Infecciones respiratorias: cuando hallar una bacteria en tu nariz es buena noticia

Una investigación belga muestra la eficacia de un lactobaillus para tratar sinusitis. Aquí hace años se prueban para prevenir esa y otras infecciones.

10 Jun 2020 Por Claudia Nicolini
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OTRO ARSENAL TERAPÉUTICO. Bacterias lácticas pueden ser claves para paliar la resistencia bacteriana, causada por el frecuente mal uso de antibióticos.

Muchas veces la ciencia le debe empujones a la vida privada de los científicos. “Mi madre había intentado muchos tratamientos diferentes, pero ninguno funcionó. Y pensé que era una pena no poder aconsejarle algunas buenas bacterias o probióticos para la nariz”, recuerda la microbióloga Sarah Lebeer, de la Universidad de Amberes, en Bélgica, que en ese entonces estudiaba (como casi todo el mundo) bacterias lácticas intestinales y vaginales, ya conocidamente beneficiosas, informa DPA.

La madre, por su parte, sufría rinosinusitis crónica, y evidentemente Lebeer no se quedó en paz: un equipo dirigido por ella halló una cepa específica de la nariz, un lactobacillus, pariente cercano de la famosa leche bío que formuló en Tucumán hace décadas el Centro de Referencia para Lactobacilos (Cerela), del Conicet. El mismo centro -cuenta orgullosa la bioquímica Susana Álvarez, jefa del Laboratorio de Inmunobiotecnología- en el que hace más de 15 años investigan el efecto de bacterias lácticas en prevención de infecciones respiratorias, especialmente en poblaciones de riesgo (niños, adultos mayores y personas desnutridas o en quimioterapia).

“Durante mucho tiempo se pensó que había órganos estériles. Pero ya sabemos -también hace tiempo- que tenemos microorganismos en todo el cuerpo (es lo que conocemos como microbioma), y que en su mayoría son beneficiosos”, dice Álvarez, a modo de introducción, en esta entrevista de cuarentena, y explica que lo encontrado por el equipo belga es parte del “microbioma nasal, capaz de protegernos de inflamación crónica de los senos o de alergias. Y su primera conclusión -destaca DPA- es que el microbioma nasal de las personas sanas es diferente del de las enfermas.

Como en el sueño del principio, Lebeer y su equipo buscan tratamiento para la sinusitis. En Cerela apuntan a prevenir y a fortalecer defensas. “Es clave, porque muchas veces las infecciones respiratorias requieren antibióticos, con riesgo de generar resistencia microbiana”. resalta.

En Tucumán

“Nuestros estudios apuntan a mejorar el sistema inmunológico, que esté preparado para defenderse de infecciones respiratorias, justamente las de mayor frecuencia en la población susceptible”, resume Álvarez

“Hace años, mientras buscábamos desarrollar un alimento probiótico a partir de leche de cabra, aislamos algunas bacterias, probamos sus propiedades sobre el sistema inmune y encontramos dos lactobacilos muy interesantes. En modelos experimentales (ratón) encontramos que eran eficaces para recuperar su sistema inmune y prevenir infecciones respiratorias causadas por bacterias muy prevalentes: las que causan neumonía, y bronquiolitis en niños”, sigue el entusiasta relato de Álvarez. Los llamaron “Lactobacillus rhamnosus CRL1505” y “Lactobacillus plantarum CRL 1506, y pertenecen a la colección de cepas de Cerela.

“Nosotros, como la doctora Lebeer, estamos convencidos de que las bacterias probióticas son importantes herramientas contra procesos inflamatorios e infecciosos, y trabajamos hace muchos años para disminuir su incidencia y evitar sus complicaciones”, resalta, y cuenta que un becario del laboratorio está desarrollando unas gotas o un spray nasal con los principios activos de una de esas bacterias.

“Acabamos de obtener dos subsidios para continuar nuestras investigaciones, y por suerte contamos con jóvenes doctores e investigadores de Conicet encabezando cada línea de trabajo: Julio Villena está a cargo de prevención de infecciones virales; Susana Salva trabaja en recuperación de inmunidad en pacientes en quimioterapia, y Hortensia Zelaya (del Instituto de Bioquímica Aplicada, la Facultad Bioquímica e la UNT), estudia la inflamación que producen las infecciones, entre ellas, covid-19, que activan la coagulación y eventos trombóticos que pueden llevar a la muerte”, cuenta.

En Bélgica

En el otro hemisferio, para llevar a cabo el estudio, los investigadores codirigidos por Lebeer buscaron bacterias en las narices de 100 personas sanas, y compararon los microbios hallados con los de cientos de pacientes con inflamación crónica nasal y de los senos nasales. De los 30 tipos más comunes de microbios descubrieron -según publicaron en “Cell Reports”- un tipo se destacó: una cepa de lactobacillus era hasta 10 veces más abundante en las narices sanas. Resaltaron también características que le permiten adaptarse al entorno de la nariz.

Los lactobacilos prefieren crecer en ausencia de oxígeno, pero la cepa identificada mostró genes únicos, llamados catalasas, que lo neutralizan. Además están cubiertas por unos tubos flexibles similares a pelos, llamados fimbrias, que les permiten adherirse a las células de la mucosa nasal, lo que indica una interacción entre las bacterias y el huésped.

Lo complicado -resalta DPA- era verificarlo in vivo. “No hay modelos animales realmente buenos -explicó Lebeer-. El microbioma de la nariz de los ratones es muy diferente del humano; además no sufren rinosinusitis crónica y tienen menos alergias”.

Por suerte, la larga historia de uso seguro de lactobacilos permitió probar en 20 voluntarios una especie de “aerosol nasal probiótico”. Todo un desafío, ya que la nariz es muy eficaz filtrando sustancias extrañas, y cualquier sustancia introducida en ella generalmente desaparece en 15 minutos. Sin embargo, después de dos semanas de administrar el aerosol dos veces al día, las bacterias colonizaron la nariz sin efectos adversos.

El siguiente paso es comprender si las fimbrias y la capacidad de soportar oxígeno son clave para las propiedades antiinflamatorias, e identificar qué moléculas antimicrobianas produce la cepa. El objetivo es lograr terapias basadas en probióticos nasales tratar a los pacientes con sinusitis crónica, para la que suele apelarse a antibióticos.

Lebeer está convencida (desde que la paciente era su mamá) de que, cuando no es posible prevenir -como buscan en Cerela-, cepas beneficiosas de bacterias lácticas que carecen de genes de resistencia a los antibióticos sería una solución de menor riesgo.

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