Los rieles del antiguo tranvía merecen quedar a la vista frente a la Catedral

Emergieron durante la remodelación de la plaza Independencia. ¿Qué hacer con ellos? La Municipalidad y Patrimonio lo decidirán.

17 Sep 2020

“Por los relieves y el material salta a la vista que este fragmento es de la Candelaria, una cultura desarrollada hace 2.000 años”, explica el arqueólogo Sergio Rendace. Sostiene sobre la mano enguantada un pedacito de cerámica. Poco después lo que mostrará es un pequeño triángulo de vidrio tallado a mano, mucho más cercano en el registro histórico. Las piezas van apareciendo a medida que la pala remueve, con mucho cuidado, el suelo de 24 de Septiembre al 400, justo frente a la Catedral. Las obras de remodelación de la plaza Independencia apuntan al futuro, pero en el mismo acto sirven para desenterrar el pasado tucumano.

El revuelo patrimonial se produjo cuando los obreros descubrieron los rieles sobre los que circulaban los antiguos tranvías, el medio de transporte por excelencia durante la primera mitad del siglo XX. Salieron a la luz los sólidos durmientes de quebracho y los carriles de acero, en ambos casos en muy buen estado de conservación. También apareció la caja que servía para realizar los empalmes en la esquina, ya que se aprecian dos línea de rieles: la que seguía hasta el Bajo y la que doblaba por Laprida.

Un tranvía circulando por el radio céntrico.

“Son hallazgos que nos sirven para recuperar la memoria colectiva”, apunta Mercedes Aguirre. La directora de Patrimonio del Ente Cultural explica que la intervención del organismo es obligada por la Ley 7.535 y que ahora deberán definir, junto a la Municipalidad, qué tratamiento se le dará a este retazo del pasado urbano que afloró en el corazón de la capital. Hace algunas semanas, sobre Laprida también habían aparecido durmientes del tranvía, pero sin los rieles. Se los cubrió rápidamente y una vez más quedaron sepultados. En este caso vale la pena estudiar algún método de preservación, advierte Aguirre, preocupada por el avance de las obras. Es que la excavación tiene por objeto instalar los nuevos desagües y los rieles representan un estorbo.

En detalle

La vía corría pegada al cordón de la vereda y había quedado soterrada apenas 10 centímetros por debajo de la capa asfáltica. El segmento descubierto en el cruce con Laprida/Congreso es la punta de un iceberg que flota por debajo de la plaza. Rendace dibuja con las manos el recorrido de las distintas líneas del tranway y se entusiasma cuando señala, calle arriba, la zona del Ente de Turismo. Sostiene que allí debería emerger otro cruce de rieles y anticipa que está marcado el lugar en el que realizarán una nueva excavación.

“Estamos seguros de que vamos a encontrarnos con más sorpresas de este tipo”, indica Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana de la Municipalidad. Teniendo en cuenta que la vereda de la Catedral se va a ensanchar y que la antigua vía corre precisamente por allí, el funcionario piensa en voz alta: “se podría dejarla debajo de un vidrio”. De todos modos, subraya que hay un protocolo a seguir en estos casos y que la empresa a cargo de las obras no va a tocar nada que tenga valor patrimonial hasta que los expertos tomen una decisión.

La historia del tranvía vive más en la memoria que en los museos. Los primeros, tirados por caballos, aparecieron en la ciudad en 1882. Los eléctricos datan de 1909 y llegaron a abarcar siete líneas, con un total de 24 coches. Eran vagones angostos, con capacidad para 28 asientos y con la particularidad de que no tenían vidrios en las ventanillas. A mediados de siglo la calidad del servicio empezó a decaer y se acumularon los problemas, hasta que decidieron erradicar los tranways de la capital. Los que circulaban por 24 de Septiembre entre Maipú y Congreso -por esos rieles que acaban de salir a la luz- fueron los primeros cancelados, en 1961. El decreto municipal que les dio el golpe de gracia data del 12 de octubre de 1965.

El pasado oculto

Rendace, arqueólogo asignado por el Ente Cultural para monitorear el día a día en la remodelación de la plaza Independencia, destaca que en tiempos de la colonia la zona era un gran descampado, que también funcionaba como ocasional mercado. No extraña entonces que durante los últimos meses hayan aparecido pequeños restos de cerámica y de metal, huesos de vaca y clavos. El suelo está conformado por una serie de capas en las que van acumulándose los sedimentos. Son las huellas que siguen los expertos. Lobo Chaklian apunta, refiriéndose a esta clase de materiales, a un potencial museo de sitio.

Fragmentos que fueron apareciendo durante las obras en 24 de Septiembre al 400.

En la esquina de Congreso los obreros han depositado unas piezas con la inscripción OST (Obras Sanitarias de Tucumán, deduce Rendace) encontradas en plena excavación. Mientras, el arqueólogo corre a buscar una zaranda, que es el recipiente dotado de un tejido finísimo en el que, al moverlo, se filtra la tierra y quedan los fragmentos. De allí viene lo de “zarandear”. Así afloró aquel pedacito de cerámica Candelaria, mezclado con trozos de tejas y piedras que valdrá la pena examinar con más cuidado. A pocos metros de allí se erigía la antigua Iglesia Matriz.

Las obras siguen sobre 24 de Septiembre, pero las piquetas se cuidan de no tocar los rieles. La siesta corre calurosa, más veraniega que primaveral, y debajo de los barbijos se adivina en los transeúntes el interés que generan esas vías, de las que la mayoría no tenía referencias.

“Queda mucho trabajo por delante”, comenta Lobo Chaklián. Detalla que a la fuente de la plaza la encontraron con cuatro manos de pintura, pero sin rastros de mantenimiento. Que el pedestal que entroniza a la Libertad exhibe una pequeña inclinación. Y que habrá que resolver cómo se presentará, en el futuro, el monolito en homenaje a Marco Avellaneda. Porque allí, recordemos, estuvo clavada la pica con la cabeza del prócer. Pero hay un elemento en el que Aguirre, Lobo Chaklián y Rendace coinciden, expectantes y muy interesados: tal vez la excavación en 25 de Mayo primera cuadra deje al descubierto los cimientos del viejo Cabildo.

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