Crimen del padre Juárez: “me quitaron una amistad de más de 40 años”

“Esta zona es espantosa desde siempre; roban mucho en las casas y ahora parece que empeoró”, dijo una vecina. Reclamos al ministro de Seguridad, entre lágrimas y confusión de los vecinos por el asesinato del párroco del templo San Martín de Porres.

16 Jul 2020

“Él bautizó a todos mis hijos y nietos, era un ángel; se lo llevaron y a mí me quitaron una amistad de más de 40 años”, enfatizó Juan Albarracín, quien no podía creer el final que tuvo su gran amigo, el sacerdote Oscar Juárez, de 67 años, quien murió desangrado tras recibir puñaladas en su dormitorio en la parroquia San Martín de Porres. El templo está ubicado en Castro Barros al 100, en la capital.

Albarracín fue un gran seguidor del cura. Contó que lo conoció cuando daba misas en la ciudad de Alderetes y lo siguió después cuando llevó sus sermones a la capilla del colegio Guillermina y finalmente hasta el templo donde se desempeñó por 13 años. “Vivimos en una zona roja; tres casas van robando en el último tiempo. Vivo a la vuelta de la casa del ministro (Claudio) Maley. Nos roban en cada esquina; denunciás y te dicen que no pueden hacer nada. Es increíble lo que pasa y terrorífico lo que hicieron con el padre Juárez”, se lamentó el vecino, derrumbándose sobre los brazos de una mujer que compartía su dolor.

Norma Velárdez, secretaria del religioso y del templo San Martín de Porres, describió lo que le habría contado una persona de limpieza que en la mañana de ayer encontró el cuerpo del sacerdote en el piso de su dormitorio. Yacía boca arriba sobre un charco de sangre. Tenía una herida en la espalda, a la altura de la cintura. En ese momento no podía determinarse qué tipo de arma la había provocado. Según le contaron a la secretaria, el cura tenía los puños cerrados y una cinta en el rostro que habría intentado quitarse. “Era un hombre alto, pesado y de gran corazón. Muchas veces yo lo buscaba en mi camioneta y lo llevaba a los lugares donde asistía. El miércoles analizamos el protocolo de seguridad y el jueves volvimos a abrir la iglesia”, recordó. Por otro lado, consideró: “creo que entraron a la parroquia buscando plata”.

HOMENAJE Y OFRENDAS. Anoche los fieles se dieron cita en la capilla. la gaceta / foto de antonio ferroni

Jimena Borques es otra feligresa que acompañó el luto durante la mañana de ayer, mientras se esperaba a que las autoridades dieran un informe oficial sobre el caso. “La inseguridad se volvió habitual, si no tienen corazón para perdonar la vida de un cura ¿qué podemos esperar nosotros?”, planteó con amargura. Por su parte, Ana Lía Galindo, quien acompañaba a su hija en el lugar, recordó que Juárez siempre ayudaba en barrios carenciados, y que los domingos organizaba las colectas en la iglesia para luego entregar las donaciones junto con algunos vecinos. “Era un buen orador; la gente venía de distintos puntos de la ciudad para escuchar sus misas”, explicó.

La inseguridad de los barrios Villa Luján y San Martín de Porres también fue tema de mención. “Esta zona es espantosa desde siempre; roban muchísimo en las casas, pero ahora parece que empeoró, porque ni a la calle se puede salir”, dijo Galindo. En la iglesia estuvieron acompañando la investigación fiscal dos autoridades de la cartera de Seguridad: el mismo ministro Claudio Maley y el secretario Luis Ibáñez.

Ante las cámaras de la LA GACETA Play, un grupo de vecinas aseguró que el padre Juárez era un familiar más. “Todos los que estamos acá tenemos los ojos llenos de lágrimas y de dolor. Tenemos mucha bronca. ¿Por qué hicieron esto con un pobre cura?”, reclamó Sandra, quien no dudó en pedir la renuncia del ministro. “Ser bueno es lo que lo perdió, y ahora ¿quién nos lo devuelve? No hay justicia acá”, argumentó. Sandra contó que entre los feligreses se turnaban para llevarle comida o para almorzar con el padre Juárez. “Era un hombre áspero por fuera pero tierno por dentro, que para todos tenía la palabra justa. Conformó un grupo de jóvenes con quienes llevaba comida a las personas; como decía Jesús, era un pastor que conocía a sus ovejas”, agregó.

“’Hay que ayudar porque lo necesitan, no porque se lo merezcan’, esa frase suya me quedó grabada. Me la dijo cuando yo le quise hacer ver que los mismos a los que él ayudaba le estaban robando”, rememoró Silvia Flores. La vecina no dudó en cuál podría ser el móvil del crimen. “Habrán creído que el cura tenía plata, o que los copones dorados son de oro y este buen hombre les habrá abierto las puertas pensando que se trataba de una persona necesitada”, consideró.

Ambas mujeres reflejaron que la situación económica del sacerdote no era de la mejor desde que la pandemia de la covid-19 obligó a cerrar los templos. “Siempre se lo ayudaba con la limosna en la misa, pero con la cuarentena se terminaron las misas y entre los vecinos nos organizamos para ayudar con los gastos de la luz y mantenimiento del templo”, detalló Sandra, una de las fieles que integraba un grupo de Whatsapp con el sacerdote, donde a diario se trataba temáticas de la parroquia.

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