáles serían sus características?

- Claro que sí. Con raigambres notorias en la relación hombre-paisaje, y en muchos casos trenzados fuertemente los lazos con lo social, con los proyectos, con los padecimientos de arrastradas historias. Y con fuerte sentido regional que en nada opaca la universalidad: la atrapa para dar mayor sentido a la intención poética.

- ¿Qué estética persigue tu poesía?

- Ninguna en especial. Sólo procurar que la palabra sea tal y como lo digo en el primer verso de un Soneto de la palabra (I): “la palabra que nace y se acrecienta/significa palabra verdadera”.

- Llegás a los 87 años con una lucidez y un estado físico poco común, ¿cuál es el secreto? ¿Algún pacto con Dorian Gray?

- Cada vez que me veo en una foto, descubro que se parece a mí mismo, tal como voy siendo en el transcurso del tiempo, de modo que no logré lo que relata Oscar Wilde. Tal vez por mis padres longevos, tal vez por *cartón de poesía: Manolo nos dejó a los 98 años, y Carola, hace poco, ¡a los 100!

- ¿Por cuál libro o poema te gustaría ser recordado? ¿El olvido es la muerte verdadera?

- Por el Soneto de las Utopías: “Ya tengo por costumbre la esperanza/ de tanto perseguir las utopías/ por espacios abiertos y en los días/ de aquella realidad que no me alcanza”. Y sobre la muerte y el olvido adhiero a Borges: “Sólo una cosa no hay, es el olvido”.

Perfil de Carlos Duguech

Nacido en Tafí Viejo, el 29 de septiembre de 1933, los comentarios políticos de Duguech se publicaron en medios gráficos del país (La Nación, LA GACETA, El Liberal, El Siglo, La Tarde) y de Estados Unidos (El Nuevo Herald, Miami). Junto con los poetas Carola Briones y Manuel Serrano Pérez, fundó “Cartón de poesía” (1970) que llegó a los 80 números. Fue galardonado en Juegos Florales “Juvenilia” y obtuvo premios regionales en poesía y cuento. Ganó el primer premio en el V Salón Poema Ilustrado de 1968 (con Luis Debairosmoura). Es autor de “Como un trueno dormido”, “Tríptico de la guerra I y II”, “Las palabras, esos pájaros del alma”, “Antigua transparencia”, “Uno mismo” y “A media tinta”, entre otros.

De las utopías

“I have a dream...”
(Martin Luther King)

Ya tengo por costumbre la esperanza
de tanto perseguir las utopías
por espacios abiertos y en los días
de aquella realidad que no me alcanza.

La costumbre del pájaro que lanza
en vuelo zigzagueante alegorías
del aire y de la luz, las osadías
de confiar en sus alas. La confianza

que le nace plural en cada pluma
que es propio patrimonio. La costumbre
de andar imaginando entre la bruma

la luz que resplandece tras oscuros

repliegues de la vida, sombra y lumbre,
la que traza horizontes de extramuros.

Carlos Duguech

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