La cuestión regional

Por Benito Carlos Garzón, abogado, constitucionalista.

15 Jul 2020

Luego de muchos años de no tenerse conocimiento del tema, señalamos como auspicioso que la temática regional vuelva a tener significación en el mundo de la política de nuestras provincias. También es plausible que se haya elegido como presidente del Parlamento del NOA al actual presidente de la Legislatura de Tucumán; que se haya consensuado entre las seis provincias del Norte una agenda de intereses comunes y se decida trabajar en conjunto para lograr su realización. Luego de más de 20 años de haberse abandonado esta crucial cuestión institucional, resulta indudable que fuera del regionalismo federal no existe otro medio para lograr un mayor equilibrio entre el macrocefálico poder de la metrópoli y los puertos del litoral y el resto de las provincias, sobre todo las del norte del país.

Como antecedente personal de una temática insignia de una generación, puedo señalar que fui asesor del primer intento de regionalizar al país en la experiencia del Norte Grande impulsada por el entonces gobernador de Salta, Roberto Romero, hacia fines de los 80. A la inauguración de la nueva institución asistió el ex ministro del Interior del gobierno del Dr.Alfonsín y se comenzó a diagramar el desarrollo de una agenda económica, institucional y política del nuevo organismo de integración de nueve provincias del NOA-NEA.

Lamentablemente la hiperinflación se llevó como un tsunami toda aquella iniciativa. Luego trabajamos en el plano constitucional de un nuevo proyecto y otra vez como asesor de la Convención Constituyente de 1994 por la provincia de Salta intervine en la redacción que aprobó dicha reforma plasmada en el nuevo art. 124 que textualmente expresa: “Las provincias podrán crear regiones para el desarrollo económico y social y establecer órganos con facultades para el cumplimento de sus fines…” Un artículo conciso y pleno de significado para la creación y el desarrollo del federalismo regional integrado con el art.75 inc. 2 ° tercer párrafo sobre coparticipación federal de impuestos.

Impulsados por esta habilitación constitucional, nos dedicamos con intensidad a trabajar en un organismo denominado Comité de Integración Regional y logramos que en el gobierno de Ramón Ortega, teniendo como motor dentro de ese órgano al doctor José Roberto Toledo, se creara la primera Región del NOA en función de la nueva norma constitucional. Así, en un acto solemne suscripto en la propia Casa Histórica de Tucumán, con asistencia del ex presidente Carlos Menem, quedó creada la nueva Región con las seis provincias del NOA.

La flamante institución se frustró al menos por dos razones. Una, relativa al ex gobernador de la provincia impulsora, que no quiso avanzar cuando ya estaban listos los borradores del Tratado de Integración, y resentido por no haber sido electo vicepresidente del reelecto Dr. Menem, se fue a Miami y dejó la cuestión a un paso de consagrar el primer Tratado de Integración, con sus nuevos órganos para cumplir su finalidad esencial de balancear el poder entre Nación y provincias, sin el cual no puede existir desarrollo autónomo y sólo queda mendigar al poder central la realización de las bases del crecimiento para todos los pueblos de la Región.

Luego vino otro tsunami que fue la crisis del 2001 que barrió el intento de unificación del NOA. Desde esta crisis del 2001 únicamente se vieron gobiernos locales subordinados al poder central, y aun en épocas de vacas gordas (boom de la soja) las provincias no pudieron realizar obras trascendentes para su infraestructura y el embudo del centralismo se transformó en más agudo que nunca. En el gobierno anterior se consagró en la realidad que la autonomía de las regiones sólo puede lograrse mediante una férrea y decidida vocación de las provincias mancomunadas.

El Plan Belgrano fue la prueba de que no bastan las buenas intenciones para la “reparación histórica“ del Norte argentino. No es posible que desde la Casa Rosada se digiten las obras necesarias para un verdadero desarrollo del Norte del país y la prueba de ello es que ni siquiera en los papeles se pensó en la necesidad imperiosa de la comunicación Oeste-Este de la Región y menos aún en la comunicación biocéanica estratégica, como ahora lo recuerda el representante de Catamarca en el Parlamento del NOA.

En Tucumán la ausencia de obras de desarrollo estratégico significó por ejemplo que ni siquiera la conexión de la provincia con la ruta 16 entre 7 de Abril, Nueva Esperanza y Monte Quemado en Santiago del Estero, con un beneficio de más de 100 kilómetros, pudo concretarse. Durante 12 años de mandato sólo hubo ladrillos y cordón cuneta para fines electorales.

En el esquema Regional proyectado los órganos eran una Junta de Gobernadores, un Parlamento regional y una Corte de Casación regional, pero lo decisivo es que los representantes, diputados y senadores, fueran como sostenía el gran maestro Dr.Pedro Frias, “más fieles a su tierra y a su pueblo que al partido político”.

En síntesis, puede señalarse que es bienvenida la señal de inquietud política regional en el NOA, pero deberá tenerse en cuenta que la posibilidad de éxito, más allá de los acuerdos necesarios para resolver problemas interprovinciales, es necesario crear un polo de poder frente al cual la realización de la “reparación histórica” del Norte argentino no dependa de los funcionarios del poder central. Fue y sigue siendo el desafío fundamental de la clase política de la región para la previsión constitucional de crear un país armónicamente desarrollado, con el “bienestar de todas las provincias” (Art.75 inc.18 C.N.). De lo contrario seguiremos siendo vasallos del centralismo que asfixia al interior del país en beneficio de una metrópoli justamente denominada como la “Cabeza de Goliat” por el gran pensador argentino Ezequiel Martínez Estrada.

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