Todo es historia: Estrella Valenzuela de Molina, la estrella concepcionense

Respetada dentro y fuera del court, fue campeona del mundo veterana.

07 Jun 2020
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FELIZ. Hijos, nietos, deporte y triunfos fue la combinación que la vida le presentó a Valenzuela de Molina.

“Una morocha que irradiaba la auténtica simpatía de la mujer tucumana”, es una de las tantas descripciones que pueden encontrarse en las crónicas de LA GACETA sobre Estrella Valenzuela de Molina. La concepcionense le hizo honor a su nombre durante sus 78 años de vida. Tal como una estrella, brillaba cuando empuñaba la raqueta de tenis y también cuando su ámbito no eran el court ni el vestuario. “Mi casa siempre estaba abierta para todos los jugadores, niños o adultos, principiantes o los de trayectoria”, recordó Silvia, una de las dos hijas de la tenista.

Su juego, con un drive potente y veloz como arma principal, deleitaba; su comportamiento la hacía una dama distinguida. “Espero que en cada ocasional oponente dejen una amiga”, era el deseo de Estrella para cada persona que quisiera jugar al tenis competitivo. También anhelaba que algún nieto imitara su carrera deportiva, pero no pasó. Hoy Lourdes, es médica; Guadalupe, abogada; y Lucas, estudiante universitario.

“Llegada la hora del retiro, no extrañen los aplausos. Que en la soledad y en el silencio se encuentren consigo mismas, que es lo que fortalece y ayuda en las horas buenas y en las otras”, aconsejaba Valenzuela de Molina.

A las canchas llegó casi por casualidad, ya que era vecina del Concepción Lawn Tennis y se entretenía durante varias horas viendo cómo jugaban. Su papá, Esteban, fue quien la inició y la guió. El plan para fortalecer el estado físico era simple: levantarse a las 5, correr por la ruta hasta el río, desayunar, y de ahí, a la escuela.

Había uno que otro recurso curioso para que el drive fuera potente y veloz: el puching-ball. Ese ejercicio de boxeo se realiza con una pelota con forma de pera, sostenida por alguna base elástica. La acción a la concepcionense le otorgaba, por los movimientos bruscos, mayor potencia en los envíos y, por el ida y vuelta del elemento, mejoraba sus reflejos. “Su juego podría parecerse al de Justine Henin”, comparó Silvia. La belga, ya retirada, ganó varios Grand Slam, fue número uno del mundo y siempre fue catalogada como un clon de Gabriela Sabatini. En tiempos en el que el tenis (se destacó entre 1999 y 2011) se perfilaba como lo que es hoy, más físico que técnico, el juego que exhibía Henin irrumpió para renovar el aire con un estilo del pasado. “Su drop también era muy bueno: restaba la potencia para colocarse lo más cerca de la red; corriendo siempre toda la cancha”, aportó Silvia otro de los golpes fuertes de su madre.

La carrera de la concepcionense fue larga y en un tiempo en el que el tenis no movía el dineral que se maneja en la actualidad. Silvia recuerda que siempre era escaso lo que Estrella ganaba, no sólo sumando lo que podía obtener de los contratos con los clubes (jugó Interclubes para River y Buenos Aires Lawn Tennis); tampoco con algunos patrocinios alcanzaba. El círculo para seguir compitiendo por el país lo cerraba su marido.

Ganó su primer torneo a los 12 años jugando con una paleta de frontón porque no podía comprar una raqueta y en 1988 jugó su último partido internacional. En 1957 empezó a dominar la región y luego dejó su marca en San Juan y en Mendoza.

Sus máximos logros internacionales llegaron en el nivel de veteranos. Estrella formó parte de los planteles argentinos que en 1977 se consagraron campeones en el Sudamericano y en la Copa del Mundo Young, que se disputó en Malmö, Suecia. “Confieso que nos entró un poco de temor por el estado físico que evidenciaban”, reconoció Estrella con respecto a sus rivales en el torneo europeo. El miedo fue al verlas entrenarse la tarde previa. “De veteranas, tenían nada más que el nombre”, comentó. Pese a no ser favorita, Argentina, que contó con otra tucumana, Margarita Zavalía Bunge, que estaba radicada en Capital Federal, tuvo un rendimiento casi perfecto. Sobre Dinamarca por 3-0, Estados Unidos 2-1 y Alemania 3-0 fueron las victorias en el torneo que organizaba la Asociación Mundial de Tenis de Veteranas.

Fue 1981 el año en que la concepcionense logró lo que más la marcó como jugadora de tenis. “Es el mayor galardón de mi carrera deportiva porque es el primer campeonato mundial de veteranos para el ranking organizado por la Federación Internacional de Tenis”, contaba. Valenzuela de Molina fue la revelación en el torneo que se jugó en el club Sirio, de San Pablo, Brasil, también disputado en versión masculina. En la final, la tucumana derrotó a la estadounidense Nancy Reed por 6-3, 4-6 y 6-4 en un partido muy disputado y con un estadio colmado. “Su personalidad asombraba por respetuosa con sus oponentes, incluso en las injusticias. Su gran fuerza de voluntad también conmovía. Sus triunfos tuvieron una base de fortaleza y su carrera, mucho de pulmón propio”, recordó su hija.

Valenzuela de Molina dedicó su vida a la familia y al tenis, el único deporte que practicó, siempre llevando con orgullo la bandera de Concepción y la de Tucumán, en ese orden, a cada lugar donde competía. La sensación que tiene la familia es que, en esos lugares foráneos, es dónde más reconocieron a la estrella del clan. “Creo que fue más reconocida en Buenos Aires que en su propia ciudad de Concepción”, evaluó Silvia. En 1989, la Municipalidad de “La Perla del Sur” le otorgó una plaqueta en “homenaje a toda una vida al servicio de la comunidad” y nada más. Hubo algún intento de ponerle su nombre a alguna calle de la ciudad, pero el poder político que lo propuso encontró trabas en su propio entorno, así que la iniciativa no prosperó.

¿Por qué se produjo esa particular situación? “Y no sé. Debe ser porque nadie es profeta en su tierra”, sostiene Silvia. Pero siempre hay tiempo para reparar errores.

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