“Desde Carlos III no ha habido ningún rey español que haya terminado bien”

El jurista andaluz dice que España siempre ha tenido una relación de amor-odio con la monarquía y anticipa que la gran incógnita es si Felipe VI podrá reinar después de los escándalos de su padre.

“Desde Carlos III no ha habido ningún rey español que haya terminado bien” FOTO TOMADA DE ELESPAÑOL
Por Irene Benito 23 Agosto 2020

Javier Pérez Royo (1944, Sevilla) tiene el don de la memoria, el don de hacerse entender y el don de caer bien. Lo primero queda probado con su capacidad para remontarse en la historia; mencionar nombres y hechos como si hubiesen pasado ayer, y recitar documentos casi textuales. El don de la claridad no necesita comprobación: su actividad como docente de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla le permitió desarrollar la habilidad para hacer algo simple de lo complejo. El talento para caer bien surge en cuanto atiende la videollamada de Skype, y lo primero que hace es confesar su admiración por el rugby argentino y asegurar que, si no hubiese sido por el impacto negativo de la Dictadura de Jorge Rafael Videla, Los Pumas ya habrían ganado un mundial. Enseguida se concentra en el tema de la entrevista e informa que no hay gran novedad en la decadencia del rey emérito Juan Carlos I. “Desde Carlos III (siglo XVIII) no ha habido ningún rey español que haya terminado bien”, dice.

-¿Por qué?

-España siempre ha tenido una relación de amor-odio con la monarquía. Toda nuestra historia constitucional es una recurrente crisis de legitimidad de la institución monárquica. Empezamos con la debacle de la monarquía como consecuencia de la venta de la Corona de España por parte de Carlos IV y de Fernando VII al emperador Napoleón Bonaparte. En el documento privado formalizado en Bayona (Francia), los reyes dicen que vender la Corona de España a Napoleón es el último acto de su soberanía. Bonaparte nombra a su hermano José rey español y ocupa la Corona. Y en el período de 1808-1812 hay un Estado “josefino”. Tras la primera Constitución de Bayona vienen la guerra de la independencia y las Cortes de Cádiz de 1812, y así empieza la historia constitucional española.

-¿Cómo sigue?

-Fernando VII retorna en 1814 y elimina la Constitución de Cádiz. La monarquía absoluta ejerce una represión brutal hasta 1833, cuando Fernando VII muere sin descendiente varón. Ahí se plantea el problema de quién lo sucede: si su hija Isabel o si, por el contrario, su hermano Carlos María Isidro, que era un representante de las posiciones más ultramontanas que había. Entonces hay otra guerra civil en España a través de la cual renace el Estado constitucional con la Carta Magna de 1837 e Isabel II. Este segundo ciclo va de 1833, con una Constitución progresista, hasta 1868, cuando Isabel II es derrocada por una revolución que llamamos la Gloriosa, que supone la expulsión de la reina, quien se exilia y muere en el extranjero en 1904. Entonces así empieza el tercer ciclo, con un impulso revolucionario: por primera vez hay sufragio universal.

-Pero la monarquía se las arregló para regresar.

-Viene luego la reacción conservadora con la restauración monárquica en el hijo de Isabel II, Alfonso XII, que empieza en 1874. Esa restauración dura hasta 1931, año en el que llega la Segunda República: hay un desalojo y se expulsa por segunda vez, en este caso a Alfonso XIII, al poseedor del trono de España, y entonces aparece la Constitución de 1931. Después llegan la reacción fascista; la rebelión militar; la Guerra Civil; el general Francisco Franco y la segunda restauración, que es la que se ha producido con Juan Carlos I como rey y la Constitución de 1978, que es la que ahora mismo está entrando en crisis. Desde Carlos III no ha habido ningún rey español que haya terminado bien. Isabel II fue terrible; Alfonso XIII se tuvo que exiliar y ya veremos qué pasa con Juan Carlos I, que por ahora se ha marchado. Esto no es nuevo: la historia se repite. Los Borbones han sido incompatibles con un Estado constitucional propiamente dicho. Pero nosotros los mantenemos: incluso los hemos restaurado, que es un elemento masoquista ya.

-¿Lo que ocurrió en España fue, entonces, una rareza?

-Claro, nosotros somos un caso anómalo porque dos veces hemos echado a la monarquía y dos veces la hemos restaurado: en los demás países, una vez que se las echa, se las echa para siempre. Y las cláusulas de intangibilidad constitucional se inventan para hacer imposible el retorno de la monarquía. En España hemos hecho lo contrario. Es una cosa curiosa: buscamos siempre en la monarquía, una institución del pasado, las respuestas del presente y del futuro. Y siempre, al final, acaban quebrando.

-Si los reyes dejan de ser ejemplares, ¿también dejan de tener sentido sus derechos y atribuciones excepcionales?

-Ese es el problema en el que ahora mismo estamos. Juan Carlos I ha sido presentado como el artífice de la transición a la democracia. Pero el rey es una persona puesta por el dictador, que se salta el orden hereditario, y, por lo tanto, la legitimidad de Juan Carlos es la legitimidad que le proporciona Franco: la generada de haber ganado la última Guerra Civil. Entonces Franco es el que decide que no va a ser don Juan, sino que va a ser su hijo, Juan Carlos I, quien reine. Después tenemos, evidentemente, la aprobación de una Constitución democrática en 1978, donde el rey ocupa el lugar del jefe del Estado. Y la convivencia de la monarquía con esa Constitución ha sido aceptable durante casi 30 años, pero sobre la base de que con el jefe de Estado había un pacto de silencio sobre cuál era su trayectoria. Él tenía una vida oficial sobre la cual se informaba, y después nos estamos enterando de que tenía otra vida de depredador sexual, por un lado, y de delincuente económico, por otro. Eso es lo que estamos viendo ahora y lo que está estallando, y tenemos un problema de una magnitud constitucional extraordinaria. Hasta su propio hijo ha tenido que poner en duda la honorabilidad de la conducta de su padre. Y entonces, ahora, ¿qué hacemos? Este señor que había traído la democracia y era su garante resulta que ha aprovechado su situación como jefe del Estado para tirar contra todo lo que se movía y enriquecerse de manera extraordinaria. Es una situación rocambolesca y no sé cómo vamos a salir de ahí.

-En 1978 usted tenía 34 años, y era profesor universitario y miembro del comité central del Partido Comunista. ¿Qué le inspiraba el rey?

-No teníamos ninguna simpatía hacia él. Recuerdo perfectamente una reunión en Madrid, en marzo de 1977, del Partido Comunista, que acababa de ser legalizado. (El secretario) Santiago Carrillo estaba exponiendo cuando lo llaman de la presidencia del Gobierno y debe encontrarse con el presidente (interino Adolfo) Suárez. Cuando vuelve, nos cuenta que la Presidencia pone unas condiciones para continuar con el proceso constituyente y celebrar elecciones. La primera es que hay que aceptar la monarquía. La monarquía no podía ser discutida en el constituyente. Había que darlo como un hecho consumado: no era revisable. Y tuvimos que aceptarlo. Para el Partido Comunista fue terrible porque nos vimos obligados a justificar la monarquía y que lo importante era la democracia. La división no era monarquía o república, sino democracia o no democracia.

-¿Esa imposición nunca terminó de aceptarse?

-Algo de eso hay, evidentemente. No hay una cosa antimonárquica ni hay una cosa republicana. Hay una sensación de que aquí ha habido un fraude y de que hemos estado viviendo una historia que ha sido fraudulenta en la medida que había una pantalla en la que se proyectaba algo y en la que, por detrás, pasaban cosas de las cuales la sociedad española no era informada.

-Me pregunto si el rey emérito es la demostración de que el poder eterno termina por corromper hasta a aquellos que parecen los mejores dirigentes.

-La singularidad vuestra es el peronismo, que es un fenómeno que se traduce en que, realmente, es casi imposible gobernar la Argentina sin el peronismo de la misma manera que en España no hemos sido capaces de estabilizar una respuesta política sin la monarquía, a pesar de que los monarcas han sido todos desastrosos. Vosotros parece que no sois capaces de organizaros sin el peronismo y, cuando se produce alguna alternancia no peronista, esta acaba como el rosario de la aurora, como le pasó a (Raúl) Alfonsín, a (Fernando) De la Rúa y, pese a que pudo terminar su mandato, también a (Mauricio) Macri. Si nosotros no hemos sido capaces sin los Borbones de organizar un Estado estable y siempre hemos tenido que recurrir a ellos que, además, son todos desastrosos, en Argentina, hay que volver siempre al peronismo. Aunque sea con personajes tan increíbles como (Néstor) Kirchner o (Carlos) Menem.

-Podríamos acuñar la regla de que no se puede estar con los Borbones y los peronistas, pero tampoco sin ellos.

-Sí, sí: ni contigo ni sin ti. Contigo porque me matas y sin ti porque me muero.

-¿Y cuál será el secreto de la popularidad y del poder de la reina Isabel del Reino Unido?

-Acuérdate que Victoria reinó todo el siglo XIX y que Isabel II de España llega al poder casi en el mismo momento que ella. Victoria fue respetada por el pueblo mientras que a Isabel II la expulsaron. En Inglaterra tienen la monarquía que tienen porque en el siglo XVII le hicieron un juicio al rey Carlos I, lo condenaron a muerte y lo ejecutaron. El acta de acusación contra el rey dice que este le ha hecho la guerra al Parlamento y al pueblo representado en él. La afirmación del principio de la soberanía parlamentaria pacificó la sociedad. En España no hubo ese ajuste de cuentas. Si le hubiéramos cortado la cabeza a Fernando VII, a lo mejor… el caso es que no lo hemos hecho.

-¿Podrá Felipe VI reinar en estas condiciones en las que es evidente que una reforma constitucional podría modificar la monarquía?

-Esa es la pregunta del millón y conoceremos la respuesta en los próximos meses. Veremos si la monarquía sobrevive a una investigación de la mentira que hubo y qué ajustes de cuentas se hacen con el rey emérito Juan Carlos I.

-Es sorprendente la idea de que la Justicia española pueda investigar de un modo creíble al rey. En la Argentina habría muchas dudas sobre esa posibilidad.

-Yo lo veo al revés que tú: la Argentina fue capaz de hacer el procesamiento del triunvirato de Videla, (Emilio Eduardo) Massera y (Orlando) Agosti, y de condenarlos, algo que no se ha hecho en España nunca con el franquismo. Esto del rey es de menor cuantía comparado con lo que en su hora hizo la Justicia argentina.

Un jurista forjado en la Transición

El andaluz Javier Pérez Royo eligió la academia, pero bien pudo haber desarrollado una carrera política en la España de la recuperación de la democracia como lo hizo el ex presidente Felipe González, con quien coincidió en la época de estudiante. Militante del Partido Comunista en su juventud, Pérez Royo observó en la primera línea la Transición que siguió al larguísimo período franquista. Este catedrático especializado en Derecho Constitucional se desempeñó como profesor en la Universidad de Sevilla, casa en la que llegó a ser rector. Escribió numerosas obras de su especialidad, y es un colaborador habitual de la prensa española y un analista de referencia del sistema institucional de su país.

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