Juan Manuel Asis
Por Juan Manuel Asis 19 Julio 2020

Plebiscito sobre el accionar pasado y ensayo a futuro; eso suelen ser las elecciones nacionales de medio término. Porque bajo la excusa de que se someten a la valoración del pueblo las gestiones nacionales o provinciales, tanto en el oficialismo como en la oposición se pactan alianzas y se acuerdan integraciones de listas para que la votación resulte una suerte de aprobación o desaprobación de la estrategia elegida, cual si fuera un anticipo lo que puede llegar a ocurrir en la próxima elección provincial. Una especie de test electoral para evaluar aciertos y errores que les indique cómo prepararse mejor para lo que se viene. Son las estrategias políticas las que se ponen en juego, algunas de las cuales ya han empezado a delinearse, aún en el marco de la pandemia y de las recomendaciones de un púdico silencio político y de no mostrarse imprudentes.

Para tener en cuenta: durante este milenio, el peronismo provincial no perdió una sola elección intermedia, porque supo mantenerse unido y vertical en su conducción. Sin embargo, allí hay cierta tensión interna, aunque los que conducen saben que deben marchar unidos, no sólo por necesidades de grupo sino por la presión que ejercerá el Gobierno nacional para que no haya fracturas; ni un mínimo de discrepancia que ponga en peligro la victoria, según aquellos antecedentes. En tanto, en sectores de la oposición hay gestos encaminados a promover una coalición opositora distinta de cara al año próximo, más amplia; de derecha, pero que conlleva un riesgo: la ruptura del radicalismo. Se trata de una movida política con mucho sesgo personalista pero que tiene la virtud de hacer ruido por lo novedoso de la pretensión: una sociedad de radicales con Fuerza Republicana, algo que nunca antes ocurrió.

Es una alianza objetada por aquellos correligionarios que reivindican la memoria de Ángel Gerardo Pisarello o los alfonsinistas cuya concepción socialdemócrata les impide comulgar con el partido de Ricardo Bussi. Sin embargo, los que impulsan los eventuales acuerdos con FR no se detienen en cuestiones ideológicas sino que apuntan a concretar una nueva alternativa electoral para enfrentar al justicialismo. A este sector indirectamente lo valida el hecho de que la propia UCR terminó aliándose con el PRO, una fuerza que tiene más afinidad con FR que con el propio partido radical; de hecho, dirigentes y militantes del bussismo supieron incorporarse al macrismo y desempeñar cargos en la gestión nacional anterior. El propio Bussi afirma que tienen más afinidades con el PRO que con el radicalismo, e incluso suele recordar que pretendió sumarse a la alianza Cambiemos, pero que le cerraron las puertas, una vez Cano, otra vez Elías de Pérez.

En el medio, algunos radicales recuerdan a Alfonsín aludiendo a Macri: “No podemos aliarnos con la derecha. La derecha es Macri, no podemos traicionar nuestros principios”. Pero la UCR terminó aliándose con Macri y desbancando al peronismo. ¿Es lo que pretende el intendente de Yerba Buena, Mariano Campero, al mostrarse sonriente con Bussi? Este acercamiento tiene una doble lectura: que realmente quiera cerrar un pacto con FR para concretar una opción de poder o bien que intente marcar una diferenciación y el distanciamiento con el diputado José Cano y con la senadora Silvia Elías de Pérez, quienes quedaron duramente enfrentados a Bussi desde los comicios provinciales de 2019. Recuérdese que tras un debate en LA GACETA, donde el legislador le pidió a la senadora que bajara su candidatura a gobernadora, Cano y Bussi casi se van a las manos luego de una áspera discusión en la peatonal Mendoza, que quedó grabada. El legislador aparece como un factor de quiebre entre la dirigencia radical, y juega ese partido para un lado.

El jefe municipal, en tanto, cultiva un perfil dialoguista y proclive a los consensos hacia afuera. En ese marco quiere que se analice su proximidad al líder de FR. De hecho cerró una alianza municipal con el bussismo a partir de la relación con el concejal Gonzalo Cisneros (FR), quien fue el nexo para el encuentro que mantuvo con Bussi en la sede municipal. Tampoco puede descartarse que tanto Campero como Bussi estén jugando sus propias partidas y que se usen mutuamente para sus propios fines. El jefe municipal dice que se trata de charlas prematuras, que hay tiempo todavía para las definiciones políticas pero que no puede huirle al diálogo. Está convencido de que hay que analizar nuevas posibilidades y de no cerrar la puerta a una eventual coalición con FR, como habría sucedido en 2015 y 2019, al decir del propio titular de FR. O sea, probar suerte en una votación. Lo que debería ocurrir el año entrante, porque allí se verificaría el éxito o no de la jugada y se sabría efectivamente si puede servir como experiencia piloto de cara al 23.

Aquí cabe recordar un par de datos históricos: en todas las elecciones provinciales del siglo XXI, la suma de votos de todos los partidos opositores no alcanzó la cifra de sufragios obtenida por el peronismo (siempre logró más del 50%), por lo que no sería suficiente la unidad opositora para alterar esa ecuación. Haría falta, además, una profunda vocación de poder y convencimiento para trabajar en consecuencia. Como dijo un correligionario: eso se hace pensando en que el primero y el segundo candidato a senador van a entrar porque apostarán a ganar; y no peleándose por el primer puesto para acceder a la banca por la minoría, lo que revelaría que van sólo para no perder lo que ya tienen.

El otro dato a rescatar es el de la elección de diputados nacionales de 2017, donde los votos obtenidos por José Cano (319.000) y por Bussi (155.000), sumados, superaron a los conseguidos por la lista encabezada por Osvaldo Jaldo (460.000). Y fue una elección intermedia. Esta votación vendría a justificar aquello de que la participación del bussismo en una elección, dividiendo a la oposición, termina siendo funcional a la victoria del oficialismo; sin embargo, eso no sucede en ninguna elección provincial, teniendo en cuenta, precisamente, que nunca los votos sumados de todas las fuerzas opositoras alcanzan a los del PJ.

Campero hizo un amague e hizo ruido, dejó latente la posibilidad de encarar un posible frente que ya genera rechazos y que expone a Bussi como el provocador de una grieta interna en el radicalismo, como un factor de discordia. En el mundillo político se señala que el intendente aspira a ser candidato a senador el año que viene, como una suerte de trampolín para encarar desde otra perspectiva los próximos comicios provinciales. Recuérdese que ya no puede ser reelecto.

Además, la condición de partido intervenido de la UCR potencia aún más la división, ya que no hay una autoridad surgida de un proceso de normalización que legitime o desautorice un eventual acuerdo electoral, por lo que cualquier dirigente puede arrogarse representatividad para avanzar con convenios políticos con otras fuerzas. Máxime si tiene un poder territorial, como los intendentes Campero y Roberto Sánchez, de Concepción. Pero, la UCR, como organización, está en deuda con sus afiliados desde 2018, cuando fue intervenida; y mientras no la salde con un llamado a elecciones para elegir sus autoridades, Bussi seguirá emergiendo como un elemento de quiebre en el radicalismo.

Desde la otra trinchera interna, Cano y Elías de Pérez están llevando adelante una fuerte campaña en contra del Gobierno provincial asentada en la inseguridad, precisamente una bandera que supo explotar Bussi en la campaña electoral del año pasado y que le valió cosechar cerca de 140.000 sufragios. Desde el oficialismo se admitió, entonces, que ese discurso fue clave en la acción proselitista de FR, porque pegó en el flanco más débil del Gobierno y canalizó el malestar ciudadano por este tema. La senadora y el diputado radical también están atacando el aspecto donde la gestión provincial se expone más debilitada: en el de la seguridad.

Es una bandera clave para la oposición, porque cuando la pandemia pase, el temor por la inseguridad -ya en aumento- suplirá al miedo al virus. Una forma colateral de enfrentar a Bussi desde lo discursivo y también para contrarrestar las movidas del joven yerbabuenense, que ya demostró que se anima a enfrentar a los veteranos radicales, aunque pierda por paliza como en las PASO del año pasado. Un completo atrevido, un osado político. Si hay confrontación entre estos dos espacios, es obvio por quien hará fuerzas Bussi, aunque el parlamentario preferiría que la UCR, como partido acepte formar una alianza con FR. Si bien hay prejuicios contra su persona y su partido, Bussi confía en que se pensará la cifra de votos que pueden alcanzar juntos. Cree, además, que el peronismo llegará dividido a la elección nacional, lo que supone que ocurrirá si Manzur elige a Pablo Yedlin como candidato a senador; y que eso puede favorecer a una coalición opositora.

De cualquier forma, Bussi viene golpeado: se lo expuso como el “infectado” que paralizó la Legislatura y fue denunciado por un supuesto abuso sexual; en esas condiciones se le pude decir que no está para ponerse al frente de jugadas políticas con intereses electorales; sin embargo, como se ve, hay radicales que le dan cabida y oxigeno. En fin, para algunos dirigentes y militantes radicales, Bussi es un límite, para otros una posibilidad para una alternativa electoral distinta. El año entrante, dependiendo de las batallas por los espacios y de las movidas de la dirigencia, puede o no haber un nuevo ensayo opositor con vistas a 2023. Por ahora, lo único seguro es que Bussi agrieta a los radicales. El peronismo gobernante, y hasta Germán Alfaro, puede sonreír con estas travesuras que se hacen pensando en los comicios de medio término.

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