El fútbol y la pandemia, en la vida de dos mujeres apasionadas

Las vidas de Alejandra y Valentina Cruz tienen mucho en común, más allá de ser hermanas. Ambas son árbitras de los torneo de la Liga Tucumana y trabajan en el área de salud de la provincia. “El miedo de llevar el virus a casa existe y por eso nos cuidamos”, afirman.

07 Jul 2020 varios autores

¿Cuáles son los requisitos para ser árbitro de fútbol? La lista es larga y variada. Pasión por la actividad, el curso obligatorio y, en el caso de Alejandra Cruz, un acuerdo de palabra con su padre para que le permitiera alcanzar un objetivo que persiguió desde la época en los que cursaba la secundaria. “Mi papá no quería saber nada con mi elección. Desde un primer momento se opuso a la idea. Decía que quería protegerme porque en el ambiente iban a discriminarme. Intenté hacerle entender que se equivocaba porque no era un capricho. Era lo que siempre me gustó. Lo que me hacía feliz. Al final para que aceptara apoyarme le prometí que iba a estudiar y recibirme”, recuerda la licenciada en obstetricia, que tiene 29 años y una proyección importante a nivel nacional.

La pasión de Alejandra no es nueva. “Cuando terminé la secundaria me propuse ser árbitra. Me encanta el fútbol, pero mucho más me gusta dirigir. Soy malísima con la pelota. Por eso elegí esta actividad para estar ligada al deporte que me encanta. Comencé a ir a la cancha siendo chica y siempre me dedicaba a observar los movimientos del árbitro. Un tío se dedicó a esto en Santiago del Estero y cada vez que viajaba para visitarlo aprovechaba para verlo dirigir. Tal vez pensó que con el tiempo iba a olvidarme, pero se equivocó. Y aquí estoy compartiendo mis dos profesiones”, repasó su veloz carrera durante la charla con LG Deportiva.

Su familia era parte del problema y la solución entonces, para hacerle caso a su vocación.


Comienzo complicado

El arranque en su carrera como árbitra no fue sencillo. “Me apasiona tanto el arbitraje que cambié mi personalidad. Antes era callada y tranquila. Ahora tengo un carácter fuerte. Me banco lo que sea”, afirma. Es que Alejandra debió soportar el maltrato de los padres de los jugadores cuando dirigía partidos de las Inferiores y hasta algunos insultos. Una situación lamentablemente normal con los jueces pero que, por su condición de mujer, ella asegura que se potenció y tuvo que padecerlo.

El recuerdo es claro e incluye una fuerte autrocrítica también. “Debuté en las Inferiores con un partido entre San Martín y Lastenia. Fue un momento que hubiese querido olvidar pronto. Admito que mi tarea fue pésima. Estaba muy nerviosa y los padres de los jugadores tampoco ayudaron. Cuestionaban todos mis fallos. No dejaban de gritarme e insultarme. Por un momento me sentí discriminada”, asegura.

Una vez que asimiló el golpe, siguió adelante. “Poco a poco fui entendiendo que eso forma parte de nuestra actividad, especialmente en las categorías bajas. Lejos de sentirme abatida, al otro día preparé el bolso con el entusiasmo de siempre y fui a entrenarme. Siempre intenté crecer. Por suerte tuve el apoyo de los miembros del colegio que me renovaron la confianza y me promovieron a las categorías superiores. Así debuté en la Primera B de la Liga (en el partido Estación Experimental-All Boys). Ahora mi objetivo es conseguir la licencia para dirigir competencias nacionales”, señala. ¿Qué se necesita para ser un buen árbitro? Alejandra no tiene dudas: “amar esta profesión, pero fundamentalmente ser buena persona”.

Su carrera iba en pleno ascenso, pero se frenó por la pandemia del coronavirus. “Ojalá esta tormenta pase para volver a desarrollar una vida normal. Regresar a un campo de juego y seguir creciendo es lo que más deseo. Mientras tanto, sigo estudiando y capacitándome. Las reglas se van actualizando y tenemos que estar preparados para cuando esto termine”, expresó.

Alejandra no es la única que se dedica al arbitraje en su familia. Valentina, su hermana, sigue sus pasos. “Lo mío es diferente. Hice el curso de árbitro para acompañarla. Si bien a las dos nos gusta el fútbol, dirigir no era algo que me obsesionaba. Además, a mi papá no le gustaba la idea al principio, pero ahora nos apoya de manera incondicional. Me costó adaptarme. Yo no estaba acostumbrada ni preparada para recibir insultos. Eso fue lo más duro. Después vas entendiendo que eso forma parte del folclore del fútbol y que no hay que darle importancia. Lo fundamental es concentrarse en el trabajo y hacerlo de la mejor manera posible”, indicó la menor de las hermanas, que es radióloga.

Otro punto en común entre las hermanas Cruz es que ambas forman parte del personal de salud y eso en estos tiempos de coronavirus no es sencillo. “Estamos viviendo tiempos difíciles, pero hay que ponerle el pecho a la situación y estar al pie del cañón para lo que se necesite. Con o sin pandemia los bebés nacen y tenemos que estar al lado de nuestras pacientes. Además, ayudo a los enfermeros del hospital a vacunar a las personas de riesgo, entre ellos a mayores de 65 años. La exposición es doble, pero lo hago con gusto porque formamos un gran equipo. Lo más duro de la pandemia fue la obligación de aislarme de mi familia porque el miedo de llevar el virus a casa existe. Tanto mi hermana como yo entendemos que nuestro deber es proteger a nuestros seres queridos, ser prudentes”, concluyó Alejandra.

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