Muertes en el fútbol: en Aguilares, la droga metió la cola

Séptima parte.

13 Ago 2020 Por Gustavo Rodríguez

Aguilares, ciudad ubicada en el sur de la provincia, se transformó en un claro ejemplo de lo que son capaces de hacer los barrabravas. Abrazados falsamente al supuesto amor por una camiseta, dos grupos de Deportivo Aguilares generaron terror en esa ciudad durante al menos seis años. Muertes, la instalación de “quioscos” dedicados a la venta de drogas, agresiones, amenazas, profanación de tumbas, contactos políticos y enfrentamientos a tiros a cualquier hora del día formaron parte de un cóctel explosivo que tuvo en vilo a toda una población.

La paz no llegó porque el Estado haya decidido poner punto final a esa disputa, sino por el polémico y misterioso fallecimiento y la pérdida de poder que sufrieron los líderes de las agrupaciones que estaban enfrentadas.

La pelea fue protagonizada por dos grupos. Los Coriofos, oriundos del barrio Independencia, y Los Pibes de la Villa, que dominaban el sector de Villa Nueva. En un tiempo eran amigos y compartían la tribuna del estadio del “Depor”, como le llaman ahora. Pero un día la relación se quebró y comenzaron a pelearse. Este enfrentamiento duró mucho tiempo. Nadie puede asegurar cuál fue el motivo. Se sospecha que podría haber sido generado por el dominio de la tribuna que les aseguraría la apertura de otras actividades ilícitas, como el narcomenudeo, el tráfico de motos robadas y motopartes, entre otros. Los aguilarenses sostienen que esa rivalidad generó al menos 10 muertos, pero LA GACETA sólo pudo confirmar tres que hayan tenido algún tipo de vinculación con el deporte.

La primera muerte fue la de Ronaldo Ramón Delgado (de 24 años), que fue sorprendido por un grupo de jóvenes que le arrojaron piedras cuando se desplazaba en una motocicleta el 29 de octubre de 2013.

El 13 de diciembre, en las inmediaciones del estadio, ambos grupos protagonizaron una batalla campal. En medio de la pelea, alguien extrajo un arma y comenzó a disparar. Un proyectil alcanzó en la espalda a Víctor Hugo Sarmiento (17) que murió casi en el acto.

EN EL ESTADIO. Una multitud acompañó el cajón de “Bolero” Gómez por el estadio de Deportivo Aguilares.

Aún faltaba otro hecho para cerrar esta saga de terror: Alexis Emanuel “Bolero” Gómez (20) recibió tres balazos a comienzos de febrero de 2018 y finalmente murió en marzo después de agonizar un mes.

La última víctima estaba acusada del crimen de Delgado, el primer fallecido de esta escalada de violencia. Fue ultimado, según la investigación, por Eduardo Ariel “Kelo” Delgado, hermano del primer asesinado. Luego de la detención de este último, Los Coriofos protagonizaron otro hecho terrible: profanaron la tumba de “Bolero” Gómez. Ingresaron al nicho, abrieron el cajón, le robaron la gorra del club con que había sido enterrado y una medalla, y escribieron un espeluznante mensaje: “Independencia 2-Villa Nueva 0”.

Los duelos continuaron. La Policía fue doblegada por la sed de venganza. Hubo un tiempo que tuvieron que realizar controles las 24 horas porque los violentos siempre encontraban el momento y el lugar para enfrentarse. En esos días, los partidos de la Liga Tucumana de Fútbol se disputaban únicamente con público local. Pero en el estadio de Deportivo Aguilares, la fuerza tenía que realizar operativos especiales.

“Eran tiempos muy difíciles. Los changos andaban de un lado a otro buscando armas y enviándose mensajes amenazantes a través de Facebook. Los únicos que no se daban cuenta era la ‘yuta’ y los políticos de turno. No tienen problemas en aparecer ‘enfierrados’ en las redes sociales”, dijo Martín Medina, ex miembro de Los Coriofos. “Todos conocen quién es quién en Aguilares. (Sergio) Mansilla siempre estuvo vinculado al club y no podía desconocer. Lo mismo con el ex intendente (Agustín) Fernández, que quiso intervenir una noche presentándose en un hospital después de un enfrentamiento y lo terminaron corriendo porque creían que apoyaba al otro grupo”, agregó.

VIGILANCIA PERMANENTE. Los efectivos de la Policía tuvieron que redoblar los recorridos para evitar incidentes.

Rodolfo Casen, periodista de LA GACETA que cubrió esos hechos, señaló que el enfrentamiento entre barras, en un principio, estaba reservado para los simpatizantes de Jorge Newbery y Deportivo Aguilares. “Pero después surgieron otros intereses que no tenían nada que ver con el fútbol y era nada menos que la venta de drogas en esa ciudad. Así surgieron Los Coriofos, que fueron muy fuertes. Pero surgieron otros grupos que intentaron quedarse con el poder, entre ellos, el grupo de la Villa Nueva”, explicó.


Persecución

El ahora juez Edgardo Sánchez tuvo una activa participación contra los violentos en el fútbol en el sur de la provincia. Fue el único fiscal de la provincia que se atrevió a cerrarles la puerta a los barrabravas de Concepción Fútbol Club. En 2007 los simpatizantes “cuervos” emboscaron a sus pares de Central Córdoba, por lo que fueron acusados de tentativa de homicidio. Pero mientras se tramitaba la causa, como medida cautelar, Sánchez pidió que se les impidiera el ingreso al estadio, planteo que fue aceptado por el juez Alejandro Molinuevo.

Sánchez también estuvo al frente de varias investigaciones en las que estuvieron involucrados los fanáticos de la barra de los “Celestes”. “Si bien había una enemistad entre ambas facciones, no se pudo comprobar que haya sido por cuestiones futbolísticas. Rompió el molde porque se trató de una disputa entre miembros de una interna de una misma hinchada por otras cuestiones”, explicó el funcionario. ¿La venta de droga puede haber sido un motivo? “Hacer una afirmación así sería poco serio porque no se hizo una investigación profunda para comprobarlo. Con la Justicia Federal actuamos como departamentos estancos, no hubo intercambio de información. Puedo suponer, porque en los allanamientos que se realizaron por las investigaciones por las causas de delitos ordinarios, sí encontramos sustancias”, agregó el ahora magistrado.

FEDERALES EN AGUILARES. La División Antidrogas copó el barrio Independencia para detener a Marín “Castells” Castillo por venta de droga en agosto de 2016.

El camarista Carlos Pellegri también recordó un hecho en el que estuvieron involucrados. “Una vez atendimos un caso en el que un hombre, en una pelea entre barras, perdió un ojo. Condenamos a los agresores. Uno de los miembros del tribunal vivía en Aguilares y sufrió las consecuencias. Parientes de los enjuiciados le terminaron incendiando el auto”, relató a LA GACETA.


Polémicos vínculos

Rosario es considerado como el lugar donde nació, se desarrolló y se potencializó el modelo de narcomenudeo hacia todo el país. Días atrás, en una investigación periodística publicada en el diario “La Capital”, se reveló que Guillermo “Guille” Cantero, actual líder de Los Monos, el grupo más importante y peligroso de esa ciudad, había logrado lo que parecía imposible: unir a las barras bravas de Newell´s y Rosario Central para que se encolumnaran detrás de él para que el negocio siguiera creciendo. No hubo dirigentes deportivos y políticos que lograron realizar esta unión ni siquiera para la foto de compromiso.

Pero en Aguilares fue al revés. Los Coriofos y Los Pibes de la Villa durante años compartieron las tribunas, pero hubo un momento en el que se produjo el quiebre. “Todo comenzó cuando el negocio de la droga creció y los barrios donde vivían y vendían porquería les quedó chico y empezaron a invadir zonas. Eso generó los incidentes y nadie hizo nada para detenerlos”, explicó Juan Medrano, un ex barra del “Depor” que vive en Buenos Aires.

Ambos grupos tuvieron banca política o, al menos, trabajaban para los dirigentes de la ciudad. Martín “Castells” Castillo, líder de Los Coriofos, dijo ser trabajador de la Municipalidad de Aguilares, pero esa versión fue desmentida por la ex intendenta Elisa Fernández de Mansilla: “esa persona no está en la planta de trabajadores del municipio. Como no tiene una pareja estable, tampoco puedo asegurar si la actual trabaja con nosotros”, señaló.

Walter “Quilla” Uñates, sindicado como líder de Los Pibes de la Villa, también negó vender drogas. “En una entrevista, él se identificó políticamente con Roberto Palina, pero también reconoció haber colaborado con el ex senador Mansilla. Él siempre decía que lo perseguían porque había sido condenado por un homicidio, pero él y su familia siempre estuvieron implicados en hechos policiales”, dijo Casen. “Cómo voy a vender drogas si mire la casa pobre que tengo”, dijo Uñates en una nota publicada por LA GACETA en 2018, un año antes de que perdiera a su hijo.


El final

La batalla entre los dos grupos comenzó a enfriarse en agosto de 2016, cuando la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal se presentó en la casa de “Castells” y le encontró un kilo de cocaína lista para ser comercializada. Castillo, estando en prisión, se sintió abandonado por todas las personas que lo apoyaron durante años en Aguilares. En sus primeros días de encierro anunció su intención de acogerse al sistema de testigo arrepentido para contar cómo era el tráfico en esa ciudad.

Sin embargo, todos los secretos que tenía para contar se los llevó a la tumba porque falleció en medio del proceso que se había iniciado en su contra. “Castells”, según las explicaciones de los policías, se habría suicidado de una sobredosis de droga cuando había conseguido el primer permiso de salida del penal. “Acá en el barrio Independencia todos saben que lo mataron. Estaba muy bien, creo que estaban más preocupados todos los que él había amenazado con denunciar”, agregó Medrano.

Uñates y su grupo Los Pibes de la Villa se quedaron con el dominio de las tribunas y del dominio en las calles de esa ciudad. Pero, por sus continuas apariciones en las crónicas policiales, tuvo que delegar funciones en su hermano Miguel “Gugu” Uñates. Pero este último fue detenido por la misma agencia antidroga en su casa acusado de dirigir una organización dedicada al narcomenudeo. Ese fue un golpe para la organización. Otros grupos intentaron quedarse con el territorio, pero ya lejos de la cancha de Deportivo Aguilares. “Los changos se avivaron y se dieron cuenta de dónde estaba el verdadero negocio”, concluyó Medrano, que reconoció que, como muchos jóvenes de su edad, debieron partir de la localidad donde pasaron gran parte de su vida para seguir vivos.

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