JOYA. La cancha 1, nombrada en honor a Ángel Guastella, es el gran orgullo de Liceo. “Él fue una persona muy importante para nosotros”, explica Javier Mirande. liceo rugby club tucuman

Cuando lo adverso es inevitable, mejor camino que lamentarse es buscarle la vuelta para sacar algún provecho de la situación. Con esa mentalidad encaró Liceo Rugby Club la pausa obligatoria de la pandemia: como una chance de parar la pelota y pensar la siguiente jugada. “Hablar más de rugby, de planificación estratégica del club, cosas que a veces el día a día no te da tiempo de hacer”, resume Javier Mirande, vicepresidente y uno de los grandes responsables de este vertiginoso proceso de crecimiento ha experimentado el club en sus apenas cinco años de vida. Precisamente, el 9 de junio, Liceo celebró el quinto aniversario desde que naciera oficialmente como club, dispuesto a hacerse cargo de un gran desafío: construir una relación entre el rugby y los habitantes de San Pablo. “La increíble recepción de la gente fue la primera señal de que estábamos en un buen lugar, más allá de la belleza del entorno”, recuerda Javier.
Dado que las sedes están siendo pintadas (una buena forma de aprovechar el parate), la celebración fue con un brindis rápido, pero más que merecido: en apenas cinco años, Liceo ha crecido en forma sostenido y generado un fuerte sentimiento de identidad en su población. “Hemos crecido en infraestructura, pero más importante que eso, es la transformación humana. Chicos de juveniles que se acercan a preguntar en qué pueden ayudar, familias que han conocido la vida de club y hoy colaboran siendo managers, organizando el tercer tiempo o formando parte de la comisión directiva. Por supuesto, también tenemos ambiciones edicilias: tener un gimnasio, un vestuario exclusivo de mujeres, un sistema de riego de la cancha...el desafío es permanente”, resalta Mirande.
Hugo Quintana, otra de las caras más visibles de Liceo, es quien se encarga de un objetivo prioritario: la coordinación de las divisiones infantiles. “Desde el principio, apuntamos ahí, porque sabíamos que son el futuro. El año pasado terminamos con más de 130 chicos, y ya no jugamos en bloques, sino ya como club. Dos o tres camadas han llegado a juveniles, y también hay juveniles que han llegado al plantel superior. Por ahora, la Primera sigue siendo una mezcla entre jugadores que venían del CEC y de otros clubes, pero aspiramos a llegar a tener un equipo compuesto puramente por chicos formados en Liceo”, comenta Quintana.
Mantener el vínculo del club con los chicos no fue fácil durante el alejamiento por la pandemia. “Desde la URT, a través de José Rubino, se nos dieron consignas y actividades para mantener enchufados a los chicos a través de Zoom, algo que es bastante difícil después de tanto tiempo. Al equipo femenino le va muy bien también. Y hemos crecido en infraestructura: este año queremos inaugurar la cancha 3, que será para infantiles”, revela el promotor del Seven “Joaquín Quintana”, una exitosa marca registrada de la casa.
“Queremos agradecer la colaboración de Jorge Rocchia Ferro, un hombre de rugby, que nos ha dado luz verde para todo lo que hemos querido hacer. Somos conscientes de que formamos parte del campus de una universidad, con un proyecto educativo muy ambicioso, del que a nuestra manera formamos parte, sumando cosas para la formación de chicos de la zona”, cierra Mirande







