Ahora, solos, aquí

Por Juan María Segura, experto en Educación.

02 Ago 2020
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Mientras preparo algunas reflexiones para un importante seminario regional del que participaré pronto, claro que en modo virtual, trato de encontrar la idea más potente, la argumentación más robusta, la información más irrefutable, el llamado más irresistible, para animar a mi audiencia a actuar.

Si las estimaciones de los organizadores son correctas, tendré la oportunidad de llegar a miles de docentes de toda la región. La docencia, junto con la medicina, es tal vez una de las actividades y profesiones que más ha quedado en el centro de la escena a partir de la aparición del covid-19 y de la posterior experiencia de confinamiento a escala más impactante de la historia de la humanidad. El docente, esa mezcla de idealismo, vocación, militancia y afiliación sindical, nunca antes tan expuesto, nunca tan exigido por una coyuntura que nos atraviesa a todos en simultáneo, nunca tan alejado de sus alumnos y aprendices.

Imagino a esos docentes, hoy, afectados por estados de ánimo específicos. Primero, los imagino agotados, justificadamente agotados. No tengo dudas de que están siendo exigidos como pocas veces antes, no solo al intentar poner en diálogo a un proyecto escolar diseñado para otro contexto con la situación actual, sino también tratando de montar en tiempo récord y sin guías ni referencias, consignas, mecanismos y diálogos nuevos para un alumnado esquivo, en el mejor de los casos.

Seguramente este cansancio también aparece mezclado con mucha frustración. Frustra verificar el poco impacto de tanto esfuerzo, la baja tasa de conversión de acción docente y energía humana en aprendizaje escolar, sin la posibilidad de poder valerse de herramientas y estrategias útiles y eficaces para una experiencia escolar presencial. La frustración es una respuesta emocional relacionada con la ira y la decepción, que surge de la percepción de resistencia al cumplimiento de la voluntad individual. No me caben dudas de que la voluntad individual del docente de que sus alumnos lean, reflexionen, ejerciten, repitan, aprendan, transfieran y den cuenta de ello, no se está cumpliendo, y que eso genera ira, o decepción, o ambas, y frustra.

Finalmente, debo decirlo, supongo que también los docentes estarán algo sorprendidos, positivamente sorprendidos, luego de haber comprobado por experiencia propia lo fácil de utilizar que resultaron muchas de las herramientas tecnológicas que la nube tiene a disposición de cualquiera hace años. A pesar de que la urgencia solo ha permitido rascar apenitas en la superficie, resulta que comunicarse en línea con muchos o con uno, definir consignas de trabajo, intercambiar producciones, generar ámbitos de debate o evacuar dudas individuales o grupales, está al alcance de unos pocos clics, prácticamente sin costo.

Si resulta acertada o cercana mi especulación de que los miles los docentes que escucharán mis aportes están agotados y frustrados, pero también sorprendidos por los recursos que encontraron en la nube, entonces tengo algo para compartirles.

Primero, que la innovación educativa es lo que ya están viviendo todos y cada uno, a pesar de que aún no se hayan dado cuenta. Innovar es hacer nuevo desde adentro, es modificar la esencia. La innovación puede ser el producto de una intención, o la consecuencia de una acción repentina no deseada que nos fuerza a cambiar. Un plan o una bomba, da lo mismo el origen del impulso. En la innovación, lo que cuenta es el diseño de eso nuevo surgido, los procesos que le dan armonía y coherencia al conjunto, y las iteraciones recurrentes que permiten depurar, refinar, aprender, coleccionar nuevos datos y evidencias. ¿Acaso no está viviendo eso cada docente de la región? Claro que aún esos logros de aprendizaje no llegan, pues se siguen utilizando herramientas de navegación del sistema anterior, pero no hay que claudicar, se debe seguir iterando con el único ánimo de lograr impactar aprendizajes. Aprender es iterar.

Segundo, que quedó demostrado que la espera de un cambio de sistema de arriba hacia abajo fue una mala decisión. Especular con la llegada de un supra diseño educativo novedoso, audaz y pertinente, fruto del acuerdo de la política, los sindicatos y los pedagogos, solo llevó al sistema y a cada docente a no estar preparado para actuar frente a esta emergencia. Cada uno innovó, es cierto, pero con un altísimo costo de estrés y angustia, y por el momento con bajos logros de aprendizaje. Por lo tanto, parece un buen momento, de la coyuntura y de la historia, para dejar de depender de otros, valerse de lo que hay al alcance de la mano, y actuar. Sí, en soledad, pero actuar. No para siempre, pues esa actuación solitaria seguramente irá encontrando sociedades, colegas y complicidades, pero comenzar el movimiento solos, si así tocó hacerlo. Los pequeños arroyos enfrentan la misma encrucijada cuando encuentran una pendiente y deciden avanzar, con el temor que supone esa aventura y trayectoria. Finalmente, se convierten en un caudaloso e imparable río, dando sustento a la navegación y alojando nueva vida. Los docentes deben obrar como esos pequeños hilos de agua, lanzados con valentía y en soledad hacia la pendiente que creó la pandemia.

Tercero, y por último, que el proyecto para iniciar el cambio es ese mismo, ese que tienen entre manos, ese que dictan por enésima vez. Ese proyecto, o trabajo, o asignatura, o unidad, puede dictarse de mil formas diferentes, por más que alguien desee convencerlos de lo contrario. La plan de estudios, el plan pedagógico y las rúbricas son instrumentos que obran como hoja de ruta del diálogo entre el aprendiz y su comprensión del entorno. Si ese diálogo no prospera, o lo hace en la dirección equivocada, o a un ritmo inconveniente, entonces esas herramientas y abordajes se deben abandonar para probar con otros. Hay que probar con otros instrumentos, y para ello, qué mejor oportunidad que comenzar con reformular justamente lo que se tiene entre manos ahora mismo.

A todos los docentes de la región, les digo con convicción: sigan iterando, confíen y comiencen solos, y válganse de lo que tienen entre manos como punto de partir. Es ahora, es solos, es aquí (allí).

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