Qué se cocina en el oficialismo camino a 2021 - LA GACETA Tucumán

Qué se cocina en el oficialismo camino a 2021

Las elecciones de senadores y diputados nacionales del año que viene corren en paralelo al gran “asunto pendiente”: ¿se enmendará la Carta Magna para habilitar más reelecciones consecutivas?

02 Ago 2020 Por Álvaro José Aurane

"La reforma es problema de Jaldo"

En los alrededores del gobernador Juan Manzur hay un discurso más o menos común: “la reforma constitucional es un problema de Osvaldo Jaldo”. Lo que esa definición pretende (y los interlocutores tiende a bosquejar la idea en un papel) es que -siempre en la conjetura-, el único escenario de continuidad garantizada en el poder para el actual vicegobernador consiste en que él mismo motorice una enmienda y habilite más reelecciones consecutivas. En ese contexto, razonan, la fórmula “Manur-Jaldo” se reeditaría en 2023. Pero hay otros dos escenarios, sostienen. En uno de ellos, el presidente de la Legislatura se opone un cambio constitucional, pero la Casa de Gobierno igual consigue los votos y logra la ley que declara la necesidad de la reforma. En esa hipótesis, Jaldo deja de formar parte del oficialismo. En el otro, el vicegobernador consigue que no se apruebe una ley que habilite la enmienda. En ese caso, se arma una fórmula en la que Manzur sea el candidato a vicegobernador, pero sin Jaldo en el oficialismo. “O acompaña la reforma o se va a la casa”, es el brulote que resume la pretensión.

Como ya ha comenzado agosto y la pandemia, lejos de menguar, arrecia, una eventual reforma es una receta que se cocina con miras a 2021. Si no es ese año, con necesaria escala en los comicios de diputados y senadores nacionales. Una victoria importante, elucubran en la Casa de Gobierno, sería la antesala que legitimaría las aspiraciones reformistas y re-reeleccionitas.

"La elección es problema de Manzur"

APUESTA A PLENO. En Casa de Gobierno especulan con que un gran triunfo el año que viene legitimará el plan para una enmienda.

“Les ofrecemos bancas a los manzuristas que creen que tenemos la obligación de entregarles una reforma constitucional para que esperen sentados”, es la pintoresca metáfora de un parlamentario que se reinvidica jaldista. Él, entre otros representantes del pueblo que concurren a Osvaldo Jaldo, consideran “inaudito” que en la Casa de Gobierno asuman que el vicegobernador “tenga que” motorizar una reforma constitucional cuando ni Juan Manzur ni el tranqueño han mantenido la menor conversación acerca de qué quieren uno y otro, para ver si se pueden compatibilizar intereses.

Estos jaldistas puntualizan que en algún momento debe darse una cumbre entre los (hasta ahora) socios políticos, y enarbolan una definición: “las elecciones de 2021 son un problema de Manzur” (se ve que la lógica de que todo es “problema del otro” está de moda en el poder político). Argumentan, al respecto, que la Casa Rosada no le pedirá cuentas al vice sino al gobernador respecto del resultados de los comicios. Si quieren la colaboración del tranqueño -completan-, deberán conversar más temprano que tarde.

Ese diálogo, propugnan, no debe darse en un marco de amenazas veladas. Para el caso, los jaldistas recuerdan que la Constitución de 2006, permite al vice ser candidato a gobernador después de dos mandatos (artículo 90), pero no dice que el mandatario puede postularse como vice. “No lo prohibe, pero tampoco lo habilita. Entonces, seguramente es un asunto justiciable”, insinúan.

Acuerdo para que la sangre no llegue al río

Hay “compañeros” que vieneogando, todavía en voz baja, por propiciar un consenso de intereses entre el gobernador y el vicegobernador. No porque estén convencidos de esa “verdad” según la cual “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, sino porque creen que alentar un escenario de ruptura en el oficialismo es darle posibilidades a la oposición de llegar al poder.

Al respecto, unos cuantos intendentes y legisladores barruntan un plan de acercamiento de doble vía. No se muestran abiertamente porque el peronismo tucumano tiene su propia grieta: o se es manzurista o se es jaldista y no se aceptan medias tintas. Sin embargo, estos representantes sostienen que el jaldismo no debería atajar una ley que declare la necesidad de la reforma, porque contar con esa norma no equivale a poder aplicarla. Recuerdan que el ex gobernador Julio Miranda logró que se aprobara una norma para enmendar la Carta Magna anterior, pero nunca pudo usarla. Luego, la Justicia la malogró. Y hasta rememoran que el ex gobernador José Domato convocó a las elecciones constituyentes de las que surgió la Carta Magna del 90, y el PJ fue derrotado por FR.

Precisamente, sostienen que con esos antecedentes, el manzurismo debería acordar que si no pueded reformarse la Carta Magna, el candidato a gobernador del oficialismo debería ser Osvaldo Jaldo. Ese contrato político, aseverán, debería verse cristalizado en el armado conjunto de las listas para los comicios de 2021.

Un intendente y un diputado en la foto

Hay, por supuesto, dirigentes que consideran que Juan Manzur y Osvaldo Jaldo son dos trenes recorriendo la misma vía en caminos opuestos y que la colisión será inevitable en 2023. Consecuentemente, “jugar” en los comicios de 2021 -asumen- es imprescindible para participar del recambio de poder, dos años después.

Huelga decirlo, dado que “cada peronista carga en su mochila el bastón de mariscal”, medio padrón del PJ se anota en la partida, incluyendo concejales, legisladores, intendentes, parlamentarios nacionales, ministros del Poder Ejecutivo y hasta magistrados que invocan la doctrina de la “etapa cumplida” en los Tribunales.

Pero si hoy se tomara una “foto política” de la escena oficialista, dos referentes aparecerían perfilados con alguna nitidez mayor que otros. Uno es Javier Noguera. El intendente de Tafí Viejo es el presidente de la Federación Argentina de Municipios y desde ahí ha tejido vínculos con el oficialismo nacional: desde el presidente Alberto Fernández hasta el ministro de Salud Ginés González García pasan por su ciudad y se hospedan en la hostería Atahualpa Yupanqui. Alejado del jaldismo, tiene “sintonía fina” con el manzurismo.

El otro “encaminado” es el diputado nacional Pablo Yedlin, cuyo mandato vence el año que viene. El parlamentario, su hermano Gabriel (ministro de Desarrollo Social) tienen una historia de amistad anterior a la política. “Los Yedlin no son ‘gente de Manzur’ sino que ‘son Manzur’”, distingue un funcionario del Ejecutivo.

Una danza con clásicos y con novedades

La danza de nombres tiene más protagonistas respecto de las mujeres en el oficialismo. Con dinámicas dispares.

La ministra de Salud, Rossana Chahla, es merecedora de no pocos elogios por parte de la “mesa chica” de la Casa de Gobierno, por su desempeñó en la pandemia. La historia del coronavirus está abierta y también los costos y los réditos en materia de imagen pública, pero la funcionaria ha ganado notoria visibilidad.

La ministra de Gobierno, Carolina Vargas Aignasse, es otra dirigente que aparece en el radar, aunque por estos días tiene penado a su entorno de que la mencionen como eventual precandidata.

Ambas ministras son mencionadas para las listas a la Cámara Alta, pero ahí también aparece la actual senadora Beatriz Mirkin. Y con ella, la gran incógnita condicionantes: ¿Alberto Fernández y Cristina Kirchner van a efectuar “pedidos” para las nóminas?

Con idéntica lógica, otra dirigente a tener en cuenta es la titular del Ipvdu, Stella Maris Córdoba (legisladora en uso de licencia), una “pionera” del kirchnerismo que ya fue diputada nacional.

Otra legisladora para anotar en la partida es Sandra Mendoza. El intendente de Famaillá, José Orellana, es su esposo y ella preside en Tucumán “Parte”, el partido del Presidente de la Nación.

El jaldismo, en tanto, sostendrá a la actual diputada nacional Gladys Medina (el intendente de Banda del Río Salí, Darío Montero, es su marido), cuyo mandato vence el año que viene.

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