Cartas de lectores

03 Jul 2020 Por LA GACETA
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- Licencia de conducir

En consonancia con la carta publicada en este misma sección e idéntico título, con fecha 29/06 y firmada por René Alberto Parra, en la que destaca la tremenda dificultad de obtener turno vía on line para gestionar el carnet de manejo, aprovecho para reiterar lo sugerido en mi carta “Requisitos para el carnet de manejo” (14/05), en el sentido que autoridades de la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, atendiendo a la situación de pandemia que atravesamos,  dispensen por un tiempo razonable a las personas de 65 o más años, de presentar el Certificado de Buena Conducta que emite la Policía de Tucumán. Ello redundará en preservar la salud de las personas mayores, evitando dificultades en obtener turno, aglomeramientos y largas colas, más aún en esta época en que padecemos los rigores del frío invernal.  Asimismo, esta medida permitirá realizar todos los trámites en un mismo ámbito, esto es en la Dirección de Tránsito, evitando mayor circulación  de personas en edad vulnerable, que es en lo que vienen insistiendo las autoridades nacionales, provinciales y municipales. Aprovecho para sugerir, dentro de lo posible, que se instalen en la misma dependencia municipal y con mesas de trabajo a cargo de la Policía,  sistemas informáticos que permitan acceder a la base de datos de la misma,  y así obtener “in situ” el mencionado Certificado de Buena Conducta. Espero que la Dirección de Tránsito Municipal se haga eco de estas sugerencias, lo que redundará en un gran beneficio para las personas, especialmente mayores, que deben gestionar su licencia de conducir, con bastante continuidad, dado que por su edad, estas licencias se emiten por cortos plazos.

Fernando Pablo Saade

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- Por un protocolo escolar

“Aclaramos que no se realizó protocolo Covid, hasta el momento, debido a que las autoridades sanitarias no lo estimaron necesario” (LA GACETA, sobre el Subsidio de Salud); “Lineamientos básicos para la vuelta al aula pospandemia” (protocolo nacional); Un “lineamiento” es un “dibujo” alejado de la realidad. ¿Quiénes pueden estimar lo “necesario” para el retorno a las aulas? Los propios docentes de cada establecimiento. ¿Razones? Varias. En primer lugar, la experiencia de los trabajadores del Subsidio de Salud. La apertura de una escuela es inviable sin haber antes modificado las condiciones sociales que hagan posible una planificación. Un “lineamiento” supera al “dibujo” cuando se transforma en efectivo cumplimiento. De lo contrario, el “protocolo”, queda centrado a la mínima expresión: agua y cloacas. Lo necesario se concretará bajo supervisión trabajadora ya que los muertos no se contabilizan en el rubro de una memoria anual. Un protocolo, para comenzar, arranca con el hisopado por coronavirus a todo el establecimiento escolar incluido los padres que lo frecuentan regularmente por distintos motivos (trámites, etc.) Incluye esferas en la que el estado es responsable. El transporte de alumnos y de docentes al estar en contacto con muchas personas, el control de la temperatura, etc. La organización social no debe ser un obstáculo para proteger la salud. No se limita al aula iglú. Es abarcador de muchos aspectos a tener en cuenta.

Pedro Pablo Verasaluse

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- Usurpaciones en El Cadillal

Vivo hace muchos años en el Cadillal y la tristeza que tengo es ver cómo depredaron los montes de los alrededores del dique con las usurpaciones sin control qué hay acá y nadie se hace cargo. Ahora a la vera de la autopista viniendo desde la ciudad antes de entrar a la villa están desmontando y usurpando sin control. Ahora me pregunto... ¿Nadie ve esto? Porque si es así, agarro cuatro postes y un rollo de alambre y me agarro un terreno.. ¿O es que hay algún funcionario metido en el asunto? Por favor, hagan algo o denme alguna respuesta.

Norberto Sicardi


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- Monteros

¡Y otra vez sopa de arroz…! Cuando todavía no terminamos de digerir el asado del concejal Aldonate, los monterizos volvemos a estar en boca de todos, por dos casos positivos de covid-19. Pero esta no es la noticia, sino todo lo que la rodea. El caso merece ser aclarado ante la opinión pública de nuestros comprovincianos, que ya nos comienzan a mirar de costado por nuestro reiterado (mal) protagonismo. Dejamos de lado el motivo de la venida de una de estas mujeres, con residencia en el foco nacional de la pandemia, para empatizar con su situación personal, que la mayoría desconocemos. Pero la cadena de irresponsabilidades comienza en el mismo momento de su llegada a la provincia. Tenemos harto entendido que todo el que llega a la terminal tucumana comienza inmediatamente a cumplir el aislamiento preventivo en los lugares habilitados. Si esta mujer vino en un colectivo con pasajeros infectados, ¿por qué la ministra de Salud le permitió venir a Monteros a cumplir el confinamiento, y no se quedó como los demás, en la ciudad capital? Entonces la ministra Chahla es la primera gran irresponsable por esta actitud, sumada a su declaración de que Buenos Aires le manda colectivos sin avisarle. Ahora, si ella la mandó por pedido del intendente local (segundo irresponsable en la cadena), desconocemos el fundamento de esta extraña excepción al protocolo sanitario. Pero nos preguntamos: ¿por qué no cumplió el aislamiento en algunos de los múltiples lugares habilitados en la ciudad? (facultad de Kineosología, gimnasio deportivo municipal o sanatorios locales), mandándola a su domicilio para hacerlo, con el riesgo de que suceda lo que ocurrió. No se puede delegar semejante responsabilidad a los posibles casos positivos, después del enorme costo que implicó esta cuarentena. Ahora, según estas mismas páginas, la mujer llegó el 07/06 y recién el 21/06 se le hizo el hisopado que confirmó su positividad. ¿Por qué se tardó tanto en hacerlo? Y aquí ya tiene la palabra el personal médico del comité de crisis monterizo, que convalidó todos estos errores… ¿O el intendente Serra hace lo que le parece? No queda claro el último grado de culpabilidad: el de las dos mujeres (madre e hija), porque siendo asintomáticas y habiendo cumplido el encierro estipulado (aparentemente) comenzaron a circular con normalidad, pasados los 15 días que establecen las normas. A Dios gracias, por ahora, parece que el virus no se propagó, quedando todavía un segundo hisopado por realizar. Pero este mediático hecho deja al descubierto, junto al famoso asado, la negligencia para actuar de nuestros funcionarios provinciales y municipales, desde los lugares que ocupan. Debemos recordar, por si hiciera falta, el altísimo costo que estamos pagando los ciudadanos, no los dirigentes, con esta cuarentena, y no solamente desde el irreparable daño económico que miles de personas ya sufrieron, sino también desde el plano sanitario e incluso de las dolorosas pérdidas de vidas humanas.

Ricardo A. Rearte


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- Gitanos, el otro holocausto

Cuando se habla de “Holocausto”, en la mayoría de los casos se asocia esta palabra exclusivamente a la exterminación de judíos en los campos de concentración nazis y no de los gitanos. Nunca podré determinar si los motivos son desconocimiento o discriminación. Se está cometiendo el mismo error que cometiera Hitler al considerar a los gitanos como “infrahumanos”. Desde que hace más de mil años los gitanos comenzaran a trasladarse desde el norte de la India hacia Oriente Medio y el continente europeo en busca de prosperidad su situación parece no haber mejorado demasiado. Racismo, miedo, rechazo, odio... el pueblo romaní sufre un estigma que no se ha borrado y que durante el holocausto condujo a la muerte a alrededor de medio millón de ellos. En Alemania, los gitanos se encontraban dentro del grupo de los que, simplemente, no merecían vivir. Junto a ellos, judíos, homosexuales o disidentes políticos. Alegaban que era una característica genética, que los romaníes o gitanos tenían la criminalidad en el ADN y se transmitía de padres a hijos. En 1933 cuando Hitler llegó al poder se profundizó la persecución. En 1934 hubo campañas de esterilización por inyección o castración. De manera muy similar a lo que sucedió con los judíos en la ‘Kristallnacht’ (Noche de los cristales rotos), en junio de 1938 se instauró la ‘Semana de Limpieza Gitana’. A finales de 1940, Hitler mandó matar a todos los romaníes. No eran las únicas presas: judíos y minusválidos psíquicos estaban en la lista. Fusilamientos y matanzas en las furgonetas móviles de gas fue el destino de miles de ellos en el frente oriental. El 1 de agosto de 1944, en Auschwitz, 4.000 gitanos pasaron por la cámara de gas y fueron incinerados en una sola acción. Se llamó, ‘Zigeunermacht’ (la noche de los gitanos). Las tres cuartas partes de los gitanos que residían en Alemania en el año 1933 habían sido asesinados para el año 1945. La canciller alemana Angela Merkel afirmaba que “el genocidio nazi es una advertencia para el presente”. Lo hacía durante la inauguración del primer Memorial en Berlín por las cerca de 500.000 víctimas gitanas del Holocausto. En el Vaticano, el arzobispo Agostino Marchetto, secretario de Consejo Pontificio para los emigrantes, dijo que la persecución de la que son víctimas los gitanos es una suerte de nuevo holocausto.

Luis Eduardo Cervantes

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- ¿Policía en democracia?

Cuando todavía resuenan los vetustos engranajes de los mecanismos institucionales y políticos que se activaron, tendientes a silenciar la trama en que se dio la muerte y desaparición de Luis Espinoza a manos de miembros de la Policía de Tucumán, la muerte de Walter Nadal - también a manos de uniformados - nos golpea como sociedad y como miembros de una democracia. Cuando hablamos de “la trama” en que se dio el asesinato de Espinoza, no lo hacemos sosteniendo que se trató de encubrir el homicidio en sí (hay detenidos y una investigación en marcha), sino que poco y nada se dijo o se profundizó sobre ciertas actividades ilegales (en plena cuarentena por la covid-19) y clandestinas (sin los permisos y controles del Estado) que se realizan en el Interior de la provincia y en las que se moverían millonarias cifras en apuestas, con la complicidad de la propia comunidad, del poder político, del judicial y del policial. Una bala policial mató de un disparo al niño Facundo Ferreira, de 11 años de edad. La versión oficial criminalizó al niño (tiempo después, uno de los policías implicados fue detenido cuando participaba de un robo y la casa de la familia del niño fue baleada y su perro, asesinado), del mismo modo que la primera reacción oficial ante el crimen de Nadal fue informar que el hombre cargaba con un frondoso prontuario. ¿El policía que lo asfixió utilizando la misma técnica que la utilizada por el policía estadounidense que mató a George Floyd, antes de asesinarlo ya sabía lo del prontuario? ¿De ser así, correspondía que lo matara o que lo pusiera a disposición de la Justicia? Demasiadas preguntas sin respuestas para una sociedad partida en dos, en tres y hasta en cuatro partes, cuando de discutir sobre criminalidad, marginalidad, injusticias, privilegios e impunidad se trata, porque no todos los criminales son medidos con la misma vara y no todos los crímenes generan igual impacto en nuestra comunidad. Tanto tienes, tanto eres. De tanto careces, con tanto te condeno, incluso antes de que lo haga la Justicia. Y los de un lado, diremos que la pobreza, la marginalidad, la impunidad observada entre los ricos y la ausencia de la noble igualdad generan violencia. Y los del otro lado dirán que la pobreza no justifica salir a robar o a matar por un celular, como le sucedió a “Valiente” Villegas y a tantos otros valientes e inocentes. Y los buenos policías -que los hay - ¿qué pueden decir y a qué costo? Algunos dirán que nuestra Policía de Tucumán es la borra de la dictadura, mientras otros dicen -ciegamente- que “con los milicos estábamos mejor”, como si todo lo descubierto, lo juzgado y lo aún por juzgar no fuera suficiente para entender y aceptar que hubo un plan sistemático para secuestrar, torturar, asesinar y hacer desaparecer a ciudadanos y ciudadanas desde un terrorismo de Estado que utilizó las armas que debían proteger al pueblo, para someterlo y masacrarlo. A casi cuatro décadas del retorno de la democracia, Tucumán debió soportar levantamientos y autoacuartelamientos policiales; debió aceptar el nunca saber qué pasó con Marita Verón o Paulina Lebbos y tantas otras mujeres violadas o tragadas por la tierra de la impunidad; debió convivir con un Malevo Ferreira y convive aún con un legislador radical y otros bussistas reivindicando el terrorismo de Estado. A casi cuatro décadas del retorno de la democracia, la duda ya no es si esta Policía es la dejada por la dictadura, sino que -tal vez- debiéramos preguntarnos si la democracia verdaderamente llegó a la provincia de Tucumán y, esta es una pregunta que solo puede responder una sociedad comprometida con la cosa pública, con la política y con la dignidad del ser humano, sin importar raza, religión, apellido ni billetera.

Javier Ernesto Guardia Bosñak

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