Candidatos en construcción

21 Jul 2020 Por Gabriela Baigorrí

La construcción de un candidato en Tucumán implica una compleja alquimia de factores. Quienes están o estuvieron a la cabeza de distintos armados destacan que el proceso incluye métodos naturales y otros, más artificiales. El tiempo que lleva es bastante relativo, pero suele precipitarse alrededor de un año antes de los próximos comicios. El calendario marca que el escenario político provincial es una zona de obras en las vísperas de que comiencen a perfilarse los postulantes. El año que viene se renovarán cuatro de los nueve diputados del distrito y los tres senadores. El resultado es clave, una especie de medición previa, e incidirá directamente en los armados de 2023. Las elecciones provinciales son el plato fuerte para la dirigencia. En los distintos sectores ya se están musitando algunas posibilidades.


El cómo

En los espacios políticos coinciden en que generalmente se mezclan ambos tipos de estrategias en el camino a estampar nombres en las boletas. Entre los aspectos que naturalmente encaminan a un dirigente a convertirse en candidato están los resultados que acumula y la estructura (dirigentes y territorio) con los que cuente; el cargos al momento de la contienda; los números que marquen las encuestas y el aval de la mayoría y del líder del sector. Un caso testigo es el de Osvaldo Jaldo en el oficialismo. En 2015, cuando el entonces gobernador José Alperovich consagró la fórmula que competiría por la Casa de Gobierno, el segundo era un secreto a voces. Tampoco habían en ese momento postulantes que llenen todos los casilleros de requisitos. Jaldo, recuerdan en el Gobierno, tenía todos los “cartones” para completar el dúo que encabezaba Juan Manzur. Era ministro del Interior y contaba con manejo y apoyo en las secciones electorales fundamentales para el peronismo. Venía, además, de una ristra de triunfos en las urnas y de liderar -con Manzur- la lista de diputados de 2013.

En los frentes electorales menos monolíticos también se dan estas conjunciones de aspectos, aunque con otros matices. La postulación del radical José Cano a la gobernación en 2015 fue un hecho similar. La determinación de su segundo, el peronista Domingo Amaya, en cambio, sí fue más complicada. Cuando varios partidos pujan por lugares, las negociaciones suelen ser más intensas y se añaden como otro método de incidencia adicional.

En cuanto a las formas más artificiales de definición aparecen las “sugerencias” de los mandamases nacionales; la inclusión de “outsiders” o personas que no provienen de las estructuras convencionales; postulación de aportantes de dinero para las campañas o por la coyuntura del momento. Un ejemplo de este último punto fue el ruralista Juan Casañas, quien cumplió dos mandatos como diputado del Acuerdo Cívico, antecedente de Juntos por el Cambio. Hasta ese entonces no había sido candidato, pero en 2008 tomó protagonismo durante el conflicto entre el Gobierno kirchnerista y el campo por la 125. Formó parte de una docena de “agrodiputados”.


El ahora

Tanto en el oficialismo como en la oposición comenzaron a sonar algunos nombres. En la Casa de Gobierno dan por sentado que habrá acuerdo para que la Nación tenga sus lugares y que serán ocupados por miembros del kirchnerismo. En el oficialismo hay varios ministros y parlamentarios que serían tenidos en cuenta, según trascendió. A quien todos mencionan es al diputado Pablo Yedlin, cuyo mandato concluye. Evalúan su paso por la Cámara baja como sólido y fructífero en lo profesional y lo político. Se escuchó hablar también de las ministras Rossana Chahla (Salud) y Carolina Vargas Aignasse (Gobierno). Aunque con perfiles muy distintos, sus gestiones son evaluadas como muy buenas puertas adentro. Vargas Aignasse, además, es una de las políticas más fuertes de la capital. También anotan en la carrera a su par Gabriel Yedlin (Desarrollo Social), por el desempeño frente a su área.

Otras posibilidades que suman son el legislador Gerónimo Vargas Aignasse, cercano a Manzur y quien cuenta con experiencia en el Congreso y la diputada Gladys Medina, que podría aspirar a repetir como representante jaldista.

En cuanto al kirchnerismo, llegado el caso, priorizarían a quienes ocupan cargos en oficinas nacionales, como el director regional de Empleo y Trabajo y ex diputado Marcelo Santillán, entre ellos, y algunas caras nuevas.

Si bien aún no hay definiciones sobre quién podría postularse a qué cargo, el Senado es una gran incógnita. Las dos bancas del PJ están en manos del alperovichismo. Desde la Nación podrían ofrecer participar a la ex senadora Beatriz Rojkés, que cuenta con la estima personal de la vicepresidenta Cristina Fernández, o reservar ese lugar para otra mujer de esa línea, como Beatriz Mirkin o Silvia Rojkés.

Mientras, en el Ejecutivo local se analizaría la posible candidatura de Manzur como suplente, en caso de que no haya una reforma o de que no compita en la fórmula gubernamental.

En la oposición, el alfarismo podría promover a la diputada Beatriz Ávila para el Senado y aspiraría a compartir la lista para Diputados con algún sector radical. Se entusiasma con la cercanía que logró su líder, el intendente Germán Alfaro, con referentes de ese partido. Juntos por el Cambio, por su parte, se reorganiza. Sus dos máximas figuras vuelven a tomar posición. Ni el diputado José Cano ni la senadora Silvia Elías son excluidos de las versiones sobre posibles candidaturas. Ambos vienen manteniendo reuniones en las últimas semanas. Dicen en el armado que jugarán fuerte los intendentes: todos miran qué hacen y con quiénes se reúnen Mariano Campero (Yerba Buena), Roberto Sánchez (Concepción) y Sebastián Salazar (Bella Vista).

La construcción de candidatos es un largo proceso que ya comenzó para 2021, pero siempre con la mirada puesta en 2023.

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