Cómo impactó el confinamiento en la salud de los chicos

Hay preocupación entre los pediatras porque muchos padres no llevan a sus hijos a las consultas presenciales. No cumplir con el calendario de vacunas nos expone a la reaparición de enfermedades ya controladas.

14 Jun 2020 Por Lucía Lozano
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Imagen ilustrativa

El confinamiento se convirtió en una pesadilla para Daiana Bazán. Su hijo Jeremías se enfermó y, como la mayoría de los consultorios estaban cerrados, tuvo que golpear varias puertas hasta que por fin consiguió un diagnóstico certero y un tratamiento para el pequeño. Estuvo al borde de no poder contar esta historia. Por eso, sus ojos se humedecen cada vez que lo recuerda.

El niño de cuatro años tuvo escarlatina, una enfermedad bacteriana que, si no se trata a tiempo, puede ser muy grave. El retraso en el diagnóstico puso su vida en riesgo, afirma la madre. “Primero me dijeron que era dengue y que me vaya a casa. Jeremías volaba en fiebre; no podía ni caminar. Si lo llevaba al dispensario, me decían que no vuelva más. Los médicos lo miraban de lejos, no lo querían ni tocar. Cuando ya la enfermedad estuvo muy avanzada, en el Hospital de Niños lo internaron seis días. Fue desesperante vivir todo esto en medio de la pandemia”, cuenta Daiana, que tiene su casa en el barrio 2 de Septiembre.

La atención pediátrica entró en una nueva dimensión cuando el Gobierno nacional decretó el aislamiento social y preventivo. En general, fueron muchas las especialidades de la salud que quedaron en stand by. Hubo una drástica disminución de las visitas a guardias, a laboratorios de análisis clínicos, a centros de imágenes médicas y a consultorios, lo cual preocupa a los médicos en forma paralela a la covid-19. Todo eso abordará el seriado de notas, que comienza hoy con la población más sensible, como son los menores.

¿Qué pasó con los niños? Los controles, tan esenciales hasta los dos años de vida, disminuyeron a la mitad. Tal fue el miedo de los papás de llevarlos a un centro de salud en cuarentena que muchos de ellos decidieron posponer el calendario de vacunación, comentó la pediatra Gladys Correa, presidenta de la filial Tucumán, de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Esta institución difundió datos alarmantes del Observatorio de la Deuda Social, de Universidad Católica Argentina (UCA). El 44% de los progenitores admitió que tuvo que postergar la visita de control de al menos uno de sus hijos. Además, dos de cada 10 no lo llevó a vacunar. “Hubo diagnóstico tardío de patologías, que con controles de rutina pueden ser detectadas precozmente. Pareciera que el coronavirus ha invisibilizado al resto de las enfermedades pediátricas y eliminado por completo los motivos de consulta”, afirmaron especialistas de la SAP, alarmados también por la falta del cumplimiento de los esquemas gratuitos y obligatorios de vacunación, sobre todo en el primer año de vida, que es el momento donde se concentra la mayor cantidad de vacunas para prevenir enfermedades muy graves como meningitis, neumonías, tétanos, difteria, coqueluche y sarampión”, especificó el doctor Jorge Cabana.

Los motivos

“No lo llevé por miedo. Además, el pediatra de mi hijo no atendió hasta esta semana -cuenta Mariana de Angelis, mamá de un bebé de ocho meses-. Tenías que tener un permiso especial para circular y había dificultades con el transporte. Como es sano, elegí protegerlo y no sacarlo de la casa. Ahora me pondré al día con controles y vacunas”.

“Muchos consultorios y centros médicos estuvieron cerrados”, admitió Correa. Si bien en los niños sanos los controles pueden ser más flexibles, la pediatría se basa en la prevención y esta se hace mayormente en consultas presenciales. Pero lo más preocupante fue que también faltaron a revisión muchos pequeños que necesitaban un seguimiento de patologías crónicas como diabetes, enfermedad renal, cardiopatías, enfermedades respiratorias u oncológicas, las de origen endocrinológico, inmunodeficiencias, las relacionadas con la salud mental y los males neurológicos, entre muchas otras dolencias.

“En el Hospital de Niños también bajó la concurrencia a la guardia. Una consulta tardía en un menor puede tener serias consecuencias. Lo que preocupa es que en estos días ya comenzaron a aumentar las patologías propias de esta época: bronquiolitis y asma, por ejemplo”, señala el profesional.

“Observamos una tardanza exagerada y muy peligrosa de consultas ante cuadros con síntomas claros; estamos viendo internaciones por complicaciones que podrían haberse evitado con una consulta más precoz, como neumonías con derrame pleural y apendicitis con peritonitis, entre otras”, describió Ángela Nakab, médica miembro de la SAP

Correa contó que, aunque la mayoría de los médicos volvió a atender en estos días, los papás aún tienen miedo. Muchos prefieren hablar por teléfono. “Te dicen: ‘no me gusta llevarlo; tengo temor que se contagie de algo si lo saco’”, señaló. Y aclaró que los consultorios pediátricos están en condiciones de ofrecer una consulta con todas las normas de seguridad, distanciamiento social, higiene y protección personal. Para llevarlos, la recomendación es que usen tapaboca (no barbijo) desde los cinco años. No antes.

Si bien las teleconsultas son útiles, no reemplazan a la atención presencial, en la que se puede realizar un examen clínico y una observación más profunda, sobre todo en el primer año de vida del niño o frente a síntomas que evidencien cuadros importantes. No hay que olvidar que, a diferencia de los adultos, para ellos es más difícil contar qué les duele.

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