Volverán al lugar donde mataron a Benjamín Amaya

El viernes se realizará la reconstrucción del hecho en el puente. La Fiscalía y la querella apuntarán a sostener la declaración de una testigo clave. La defensa de Argañaraz marcó dudas.

24 Jun 2020
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VIDEOCONFERENCIA. El abogado Cisneros y Argañaraz, en la audiencia.

Los jueces de la Sala II y los representantes del Ministerio Público Fiscal (MPF), la querella y la defensa técnica se trasladarán el viernes hasta el lugar donde fue asesinado el pequeño Benjamín Amaya, hace 10 meses. Bajo el puente peatonal de la avenida Circunvalación, en El Colmenar, se realizará ese día la reconstrucción del crimen del niño de cuatro años, la última medida de prueba de relevancia que se realizará en el juicio oral contra el imputado Claudio “Cococho” Argañaraz.

El Tribunal, integrado por Gustavo Romagnoli (presidente), Luis Morales Lezica y Eduardo Romero Lascano, confirmó la medida procesal, tras el pedido del fiscal Daniel Marranzino en la audiencia ayer. Según argumentó el funcionario judicial, este procedimiento podría dar “sentido de espacio y de tiempo” al relato de María José Alderetes, quien hasta antes del juicio figuraba como testigo de identidad reservada. “Primero había pensado en una inspección ocular, pero consideré la reconstrucción con base a sus dichos. Será fundamental e importante conocer el lugar y sacar conclusiones en esta causa compleja y difícil”, planteó.

La intención de Marranzino es poder encuadrar las referencias de Alderetes, respecto de dónde había visto a Argañaraz y el sitio del hallazgo, aquel 8 de agosto de 2019, entre otras indeterminaciones. “Me confunde en cuanto al tiempo, al espacio, si el canal Norte es corto o la distancia que hay hasta el puente y los caminos”, explicó.

De acuerdo a los investigadores, el testimonio de la mujer en la instrucción había sido clave para identificar a “Cococho” como posible autor del homicidio. En el momento de comparecer ante los jueces, Alderetes volvió a reconocer al acusado como la persona que había cruzado, alrededor de las 16 y junto con un chico, en la zona del puente, previo al hallazgo del cuerpo. “Venían de frente. El adulto que llevaba al niño era de estatura mediana, con el cabello ondulado y de más de 30 años (de edad). Sus dientes sobresalían o su boca no podía cubrir los dientes; no sé si eran de dientes grandes o por (deformación de) la boca (…) A la criatura no la vi, me enfoqué en el adulto”, declaró en la primera jornada.

La querella y la defensa técnica adhirieron a la propuesta del Ministerio Público Fiscal, antes de la decisión del Tribunal. El viernes, a las 11, también se efectuará una inspección ocular. “Creemos que es el momento conveniente para dar aún más claridad a la declaración de la testigo de identidad reservada. Alderetes fue precisa, aunque yendo al lugar esa declaración adquirirá más seguridad y certidumbre”, expresó el abogado de la familia Amaya, César Barrionuevo.

Pablo Cisneros, representante del imputado, calificó de relevante la realización de la reconstrucción. “Va a ser altamente satisfactoria y arrojará luz sobre algunas cuestiones que han generado dudas”, enfatizó. El letrado había indicado en el inicio del juicio que Benjamín no ha sido reconocido por Alderetes. Además, cuestionó como defensa que la testigo había asegurado que el cruce con las dos personas se había dado a las 16, cuando Milagros Amaya, la madre, había contado que su hijo Benjamín estaba en la casa entre las 16.16 o 16.20, en momentos en que ella salía a una reunión.

Según la imputación, “Cococho”, de 38 años, entre las 15 y 17, engañó y se llevó a la víctima desde el barrio Jesús de Nazaret hasta un antiguo puente utilizado como cruce peatonal, en el canal Norte. Habría aprovechado su parentesco, (era hermano del abuelastro del chico) y afinidad, además de la indefensión del menor, para concretar el hecho. Esto es, recorrió a pie unos 370 metros y tomó a Benjamín, le pasó por el cuello un cable coaxial negro con manchas de pintura de color ladrillo, y lo colgó de un gancho de hierro en el puente. Después, habría simulado buscar al niño junto con el grupo de familiares.


Un adolescente, testigo  

Un adolescente de 15 años declaró como testigo en el juicio por el crimen de Benjamín Amaya, ocurrido el 8 de agosto de 2019. Lo hizo en presencia de su abuela (la reconoce como madre). Así lo determinó el tribunal, que además le remarcó que no declararía bajo juramento de decir la verdad y el riesgo de cometer delito de falso testimonio. El adolescente contó que ese día, entre las 15.30 y las 16, mientras lavaba los platos, había observado desde su casa a dos personas tirando piedras al agua (al canal) y rompiendo botellas de vidrios. “Había un negrito, un poco más alto que yo. El chiquito que estaba era de unos cuatro años y tenía una campera tipo escolar, esas azules. La persona mayor tenía una campera con capucha. Tenía la capucha colocada, por esa razón no vi su cara”, dijo.

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