
PORCELANA. Anyi Nicolás hace llaveros y dijes temáticos de películas, mascotas y comida.

Los peluches tienen nombre y -cada tanto- la tejedora Luisina Viscido inventa historias sobre sus rutinas. En otros casos, las íntimas anécdotas de sus clientes los dotan de sentido. “Hace un tiempo hice al revolucionario cubano Camilo Cienfuegos como obsequio para un niño. Y también una mamá le dio un amigurumi personalizado a la pediatra de su hijo, León. En los primeros meses él tuvo varias complicaciones por lo que fue un agradecimiento ante la contención profesional y humana. La creencia fantástica dice que los amigurumis tienen alma, así que al regalar un muñeco estamos dando un amuleto cargado de amor y buenas intenciones”, describe Luisina.
Pequeños mimos
Anyi Nicolás jamás estudió arte ni hizo cursos relacionados a las manualidades. Algo difícil de creer al ver los diseños de porcelana que ensambla y decora desde septiembre del año pasado.
“Arranqué porque mis amigos solían decirme que tenía ‘buena mano’. En realidad soy muy torpe, pero paciente. Al principio hacía adornos para cumpleaños con pasta cubre tortas, pero luego quise dedicarme a algo más personal y sin usar materiales comestibles. El objetivo era que las piezas duraran, como un recuerdo. De ahí compré la porcelana y jamás paré”, explica la estudiante de enfermería.
Anyi tiene permitido divertirse con la comida. Y en la colección de fast food que aparece en su perfil (@universoporcelana) hay panchos con cara seria, tacos y pizzas sonrientes y galletitas con chips de chocolate o donas por docena.
En un viaje por los clásicos de animación, el repertorio incluye a Stitch y personajes de Studio Ghibli como Totoro (de “Mi vecino Totoro”) o un Sin Cara (de “El viaje de Chihiro”). Los tonos pasteles priman en las creaciones, aunque Anyi es feliz cada vez que se sale de la línea y fabrica elementos de sus sagas favoritas. ¿Lo mejor? El sombrero seleccionador de Harry Potter.
Además -entre las botellas, los llaveros y los dijes- salta a la vista un diminuto (y compungido) virus verde con barbijo. “Desde el decreto de la cuarentena tuve que suspender muchos encargos con eventos grandes y proyectos en que iba a participar. Por eso no tenía ánimos de entrar a la cuenta, hasta que me aburrí e ingresé de nuevo la contraseña. Encontré tantos mensajes, dudas y seguidores recientes que decidí reactivar el perfil y meterle pilas”, confiesa la universitaria. Dijo que halló en las artesanías -al igual que las demás entrevistadas- un impulso para pensar en el futuro.








