En el reino de los pronósticos ridículos

20 Sep 2020 Por Ezequiel Fernández Moores
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Ver al Leeds de Marcelo Bielsa no da siquiera tiempo para ir al baño. Le será imposible mantener un ritmo tan alto hasta fin de temporada. O los jugadores fallecen agotados dentro de la cancha. O sus hinchas mueren infartados en algún partido. Es cierto, se trata de corazones de hinchas ya entrenados después de las dos últimas temporadas de Bielsa en la Premiership. El sábado anterior se había sumado la emoción que implicaba volver a la Premier League después de 16 años y nada menos que en la casa del campeón. Fue derrota emocionante 4-3 devolviéndole golpe por golpe a Liverpool. Ayer fue la vuelta a la Premier, pero en casa, en Elland Road, donde Leeds había jugado por última vez en Primera división el 8 de mayo de 2004 (3-3 contra Charlton). Era tal la expectativa que la televisión mostró primero las calles casi vacías de la ciudad. Y no por la pandemia. Todos en casa para ver a Leeds. Y fue otra vez 4-3, pero con triunfo. Lógico, porque el rival era uno de los equipos también ascendidos esta temporada, el Fulham. Pero otra vez con el corazón sufriendo hasta el último segundo. Porque para Leeds, si no hay siete goles no vale.

El equipo de Bielsa te obliga a estar atento hasta cuando hace el calentamiento previo. En el de ayer, se lesionó el jugador clave del equipo, el veterano español Pablo Hernández. Extrañó ver en su lugar al flamante refuerzo, el goleador también español Rodrigo, que sigue sin justificar los casi 40 millones de euros que Leeds pagó a Valencia, fichaje récord en la historia del club. Contrariamente, el centrodelantero de la Premiership que tenía destino de banco en la Premier, Patrick Bamford, fue figura ayer. Anotó un lindo gol, realizó una gran jugada y asistencia y le hicieron un penal. Este Leeds versión Premier League es claramente un equipo de Bielsa en intensidad y ataque. Pero no parece un equipo del “Loco” en otro aspecto: en la Premiership creaba numerosas ocasiones y desperdiciaba muchos goles. En la Premier, en cambio, crea menos situaciones, pero tiene a su favor una eficacia tremenda.

Una pena que tanto la fiesta en Anfield de la semana pasada como la de ayer en Elland Road hayan tenido que celebrarse sin público en las canchas. La pandemia anuncia rebrote fuerte en el Reino Unido (y en otros países de Europa Occidental también) y el gobierno de Boris Johnson discute con la Premier League porque quiere frenar la vuelta del público prevista para el 1 de octubre. Algo parecido está sucediendo en la Bundesliga, que también comenzó este fin de semana, con Bayern Munich goleando 8-0 a Schalke y anunciando que está dispuesto a conquistar su noveno título seguido. Sí. Noveno seguido. Parecido a Juventus en Italia y a PSG en Francia. Y a Real Madrid o Barcelona en la Liga de España también iniciada. Comparando, el fútbol sudamericano, aún con todos sus problemas, dista de ser tan desigual en términos competitivos. Para bien o para mal. El mejor ejemplo fue la vuelta de la Copa Libertadores y la caída histórica del campeón Flamengo 5-0 contra el ecuatoriano Independiente del Valle.

Flamengo anunciaba hegemonía. Pero la partida del DT portugués Jorge Jesús a Benfica desmanteló el proyecto. Independiente jugó bien y tiene buenos jugadores jóvenes que habrá que tener en cuenta para cuando lleguen las eliminatorias, pero Flamengo pareció un equipo partido. Con ese nivel, claro, crecen las chances especialmente de River y de Boca, sobre todo luego del nivel que lucieron ambos, casi sorprendente después de seis meses de parate. “Hay que quemar todos los libros”, fue una de las frases más escuchadas en los últimos días. Porque, hasta el jueves por la tarde, el discurso común era que los equipos argentinos tenían que dar por perdida esta edición de la Libertadores. Porque su parate contrastó con la actividad de los rivales, más allá de la tasa de muertos o contagios que tuviera cada país por la pandemia. Unas horas más tarde (después del gran empate de River 2-2 contra San Pablo en el Morumbí y del fácil 2-0 de Boca contra Libertad en Asunción) el discurso cambió de modo radical. Boca y River, poco menos, “se preparan para una nueva final”.

¿Tan bajo está el nivel del fútbol sudamericano para que dos equipos que no jugaron y casi no se entrenaron durante seis meses pudieran imponer superioridad en el juego y también física a rivales que sí habían iniciado mucho antes su trabajo? Hay algo cierto. River y Boca retomaron sobre esquemas ya conocidos. Apenas algunos cambios. Y no menores. ¿O acaso Milton Casco no es un jugador clave en esa dinámica que impone el River de Marcelo Gallardo en la media cancha? ¿Y no fue Sebastián Villa el mejor jugador del Boca campeón de Miguel Angel Russo? ¿Y no estaba Boca afectado por el ruido que provocó el contagio masivo en el plantel? El fútbol como reino de los pronósticos ridículos. Y no sólo cuando juega Bielsa.

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