Un cura muerto. El asesinato se produjo a metros de la casa de dos ministros del poder Ejecutivo. El asesino dejó 15 heridas de arma blanca en el cuerpo del occiso. En el ropero de la parroquia había guardadas dos armas de fuego. El principal sospechoso es hijo de una mujer que trabaja en la Iglesia. No se descarta una posible relación sentimental del sacerdote. En el lugar hay muestras de que no se robó nada. Pero el sospechoso tendría deudas con el asesinado.
No se trata de la reseña de algún novelista. Tampoco es la síntesis del próximo estreno de Netflix. Cuando éramos niños, por la única pantalla de televisión solían describirse culebrones de este tipo que salían de la imaginación de Alberto Migré o de Abel Santa Cruz. Generaciones enteras se sentaban frente al televisor que, aunque en blanco y negro, los atrapaba y los mantenía inmóviles por unas horas. Y, aunque parezca mentira, tampoco figura esta historia entre los resúmenes de novelas que están prontas a salir en las librerías.
Aquella, es simplemente una apretadísima síntesis de una historia real que se vivió en un barrio de clase media tucumana esta semana que nunca más volverá. Una hecho que atrapó a gran parte de la comunidad que ahora, en vez de estar frente a la TV en forma pasiva, puede volcar sus críticas y opiniones en los foros de LA GACETA o en las diferentes redes sociales. Curiosamente, aquellas viejas novelas actuaban sobre los espectadores como disparadores de diálogos y de autoproyecciones. En cambio hoy, por lo que se lee, sólo mueve a la búsqueda de culpables. Se acusa a todo el mundo. A la prensa, por contar lo que pasa; y también si surgen dudas porque las fuentes no son precisas -por confesar esas dudas- y se expresan en potencial las cosas que no están confirmadas. O se busca culpar a la Policía por describir lo que se encontró. Claro que si una y otra no lo hicieran también se las acusaría por no hacer lo que deben hacer.
De todo modos pareciera que la realidad -a diferencia del lenguaje novelesco- no interpela a nadie.
El episodio de Castro Barros y San Martín, por el contrario, abre tantos interrogantes como palabras impresas tiene este diario. Y las respuestas a estas preguntas llevan a transformaciones sociales profundas y hasta a la necesidad de que autoridades y miembros de la sociedad actúen.
¿Qué significa que un párroco guarde dos armas de fuego en el ropero? Más allá de los ciudadanos y del vecindario, las respuestas las tiene que dar el ministro de Seguridad y hasta el gobernador. Extraña poco porque a muchos esas herramientas los ayudan a dormir a mucho en medio de tanta inseguridad.
Deudas, pesos, robos hablan de una pobreza que más de uno sabe cuánta competencia tiene en ese tema.
Las exageradas puñaladas en la espalda de un hombre que habitaba en la casa de Dios dan cuenta de una sociedad exasperada, exhausta, vengativa, violenta. Todos esos adjetivos que golpean la puerta de la Casa de Gobierno.
Si existió o no una relación entre el padre y la secretaria -a la vez, madre del principal sospechoso- es simplemente una conjetura. “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”, reza el artículo 19 de la Constitución Nacional”. No obstante, en el debate y en la preocupación social se abre la discusión sobre el celibato, un tema que interpela hasta al papa Francisco.
La hipocresía de los foros y de las redes sociales se convierten en alucinógenos que hacen que muchos de sus autores prefieran conformarse con la realidad que ellos ven y no con la que los interpela como ciudadanos. En el poder pasa lo mismo: los gobernantes o dirigentes se conforman con hacer un tuit o un posteo en Facebook antes que con poner la cara en una conferencia de prensa o en una entrevista.
No obstante, la excepción que confirma esa regla esta semana fue el trío de ministros que asistieron a uno de los programas de LA GACETA Play. La titular de Gobierno, la de Salud y la de Seguridad pusieron la cara y transmitieron una imagen de equipo que hace mucho no se veía en la estructura del Poder Ejecutivo provincial. Logros de la pandemia. En la lógica de la política a nadie le hubiera sorprendido que tanto Carolina Vargas Aignasse como Rossana Chahla no hubieran querido sentarse al lado de Claudio Maley. Las dos primeras vienen disfrutando las mieles de que Tucumán mantenga en regla al enemigo invisible; en cambio, el titular de Seguridad arrastra demasiadas heridas. Sin embargo, ambas ministras defendieron públicamente a Maley, algo que ni el gobernador hizo en los últimos días, aunque en voz baja lo sostiene aún cuando lo sacude un tsunami de violencia policíaca.
La pandemia volverá a poner a prueba a este trío a medida que avance esta semana que nace hoy. Los tucumanos estaban más ansiosos que un lector de Carlos Ruiz Zafón, cuyos libros no aparecen por ningún lado tras la muerte del autor. Apenas se enteraron de que podían viajar, salieron disparados a disfrutar de la condición de turistas en su propia tierra. Desde mañana, además, el Gobierno nacional pagará todo tipo de subsidio, así que habrá más que nunca tucumanos en la calle. Con ciudadanos mostrando hartazgo e indicisplicna cuando de barbijos o distancias sociales se trata.
A espaldas del coronavirus
El coronavirus hace todo lo posible por distraer y por acaparar la atención, pero -como está al borde del nocaut, tal cual le avisó desde el medio del ring el doctor Alfredo Miroli- las elecciones parlamentarias (diputados y senadores) están en la cabeza de muchos, especialmente de los que se juegan el futuro político. Por eso desde la Nación hay kirchnerisas que sufren de una afiebrada búsqueda de partidos nacionales habilitados con el único fin de armar frentes en 2021. Y, si hay cristinistas en esa jugada, también habrá algún albertista atento con el mismo virus electoral. Por los tribunales federales, electorales, comentan que, por lo menos, hay ocho partidos nacionales con sus papeles en orden. Hay seguidores de Cristina que hicieron preguntas desde Santiago de Estero; y están los que identificados como del grupo Callao, hacen consultas en nombre de Alberto.
Mientras esto ocurre, el Presidente de la Nación vive días grises. Sus decisiones, sus declaraciones, sus posturas no alcanzan para descifrar dónde está parado y mucho menos cuál será el rumbo que definitivamente tomará el país cuando los epidemiólogos le cuenten hasta 10 al virus y este no vuelva a levantarse.
Indudablemente no alcanza. Esta semana en las famosas redes sociales, donde nadie pone la cara para hacer daño, ya se deslizaron humoradas faltándole el respeto al titular del Poder Ejecutivo Nacional y haciéndolo quedar como un indeciso. El recuerdo de los papelones de Fernando de la Rúa puede provocar mucho perjuicio, al respecto. Los peronistas que no están dispuestos a volver al llano sostienen que antes que el virus se entregue, Alberto Fernández tiene que ponerle fin a las negociaciones con la deuda y sentarse en la presidencia del justiciaslismo para que, de una vez por todas, no se discuta más su liderazgo.
Divorcio sin mediación
En la Provincia, las discusiones del oficialismo se han postergado para otros momentos. En cambio, han empezado a aflorar en la oposición. Cada una de las palabras que dijo Maley en televisión el miércoles por la noche fueron refutadas casi al mismo tiempo por José Cano y por Silvia Elías de Pérez. La senadora, a las pocas horas, al no sentirse escuchada por la prensa, hizo conocer por las redes sociales 100 medidas que hay que tomar.
No es ninguna novedad ya que la pandemia obligó a Cano y a Elías de Pérez a tomar cierto distanciamiento social; pero ellos, por las dudas, se tomaron en serio lo del distanciamiento en todos los sentidos de la expresión, ya que ni mensajes de WhatsApp se mandan.
Zorro desorientado
El intendente de la Capital parece haberse contagiado de los padecimientos de Fernández. Si bien al contrario del Presidente, Germán Alfaro ha tomado demasiadas decisiones, también ha sembrado las mismas confusiones. Y, aunque algunos exégetas suyos se esfuerzan, el “Zorro del desierto” da más señales de estar algo desorientado que bien parado.
Hasta aquí ha manifestado ser independiente de todos (Cambiemos, PJ nacional y provincial), pero a mismo tiempo su independencia no lo muestra como un político con libertad de movimientos.








