“Manolo” Árquez y el voley, un solo corazón

Jugador, técnico y dirigente, desde Monteros jamás se aleja del deporte que ama.

03 Jul 2020 Por Mariana Apud
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PASIONES. “Manolo” festeja de rodillas con la Selección tucumana. Arriba, a la derecha: con parte de su familia cuando fue a alentar a su hijo Federico, en la Selección argentina juvenil. Y luciendo la casaca nacional; lo acompañan su hermano Carlos, “Tití” y Adolfo Núñez.

“Las mejores cosas de la vida las viví con el voley”, enfatiza Manuel “Manolo” Árquez desde Monteros, instalado en el bar que tiene y que es casi como un museo. La historia en imágenes que están en las paredes retrata su carrera, sí, pero también una parte grande del voley monterizo, la ciudad que es capital de este deporte en la provincia.

Hay pruebas contundentes para que “Manolo”, a los 64 años, sostenga esa afirmación. “Iba y venía en moto a Jujuy”, contó. A finales de los 70, luego de un efímero paso por Buenos Aires, Árquez volvió y se sumó a Atlético Tucumán. Por una propuesta laboral en el rubro gastronómico el monterizo, durante un año, hizo ese periplo para cumplir, o más que nada, para seguir con la filosofía de vida que mantiene hasta ahora: hacer todo lo que le gusta. “Tenía una Suzuki 150. Venía a jugar los partidos, al día siguiente me iba y me entrenaba solo en Jujuy. Sentí frío, sufrí por el agua… de todo”, contó entre carcajadas sobre los viajes que le tomaban unas tres horas y media.

Árquez rindió culto al deporte de la red alta desde todos los ángulos en los que se puede observar. Fue jugador, técnico, dirigente, sus tres hijos juegan o jugaron al voley y fundó un club. Así, “parejito” como los 120 kilómetros que, contó, levantaba en la ruta con la Suzuki. “Tuve una incursión en el fútbol. Como a los 15 fui arquero de Ñuñorco”, explicó “Manolo”, que fue seducido por los colores celeste y blanco de la Selección Juvenil. Eso terminó de convencerlo: el voley era lo suyo. “Jugaba al básquet también. Tres cosas. Pero cuando empezaron las convocatorias para un Sudamericano en Mendoza tuve que cortar el fútbol y el básquet”, explicó.

La situación le dejó una de las enseñanzas que transmite a sus dirigidos. “Si quieren evolucionar en un deporte deben dedicarse a uno. Llega el momento en que hay que tomar una decisión y hacer el click. A mí me pasó en ese momento”, estableció. Ponerse la camiseta de Argentina fue todo un universo nuevo de sensaciones. “Lo resumo en pocas palabras: en la escuela siempre me molestaba cantar el Himno, pero cuando jugaba para la Selección argentina era un placer cantarlo”, reconoció.

Buscado por las miradas de sus compañeros cuando las cosas estaban complicadas en algún partido, Árquez se sentía más a gusto en la Selección. “Era uno más. Jugaba más suelto porque una selección está conformada con los mejores del país, tenés más facilidades. En cambio, en todos los clubes que jugué, salvo algunas excepciones, había dos o tres que nos poníamos el equipo al hombro”, recordó.


Cambio

Tras ese Sudamericano llegó al país el coreano Young Wan Sohn con la misión encomendada por parte de las autoridades de reinventar el voley argentino. “Manolo” quedó fuera de ese proceso ya que el asiático buscaba un biotipo de jugador por arriba del 1,95. Árquez estaba en 1,85. La altura estaba por encima del juego para Sohn así que, sin siquiera verlo jugar, lo desafectó. “No aceptaba eso: que me haya excluido sin haberme visto jugar. Yo estaba en mi mejor momento. No tenía la altura, pero sí gran alcance y potencia en la red”, explicó.

El monterizo sabía que Sohn estaría presente en el Argentino de Catamarca de 1976 y buscó su mejor forma para llegar a esa competencia, no tanto para cambiar la decisión, pero sí como un desafío personal. “Empecé a entrenarme en exceso, solo. Llegué a ese campeonato en un nivel extraordinario, a tal punto que me eligieron uno de los mejores. Me vio, pero dijo que mi estructura física no era la adecuada para lo que él quería hacer”, detalló. “Con el paso del tiempo le di la razón. El voley en Argentina tiene un antes y un después. La Selección no estaba ni rankeada antes de la llegada de él, pero luego siempre estuvo entre los 10 o 12, hasta hoy”, resaltó. Frustración hubo, no dudó ni lo negó, pero el voley le dio otras satisfacciones. Los 36 años de existencia de Monteros Voley y que ya haya disputado tres Ligas Argentinas es una de ellas. Lo primero que hace “Manolo” es una advertencia cuando se refiere al club. “Todo es generado por Carlos”, estableció. Su hermano mayor, reconoce él, influyó no sólo en lo deportivo, sino en toda su vida. En el mismo rango de importancia para el club pone a Regino Amado, presidente honorario. “Toda la familia acompañó lo que Carlos consideraba: para el volumen de deseo de jugar al voley en Monteros, la ciudad podía tener dos o tres equipos”, explicó la principal motivación por la que empezaron el club. “Era otra época. Cuando uno andaba por la calle, se veía en las veredas una soga atravesada en dos árboles y chicos jugando”, describió “Manolo”, que desde la subcomisión de Monteros Voley deja que el deporte de la red alta siga “invadiendo” su vida.


Logros

1969:
empieza a jugar al voley en Social Monteros.
1972: es campeón, sus compañeros le duplicaban la edad.
1974: lo convocan a la Selección juvenil argentina. Es subcampeón sudamericano en Mendoza.
1975: juega un amistoso con la Selección mayor.
1977: jugó en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.
1999: logra, como técnico de Social Monteros, el título local luego de nueve años.
2000: Social Monteros gana el Regional, el Interregional y el Torneo Nacional de Ascenso que los lleva a la máxima categoría.


Es el primer tucumano que llegó a una selección nacional.
Lo apodaron “La Bestia” por su potente zurda.

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