La fiesta del Centenario fue genuinamente civil, según cronicó LA GACETA en 1916

El diario del 9 de julio de hace 104 años da cuenta del fervor patriótico con que los ciudadanos vivieron una fecha ignorada por la Casa Rosada.

12 Jul 2020 Por Álvaro José Aurane
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“De los actos conmemorativos realizados hasta el presente, el más simpático ha sido, sin duda, la gran manifestación popular efectuada ayer a la casa de la Independencia”. Con esa afirmación comienza la crónica publicada por LA GACETA el 9 de julio de 1916. Nuestro diario, que el 4 de agosto siguiente cumplirá cuatro años, le dedicó la casi totalidad de la edición a las celebraciones del Centenario de la Independencia. La máxima autoridad nacional que participó de los actos es el ministro de Instrucción Pública, Carlos Saavedra Lamas (es bisnieto de Cornelio Saavedra y 20 años después recibirá el premio Nobel de la Paz). La ausencia del presidente Victorino de la Plaza (asume en 1914 tras el fallecimiento de Roque Sáenz Peña) es la confirmación, obvia para la época, del desprecio que el salteño profesa por Tucumán, gobernada entonces por Ernesto E. Padilla. No hubo asistencia financiera de la Nación para festejos ni para obras conmemorativas. Fue la sociedad civil tucumana la que rescató la fiesta. Y ciertamente, según informa la crónica de hace 104 años, fue también la que la disfrutó plenamente.

“Sin distición de clases, sexos, edades, nacionalidades, cuanto de representativo tiene Tucumán, en los diversos órdenes que integran el engranaje de un pueblo, en patriótico consorcio con los distinguidos huéspedes que nos honran con su visita, formó en las compactas columnas que recorrieron las principales calles de la ciudad, en homenaje a los próceres que hace un siglo juraron la independencia de la patria”, consigna la nota.

“Asociaciones religiosas,  colectividades extranjeras, centros de estudiantes, centros sociales, etc., acompañados del pueblo, seguían a las autoridades nacionales y provinciales y a la comisión del centenario, que ocupaban el primer puesto después de las damas”, describe el texto. La participación femenina en las celebraciones es un dato que será destacado a menudo por el cronista.

“La nota simpática la constituía el frente de las columnas, formados por la mujer tucumana, conduciendo la insignia argentina”, manifestaba.

Este verdadero desfile cívico fue amenizado por “las bandas de música de la provincia y del cuerpo de bomberos”, que se encargaron de ejecutar “alegres marchas”. La organización fue respetada al detalle. La concentración se realizó en la plaza Urquiza. “Las diversas colectividades se habían congregado en los puntos designados al efecto, para incorporarse a la columna durante la marcha” hacia la casona de Francisca Bazán de Laguna.

“Al enfrentar la columna la Casa Histórica, el patriotismo de los manifestantes se exteriorizó en entusiastas vítores”, cuenta la crónica. Las damas, detalla, siguieron por calle Congreso. Las autoridades entraron al solar. “Una nueva circunstancia que no debemos silenciar contribuye al mayor éxito del acto: antes de comenzar los discursos, las autoridades pidieron que una banda de música ejecutara el Himno Nacional. No encontrándose presente ninguna, la concurrencia cantó las estrofas, aplaudiendo después todos los allí congregados, una actitud digna de elogio”.

La nota se extiende en la reproducción de los discursos de autoridades y de representantes de delegaciones. El primero corresponde al diputado nacional Nicolás A. Avellaneda. “Afortunadamente, señores, nos toca actuar en una época normal, en que la democracia vive la vida sana, por la libertad del sufragio. Las revoluciones civiles se han convertido en las controversias pacíficas e ilustradas de la opinión”, reseñó. Era otro siglo...

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